domingo, 22 de enero de 2012

Una historía del canal




Entrevista con Antonio el Andaluz 9 de marzo de 2003[1]

            Progreso Gil Domínguez –Antonio el Andaluz- natural del Valle de Abdalajis, provincia de Málaga, llegó  a Asturias en el año 1956 atraído, como otros muchos, por la abundante oferta de puestos de trabajo generada en torno al proceso de construcción de la empresa pública ENSIDESA.

            Los primeros cinco años de su estancia en nuestra región los pasó en Avilés. Sería en el año 1961 cuando tuvo su primer contacto con Riberas. Se traslado con la empresa en la que trabajaba como ayudante de los topógrafos encargados de hacer las mediciones para el trazado del canal.

            La empresa adjudicataria de estas obras era HUARTE  que subcontrató parte de las mismas a la empresa ENTRECANALES. Las obras se prolongaron hasta el año 1965.

Obra de colocación de tubos para el canal
            Durante el año que  duraron los trabajos de medición seguía yendo y viniendo desde Avilés, pero cuando acabaron estos le propusieron quedarse a trabajar en las obras de construcción. Aceptó la oferta y  decidió fijar su residencia en el pueblo.                                                          
            
           Había barracones destinados al alojamiento de los trabajadores del canal en Riberas  donde ahora está la “Casa de aldea el Texu”, en Peñaullán en el bar el Truchero, y en la Corrada, pero prefería la intimidad de una pensión. Alfonso el del Paraíso le propuso habilitarle una habitación en el local del antiguo bar  y compartir con ellos la comida, a lo que aceptó gustoso.
            Empezó a trabajar a pico y pala en el túnel de los Gallos un lunes de Pascua de 1962, con Evaristo de Peñaullán, Angel de Rufa y Pedro, el zapatero de Soto. La construcción de este túnel se hizo inviable debido a la inconsistencia del terreno y a los continuos derrumbes y tuvieron que optar por variar el trazado. En este tajo estuvo aproximadamente año y medio  y luego se trasladó con Caredo –encargado que vivía en la casa del Campón – al sifón de la Roza y de aquí se fue con otro encargado que vivía en Monterrey, en casa de “Moure” a colocar juntas y hacer patas para los albañiles que hacían los muros de contención. También trabajó, por ochocientas pesetas a la semana, en el túnel de la Ferrería, hasta donde se desplazaba caminando por los montes.


En las "campanas" de Ensidesa

            Entre los muchos compañeros  de Riberas con los que compartió tajo –  que en aquella época eran la mayoría de los que no andaban al carbón- se acuerda de  Roberto y Artemio de Carbajal, Bolilla, Isidro de Carroceiro, Luis el Navarro que se ofreció por él a ser trasladado desde los Gallos a un destino menos apetecible en el Puente Quinzanas donde estaban de encargados Manolo Libú y Milio la Calea ...

       De la obra del canal marchó a trabajar a Avilés, a las campanas de ENSIDESA. Se trasladaba en tren, en el Caballo de Madera, del que recuerda que siempre iba abarrotado de gente y rara vez lograba vencer la pendiente del túnel de Caseras.

            Recuerda con gran cariño el caluroso acogimiento que le dispensaron los jóvenes de la época, Angelín de la Belia, Paulino el de Esperancina, Pilo ..... y tantos otros que le hicieron sentirse como uno más del pueblo lo que sin duda, para un joven que se había ido de  su tierra a ganarse la vida,  dejando atrás familia y amistades, tuvo mucho que ver en su decisión de afincarse en Riberas. En lo de quedarse aquí definitivamente probablemente tuvo mucho que ver  el haber conocido a la hija de la Petra y de Paco ...
El Andaluz, de sombrero, con un grupo de amigos


[1] Antonio el Andaluz  falleció en septiembre de 2010

El Nalón: Salmones, carbón y angula


Vistas del Nalón a su paso por Riberas dede el Miraveche  (Foto Carlos Rodríguez-Navia)

                         

          “Esti ríu tién quitao mucha fame”
                                                                      
            El Nalón, el “río Grande”,  ha sido tradicionalmente una fuente de riqueza para los ribereños. Además de contribuir a la fertilidad de nuestra vega, cuando esta surtía las paneras de patatas, fabas y  maíz principalmente, tres fueron los productos que aportaron un inestimable complemento a las economías de las pequeñas explotaciones campesinas: los salmones, el carbón y la angula.

El Salmón

La riqueza de Pravia, concejo del que formamos parte hasta el año 1836, estuvo vinculada durante siglos a la pesca del Salmón. En el año 1112 los derechos de pesca, hasta entonces propiedad de la corona y usufructuados por lo vecinos, previo pago de una renta al rey, fueron cedidos a perpetuidad a la Iglesia de Oviedo. Ello dió origen a frecuentes conflictos entre la Catedral y el concejo de Pravia, diferencias que se resolvieron en el año 1375 mediante un convenio por el que se repartió la  pesca entre ambos. Este derecho a disfrutar de la mitad de la pesca fue reconocido finalmente por el rey en 1669, expidiéndose la correspondiente ejecutoria a favor del concejo de Pravia. El Ayuntamiento arrendaba cada año (entre el 1 de enero y el 24 de junio) los derechos de pesca a particulares, que debían de entregar la mitad de las capturas. Con el producto de esta rente se financiaban obras públicas y servicios municipales. Achacaba Antonio Juan de  Bances y Valdés, en  1806, en sus crónicas de Pravia el abandono en el que se encontraban  las tierras de labranza en Riberas a la “inclinación demasiada a la pesca de salmones”. Y con anterioridad, a mediados del siglo XVIII, en las respuestas al  interrogatorio del catastro del Marqués de la Ensenada se hace una clara referencia a la importancia que esta actividad tenía en nuestro pueblo: hay veinte y dos barcas sobre el río Nalón y término de este Departamento propio de este Concejo englobaba Soto del Barco, Santianes, Riberas y Pravia-   con aparejos para la pesca de salmones y otros pescados en que se ejercitan los vecinos y labradores de él, en el tiempo que es a propósito para dicha pesca, sin perder por lo regular, de sus labores en el campo, dando a dicho concejo o su Administrador por la propiedad de dicho río, la mitad de los salmones que pescan desde primero de enero hasta el día veinte y cuatro de junio; y son propias una de Dn. Angel Viejo; otra de Joseph, Juan y Martín García y de Adriano Menéndez; otra de Manuel Arias; otra de Juan y Bartolomé Arias y de Juan Sebastián González; otra de Pedro García, Pedro Carvajal, Domingo y Joseph González; otra de Isidro de Llano, otra de Manuel Arias, todos vecinos de la parroquia de Riberas, todas con traína para la pesca de salmones solamente de la que regulan produce y da cada una de las referidas barcas, además de lo que corresponde y percibe dicho  Concejo, trescientos y setenta reales de vellón. En cada un año para los respectivos dueños de barcas y aparejos y cuatro personas que son necesarias en cada una para dicha pesca. Que hay  asimismo una de Juan de Bances, vecino de Riveras que al presente no se usa por no estar aparexada;”

Como curiosidad decir que en este documento también se hace referencia a la existencia en las orillas del río de doce apostales que llamaban boqueros para la pesca de la lamprea.

Además junto con esa pesca legal coexistían toda una serie de actividades ilegales basadas en  artes prohibidas como trasmallos, refuelles  redes salmoneras que atravesaban el río por el sistema de copo, venenos, etc.

La venta del salmón fresco o escabechado  continuó siendo una actividad importante en el concejo hasta bien entrado el siglo XX.

Como todas las cosas cuando abundan no se les da el mérito que luego tienen cuando escasean. Así se dice que los obreros que trabajaban en el “Estratégico”, en la construcción de la línea del ferrocarril de FEVE, ponían como condición que no se les diera en el menú salmón más de una vez a la semana.


            El Carbón[1]
           
            Para la extracción del carbón se necesitaban dos barcas: Una de ellas, la barca de beta, provista de un molinete, se fondeaba junto a la beta, en unos casos usando un fitón y en otros simplemente  una piedra o morrillo. El molinete se usaba a modo de roldana para tirar , con un cable o winche de la piñera, que solía ser rectangular. En la otra barca  era donde se almacenaba el carbón extraído.

Grupo de carboneros en plena faena (foto: hijo de Siso)
A base de piñerar se formaban en el fondo de río unos pozos donde se depositaba, limpio,  el carbón. La barca de beta no se retiraba a la orilla, sino que se dejaba fondeada en estos sitios lo que de todas formas no evitaba que hubiese polémicas.

En el verano, cuando había poco agua  también se sacaba el carbón a base de piñerar arena en los arenales  y metidos en el agua

Una vez llena la barca, que podía llegar a hacer más de tonelada y media, había que llevarlo a los lugares donde los “Tomadores” lo compraban. De estos depósitos había varios a lo largo del río. Aquí en Riberas los había en el Tiñoso, en el  Pical, en la Maramuñiz y en la Imera.  Los tomadores eran los encargados de  pesar  el carbón  en nombre del comprador. Tres eran los principales compradores: Julio Valdés, Enrique Prados y un tal “Llombinos”: Para Julio Valdés estaban de tomadores entre otros, Benjamín Carreño, en el Pical y Marcelo “el Yargo  en el Caid y en el Puente Muros. Para Enrique Prado estaba José el Madreñero.

Faenando, Isacc, Julin de lin ...

El carbón se pesaba y basculaba en las pilas  a paxáos.  Se pesaba  un paxo, que dependiendo de la humedad que conservase el carbón, solía pesar en torno a los 40 kilos, y el peso de este se usaba como fijo para los restantes. Los carboneros subían por el pilón de carbón con el paxo al hombro y el tomador iba apuntando una raya por cada uno. Cuando llegaba a un múltiplo de cinco hacía un aspa. Lo había de varios gruesos y a la hora de venderlo se distinguía entre menudo, medio y grueso. Todo este proceso no estaba, ni mucho menos, a salvo de la picaresca, tanto a la hora de llenar y  rasear los paxos  como a la hora del recuento.

También se vendía carbón, aunque en mucha menor cantidad, a las  vaporas  de San Esteban que andaban al bonito.

Ponernos a enumerar  la lista de los carboneros de Riberas sería muy largo, prácticamente todos los vecinos de Riberas anduvieron al carbón, unos con dedicación exclusiva y otros  como actividad complementaria.
               

La angula[2]

            Es este un recurso cada día más escaso que tuvo su época dorada en años no muy lejanos. Dejamos para un próximo artículo el entrar en detalles sobre el desarrollo de esta actividad y nos limitaremos aquí a narrar una serie de anécdotas vividas y oídas y sobre alguno de los variopintos personajes que se dedicaron a este arte. Desde luego el primero que se me viene a la cabeza es al ya desaparecido Carbajal. De este hombre habría mucho que contar. Fue un hombre, como se dice por aquí, en el argot popular “muy angulero”, de los que se las sabían todas. Para corroborar lo que dije al principio de que la angula tuvo épocas mejores, retomaré algo que decía Carbajal con su peculiar gracia: ¡Angula! Angula habíala antes, cuando yo era chaval. Acuérdome yo, tando un día segando en un prau que teníamos junto al Nalón, que acabóseme el agua del zapico y acerqueme a la orilla del río a llenarlo y ¡nun fui capaz! Que era  todo angula.”   Esto lo contaba “Carba” a modo de explicación de cómo la angula iba a menos.

Manolín de Luz (Foto Elma)
 Otro personaje que a mí me causaba cierta admiración por su valor era  Manolín de Luz. Me causaba admiración porque  siendo ya muy mayor andaba por el río con una barca que ya tenía más remiendos de hojalata que madera. Yo siempre me recuerdo de él achicando agua. Incluso una noche que nos acercamos mi padre y yo al río y no salimos por que había una riada de miedo, sentimos unas maderas crujiendo y relinchando y era Manolín de Luz que tuvo el valor de salir con aquella riada y con aquella cáscara de nuez que tenía por barca. Para mí era cariñosamente “el bucanero”.
           
Me recuerdo otra noche de lunada que estaba yo un poco por encima de la  curva del Pical, del lado de Santianes. Por encima de mi estaba Laureano y enfrente, del lado de Riberas, Susi. Estábamos charlando, haciendo tiempo esperando que empezara a subir la marea, cuando empezamos a oír el ruido de un motor fueraborda  acercándose. Cada vez lo oíamos más cerca hasta que ya vimos quién era. Aunque de Riberas, no era una persona conocedora del río ni mucho menos y lo que no esperaba él era que un poco por encima de donde estábamos era todo pedregal y no  se podía subir hasta que no hubiese un pedazo de marea. Bueno, pues este buen hombre, ignorante de esto, entró abante toda,  pedregal adelante. ¡Imagínense el estruendo de la hélice del fuera borda en los morrillos! Y fue entonces cuando se escucha la voz socarrona de Laureano: “¡ Suso!, ¿ Fulano qué está  retrobateando?!.

Pepe Galán (foto Jesús el de Chilo)
     Otro día, al amanecer, veníamos de regreso para casa y  Jesús ya tenía el bar abierto. A Manuel el del Pinalón se le apeteció hacer una parada antes de subir para casa. Con tan mala suerte que antes de entrar en el bar, no se lo que hizo con el caldero, que tropezó con el y le cayeron todas las angulas en el suelo. (Que dicho sea de paso no eran muchas) El hombre empezó a pañarlas a puñaos. Iban con barro y con lo que pañaba. En esto llegó Luisín el del Caseiro que iba a trabajar y cuando se asomó al caldero de Manuel y vió aquellas angulas tan negras de barro y porquería le dijo al dueño de la angula: ¡¡ ah Manuel!! ¿Esto que son calamares en su tinta?!!

Recuerdo con cierta añoranza aquella época y a toda aquella gente que nos juntábamos por el río. Hubo épocas en que el Nalón tenía una gran actividad nocturna. Plagado de luces de candil de carburo o camping gas o cualquier otro sistema de alumbrado, siempre buscando el más económico. El Nalón de noche recobraba vida. Ahora está en un reposo latente, dispuesto siempre a sacarnos de algún apuro. Creo que le debemos mucho a este río.

Barca en el Pical (Foto Carlos Rodríguez -Navia)
           
                                  
BIBLIOGRAFÍA:
“Pravia, el libro del Concejo” . Ediciones Azucel. 2004
“El Concejo de Pravia en el siglo XVII, datos que aporta el Catastro del Marqués de la Ensenada”. Celsa Carmen García Valdés. Boletín del Instituto de Estudios Asturianos
“Apuntes para la historia de Pravia” José Antonio Martínez González . Solar Ediciones, 2000


[1] Basado principalmente en  charlas con Julín de Lin y  Esperancina Tamargo
[2] Escrito por   Javier Galán Lago en 2003

sábado, 21 de enero de 2012

La escuela, una donación de Marcelino Gonzalez



El jueves 25 de agosto de 1921 se inaugura en Riberas la escuela  unitaria de niños construida, según consta en la lápida conmemorativa que preside su porche, a expensas de Don Marcelino González y García, de cuyo periplo vital nos ocuparemos más detenidamente en un próximo artículo. También colaboró altruistamente en la consecución de la obra Don Gumersindo García, americano, natural de Riberas, que cedió parte de los terrenos. 

Foto de la Revista La Construcción Moderna, 15 de mayo de 1924

El coste de la obra ascendió a 160.000 pesetas[1].   Recordaba  José Ramón Suárez  (Mon de Gerarda),de oírlo a  Celestino Galán que  D. Marcelino González venía a ver las obras,  ya  anciano,( tenía 75 años), muy bien vestido , de oscuro,  del brazo de Don Leoncio Suárez que  fue quien encauzó la idea que tenía Marcelino, de hacer algo por el bien del pueblo,  hacia la construcción de una escuela  y quien administró los dineros”. Coincide este relato, en cuanto a la vestimenta,  con el que hace Juan Gómez y Gz de la Buelga en el libro que dedica a su abuelo:  D. Marcelino acudió con frecuencia a vigilar la construcción. Llegaba con su hija Finita o con Marcelino y Julio, que con sus pocos años viajaban encantados en el Panhard-levasor de su padre, de conducción exterior […].Iba Marcelino vestido con una levita gris y su inevitable corbatín negro bajo el cuello duro, se cubría con un canotier y se ayudaba con un bastón de puño de hueso.”
Croquis extraido del libro de Covadonga Alvaez Quintana
Indianos y Arquitectura en Asturias. Pag. 323
               
 Se encargó la obra al arquitecto Enrique Rodríguez Bustelo[2]. El edificio, de estilo montañés, está formado por dos alas perpendiculares. En una se sitúa la vivienda de dos pisos y buhardilla, con cubierta de faldón quebrado. Con posterioridad, y dando prioridad a criterios utilitaristas sobre los valores estéticos, se le adosó un baño exterior, soportado sobre columnas de hormigón, que restan belleza  y desentonan con la armonía del conjunto originario. El ala longitudinal está ocupada por el aula, de unos ciento cinco metros cuadrados útiles, con grandes ventanales a  ambos lados  que le dan  gran luminosidad y un pórtico lateral sobre columnas. La figura de L de la planta se distorsiona por el pórtico y se aproxima a la U debido al emplazamiento del despacho. De entre todas las escuelas censadas en Asturias de promoción indiana ésta es la única que cuenta con chimeneas de ventilación. Destacan los remates decorativos  formados por pirámides y bolas de piedra sobre los vértices del tejado, el escudo que jalona la fachada de la vivienda, al que le quitaron la corona, y la placa que en el patio  dice así:
Las primas y las bolas
son elementos característicos
del estilo montañes. En  la
escuela de Riberas los vemos
repetidos en el techo y en
el muro perimetral
              ESCUELA DE NIÑOS 
                    EDIFICADA A EXPENSAS  DE
                     D. MARCELINO GONZALEZ Y GARCIA 
                  NACIDO EN RIBERAS (UCEDO) 
                 DONACION QUE HACE A SU PUEBLO NATAL COMO 
                  RECUERDO Y PRUEBA DE AMOR A LA ENSEÑANZA 
                      A LOS 61 AÑOS DE SU EMIGRACION A CUBA
                                               AÑO 1920. 




   
La escuela en construcción: 1 Margallo, 2 Mingón, 3 José la Isla, 4 José Sista, 5y 6 Anton de Carola e hijo, 7 Guardado, 8 Eladio Elisa, 9 El maestro, 10 El marido Soledad de Venacia (Foto cedida por Quique Margallo)

Fotografía de la escuela el día de su inauguración
   
El acto de inauguración estuvo presidido por D. José Manuel Pedregal  (1871-1948), Diputado al Congreso  de 1907 a 1923, hasta que se establece la dictadura de Primo de Rivera. Poco antes del golpe fue durante cuatro meses  Ministro de Hacienda  en el gabinete de crisis formado tras el desastre de Annual en el gobierno de Manuel García Prieto. También presidió la Institución Libre de Enseñanza. 
 El Diario el Noroeste se hacía eco de la noticia con la siguiente crónica:

La labor de un filántropo en pró de la cultura
Acto de entrega de la nueva escuela de Riberas de Pravia
PREPARANDO EL HOMENAJE
  Con motivo de la entrega de la nueva y magnífica escuela de Riberas de Pravia, se celebró ayer en dicho pueblo un simpático y hermoso acto, que si bien entonado dentro del más discreto ambiente de serenidad y sencillez, revistió todo el carácter de un efusivo y conmovedor homenaje al donante del ya referido centro de instrucción  y conocidísimo benefactor asturiano don Marcelino González y García.
  En uno de los pasados números, ya reseñamos a nuestros lectores la labor que el señor González y García ha realizado en favor de su pueblo natal de Riberas de Pravia. Y acaso consecuencia de nuestras palabras, fuera el que al homenaje que a su protector preparaban los vecinos de dicho pueblo, se unieron también numerosos elementos de la región y algunas distinguidas personalidades de la colonia americana que han dado con su asistencia mayor brillantez al acto.
  Para el día de ayer estaba señalada la entrega oficial del nuevo edificio de escuelas construido a expensas de don Marcelino González, y con objeto de tributar el merecido recibimiento, ya desde fechas anteriores los vecinos de Riberas de Pravia habían hecho sus debidos preparativos.
  Tanto en el paso que conduce desde la carretera al edificio de las escuelas, como a la entrada al recinto o patio de estas habían sido levantados dos artísticos arcos de follaje, que ostentaban expresivas dedicatorias, viéndose también todo a lo largo del camino gallardetes con banderolas.
               
            EL RECIBIMIENTO

    Hacia las nueve de la mañana y en numerosos coches que formaban una caravana automovilista salió de nuestra villa el señor González y García, acompañado de uno de sus hijos y de representaciones de diferentes entidades y de numerosos amigos,  entre los que figuraban el ex concejal del Ayuntamiento gijonés don José María Rodríguez, don Alberto Lara, don José Tande, don Luis de Santos y otros señores.
  En el trayecto hasta Riberas de Pravia fue engrosando la referida caravana con coches que conducían a otros comisionados y amigos, entre ellos el diputado a Cortes por el distrito de Avilés y Soto del Barco, don José Manuel Pedregal.
  A su llegada al pueblo de Riberas fue recibida  la comitiva automovilista con el mayor entusiasmo, escuchándose aclamaciones al benefactor de Riberas, entre el estampido de cohetes y los acordes de la banda municipal de Pravia contratada para este acto.
  A ambos lados de la  carretera se hallaban formados los niños de las escuelas, que llevaban banderas. Allí se encontraba también el celoso y virtuosísimo cura párroco de Riberas de Pravia don José María Julián Rubiera, el coadjutor de la  parroquia don José María Rodríguez Fernández, el inspector de primera enseñanza don Macario Iglesias, el maestro de la nueva escuela don Matías Alonso Ortega, y una comisión del Ayuntamiento de Soto del Barco, a cuyo concejo pertenece Riberas, comisión que presidía el alcalde en funciones don Francisco Álvarez, y de la que formaba parte el secretario de dicho Municipio don Jenaro Fernández.
  Además de estos señores habían concurrido al recibimiento muchos maestros de las escuelas de los alrededores, personalidades del pueblo y numeroso público.
  Muy agradecido a los obsequios de que era objeto, el homenajeado saludó a los allí reunidos, trasladándose todos a las escuelas, cuyas dependencias visitaron detenidamente.

Detalle del "faldon quebrado" y escudo (despojado de la corona)
                       EL ACTO DE ENTREGA

    El edificio del nuevo centro de enseñanza, del cual ofrecemos un fotografía a los lectores, es obra del competente y cultísimo arquitecto don Enrique Rodríguez G. Bustelo. Consta de una sala de estudio, un espacioso atrio, otras varias dependencias, entre ellas las que han de servir de habitación al maestro, lavabos y retretes. Todo está montado verdaderamente a la moderna, hasta el punto de que pueda presentarse como modelo de escuela.
  En la sala de estudios, que preside sobre el estrado un severo crucifijo y un artístico retrato de S.M. el Rey, y en la que también aparecía un cuadro del donante del edificio, don Marcelino González y García, y que ha sido costeado por suscripción pública, tuvo lugar el acto de cesión de la nueva escuela al Ayuntamiento de Soto del Barco. Firma el acta de donación como notario autorizado don Alejandro García Álvarez. El edificio está valorado en 150.000 pesetas. También contribuye a este donativo el rico hacendado, vecino de Riberas, y también perteneciente a la colonia americana don Gumersindo García, quien cedió gratuitamente varios terrenos de su propiedad.
  El edificio que es hermosísimo y constituye un verdadero acierto como construcción, ostenta en una lápida la siguiente inscripción:
  “Escuela de niños edificada a expensas de don Marcelino González García, nacido en Riberas (Ucedo), donación que hace a su pueblo natal, como recuerdo y prueba de su amor a la enseñanza, a los 61 años de su emigración a Cuba. Año 1920”

Placa en recuerdo de la donación sobre la actual del CRA Bajo Nalon
                        VISITAS Y BANQUETE

  Concluido el acto de entrega de la nueva escuela, se trasladaron todos los asistentes al depósito de agua del pueblo, que también se debe a la esplendidez de don Marcelino González. De regreso de esta visita, e invitados por el respetable sacerdote y estimado amigo nuestro don José María Julián Rubiera, estuvieron contemplando la antigua iglesia del pueblo.
  Al regreso a la escuela donde se había de verificar el banquete, tuvimos la ocasión de tomar la fotografía que acompaña a esta información.
  Mientras la banda de música ejecutaba variadas composiciones, se fueron sentando a la mesa los invitados del acto.

  Ocupó la presidencia el homenajeado, a quien acompañaban el juez municipal don Baldomero Menéndez, el diputado a Cortes por el distrito a que pertenece Riberas, que como dejamos dicho es don José Manuel Pedregal, el señor cura párroco, el notario, el presidente de la delegación del Centro Asturiano en la Habana, D. José Fernández Castro, el alcalde, el inspector de primera enseñanza, el maestro de la nueva escuela, las personas que habían acompañado a don Marcelino desde Gijón, y los señores don Dionisio y don Eduardo Fernández Castro, que se habían trasladado desde sus posesiones de la Ferrería para asistir al homenaje, don José Arias, de Gijón, don Evaristo Martínez, don Esteban García Castro y otros muchos que sentimos no recordar.
                    
  
Una pequeña placa recuerda al arquitecto Enrique  R. Bustelo
               LOS BRINDIS

  Al concluir el almuerzo en el que reino la más franca y efusiva alegría, el maestro de la nueva escuela dio lectura a unas discretas cuartillas. También fue leída una carta de la maestra de niñas que quiso de este modo tomar parte en el homenaje.
  Después, con palabra frágil y en expresivos y cordiales términos, en los que se fundían la sinceridad y el acierto unió su elogio a los que allí se dedicaban al homenajeado por su obra altruista.
  Se levanta después a hablar el inspector de primera enseñanza, quien aludiendo a las frases de los anteriores oradores, dice que en actos como en el que en  la mañana han presenciado los asistentes se crece y fortalece el ánimo. Elogia las condiciones de la nueva escuela, de la que dice “que hace digno “pendant” con el paisaje magnífico. Dedica calurosas frases de encomio al homenajeado y donante; canta a la cultura y añade que siendo la ayuda y la asistencia a la causa de la enseñanza lo que se propone don Marcelino, a ella debe concurrir el pueblo entero, y él mismo, que para eso se ofrece.
  Tanto este orador como los anteriores fueron muy aplaudidos.

  Finalmente se levanta a hablar el diputado a Cortes don José Manuel Pedregal.

Globo "Dalmau Carles Pla Editores"
  Comienza diciendo que a el sólo le toca recoger las notas que en el local de la escuela se han dado. Realmente don Marcelino González – añade- bien puede estar satisfecho de su obra. Don Marcelino González, que tanto y tan bravamente peleó en las lides de la vida, bien puede estar ahora satisfecho de su obra. A ella debe asociarse de una manera activa  y entusiasta el pueblo.
  Para ello es preciso que todos pongan su fe y su entusiasmo en el trabajo que realicen, ya que ese es el medio de aprovechar este instrumento de educación que se llama escuela, que ahora pone don Marcelino en sus manos.
  Consagremos a este –concluye- un homenaje entusiasta; y ese homenaje será el de aprovechar su labor, mostrándose todos como hombres cultos e intachables.
  Una salva estruendosa acoge las palabras del orador. Seguidamente, el inspector de enseñanza vuelve a  levantarse para proponer que se envíe un telegrama al ministro de Instrucción Pública, dando cuenta del acto. Así se acuerda por aclamación, levantándose el acto y regresando al poco tiempo en sus coches todos los comisionados, representaciones, etc. lo mismo que el homenajeado, a sus respectivos puntos de referencia.

Y así lo describe el cronista de El Comercio[3]:
“ la impresión que recibe, por tanto, el visitante de este lugar no puede ser más grata, pues es difícil encontrar en las ciudades, edificio más bello y mejor acondicionado para templo de la enseñanza infantil.”
Seguidamente pasaba a describir la “modernísima instalación hidráulica de inodoros lavados y fuentes, con todos los servicios relacionados con la limpieza y el aseo de los niños”  Y el agua corriente para estos menesteres, por supuesto que no existía por entonces en Riberas y hubo que ir a captarla de unos manantiales alejados, y realizar la captación y la conducción correspondiente hasta las escuelas, igualmente a costa del  “generoso donante”
En este punto añadir que  según relato del ya mencionado Mon de Gerarda el agua para la escuela se cogió de un manantial que había a la orilla der río Fuentes, debajo de la plazoleta del cementerio, que se llamaba El Pozin. Todavía quedan restos visibles del depósito que unos metros más abajo almacenaba el agua.
Finaliza la crónica del comercio con las palabras del señor Pedregal:
 “y por eso diré que D. Marcelino no busca con este donativo el halago ni la satisfacción de su vanidad, porque don Marcelino, que no ha querido ser nada, que no ha pedido nunca honores, lo que quiere es hacer fácil el camino de la vida a aquellos que han nacido en su pueblo. D. Marcelino González, que ha tropezado con grandes obstáculos en el sendero de su vida, ha querido que en esta escuela encuentren un camino más apropiado en su lucha por la vida los hijos de Riberas

Fotografía extraida del libro de Benito Castrillo Sagredo
En 1926, escribe Benito Castrillo Sagredo, inspector de Primera Enseñanza en Oviedo, el siguiente texto sobre la figura de Marcelino González:: “ [...]La  bellísima escuela de Riberas construida por D. Marcelino González.  Hay hombres representativos a los que trataremos de cuerpo entero, y este es uno de ellos. Nació D. Marcelino en Ucedo, Aviles, de familia humilde, y a los 14 años emigró a Cuba, ejercitándose como dependiente de almacén, donde pasó muchos trabajos y privaciones. Aun hoy a los 90 años se estremece al hablar de aquella época de su vida. Merced a su laboriosidad, se le admitió como dependiente socio de la misma casa. En este ascenso le sorprenden las guerras coloniales e ingresó como voluntario en la 7ª Compañía del 6º Batallón de Cazadores, demostrando su pericia y valor. Con el esfuerzo diario y su tesón para la lucha se redimió económicamente, y desde miembro de la Lonja de la Habana llegó a presidente de la misma entidad. Bajo su Exclusiva dirección se formó el Batallón de voluntarios movilizados para salir a campaña, demostrando una vez más el patriotismo noble y desinteresado que ponía en todos sus actos; desde los cargos de alférez hasta el de teniente coronel, fue desempeñándolos todos con una competencia y diligencia a toda prueba, sin otra recompensa que el deber cumplido. Fue en aquellos momentos de angustia una expiación para los españoles estigmatizados aún hoy por su indiferencia ante la lucha fraticida, y un estímulo para los que daban su sangre por la patria.”
Primeros alumnos de la nueva escuela con el maestro D. Matias

BIBLIOGRAFIA
“Gran Atlas del Principado de Asturias”. Pag. 18  Ediciones Nobel
“Escuelas de Indianos y Emigrantes en Asturias”. Cosme Cuenca, Mª Fernanda Fernández y Jorge Hevia. Ediciones TREA 2003
“Indianos y Arquitectura en Asturias (1870-1930)” Alvarez Quintana, Covadonga. Ed. Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Asturias. Asturias, 1991
“El aporte de los Indianos a la instrucción pública  a la Beneficencia y al progreso en general de España y su historia” hecho en LA PRENSA de Buenos Aires por  Benito Castrillo Sagredo. 1926
“Marcelino González García (Vida de lucha y triunfo de un asturiano en la Habana)”. Juan Gomez y Gz. De la Buelga. 1998

Hemeroteca del diario ABC: "Los fundadores de las escuelas" (02-04-1922) y "Promotores de la enseñanza" (16-06-1929)





[1]  Dato  sacado de Indianos y arquitectura en Asturias, p.262 de  Covadonga Alvarez Quintana. En el artículo publicado en El Noroeste y que aquí se reproduce habla de 150.000 pesetas

[2] Enrique Rodríguez Bustelo (Noreña, 1885- Oviedo, 1984) A este arquitecto dedicaremos una próxima entrada
[3] Estractos de la crónica de El Comercio de 26 de agosto de 1921 recogida en el libro ya mencionado de Juan Gomez y Gz. De la Buelga.