martes, 15 de mayo de 2012

Marcelino González

Retrato de Marcelino González pintado por Nicanor Piñole
 Marcelino González nace en Ucedo el 15 de septiembre de 1846, hijo de Pedro González Carvajal, apodado «Perico el Polaino», natural de Ranón y de Josefa García Arias.  Era el segundo de cinco  hermanos, tres varones, Pedro, Marcelino y Sergio y dos  hembras, Nicolasa  y Feliciana.   A los ocho años perdió a su padre  que murió ahogado cuando trataba de salvar a su hijo Pedro:
El «Polaino»  cruzaba a diario el Nalón con sus vacas para llevarlas a pastar en los prados de la otra orilla, en el pueblo de Los Cabos y lo hacía en una barcaza que atracaba en unas casas llamadas de La Bimera. Aquel día aciago y transcendental en la vida de nuestro protagonista, su padre cruzaba el río acompañado de su hijo Pedro, el hermano mayor de Marcelino, y transportaban un toro, que tuvo la ocurrencia de pegar una patada en las tablas de la barcaza, rompiéndolas y abriendo una vía de agua que la hizo zozobrar, cayendo al agua el toro y cuantos iban con él. El «Polaino» pudo llegar a la otra orilla para comprobar desolado que no estaba en ella su hijo. Y entonces volvió a tirarse al agua y así fue como «afogáronse» los dos, tal como lo cuentan los paisanos que han trasladado en su memoria este episodio trágico hasta nuestros días.”[1]
Con trece  años, en 1859 partió para la Habana, donde empezó trabajando de mozo de almacén, en el establecimiento de mercancías coloniales que regentaba su tío Manuel García Abello, natural de Monterrey y que,  en 1865, pasaría a constituirse como la sociedad  «García Villamíl y Cía  
Foto del Libro MGG
En 1868 se alista en el  «6º Batallón de Cazadores de la Habana », acuartelado en la fortaleza de La Cabaña,  atendiendo a la llamada del gobierno de la metrópoli,  para hacer frente a la insurrección conocida como «el grito de Yara» y que dio lugar a la guerra de los diez años  que finalizó en 1876 con la paz de Zanjon. Como reconocimiento a sus servicios en el ejercito le fueron concedidas  varias condecoraciones.

Finalizada la guerra, Marcelino entra a formar parte de la sociedad de su tío que pasa a llamarse «García Abelló y González», iniciando así  lo que sería una exitosa carrera empresarial basada en el trabajo, el ahorro y la austeridad.
“Algunas mañanas el abuelo solía tomar el tranvía para ir a Gijón, y en vez de tomarlo e El Cañaveral, que era la parada más próxima a su casa, lo hacía en la guía, unos 2 kms. más allá, para ahorrarse a lo mejor 5 céntimos. Y cuando alguien se lo echaba en cara, contestaba que el céntimo es la base del millón.”[2]
En 1874, a la muerte de su tío, pasa a regentar, junto con otro empleado, Ricardo Carreño García, la sociedad «M. González y Carreño S.L »  y traslada su sede del Almacén de Baratillo, 1,  al Palacio del Conde de Santovenia, donde también fija su residencia.

Foto del Libro MGG
 Y es a partir de entonces cuando, al sentirse firmemente instalado, comienza a llamar a su lado a su familia de Riberas, empezando por su hermano Sergio, que vivía de la labranza y al que en un primer momento acompañan su esposa e hijos.
“Cuando Sergio recibió la carta de Marcelino, estaba trabajando en la labranza en su pueblo de Riberas y estaba casado y con hijos. No se lo pensó, y embarco enseguida para Cuba con su mujer y sus hijos. [Uno de esos hijos, que había nacido en 1870, era Encarnación, que al cabo de unos pocos años se volvería a Riberas, (....). Encarnación se casó en el pueblo con Angel Fernadez Corujedo…].  A su mujer Elvira García Abello (la sobrina del fundador del Almacén) no le sentaba bien el clima de la Isla, y siempre estaba suspirando por su tierra lejana.  A pesar de ello aún tuvieron en Cuba varios hijos más hasta reunir un total de ocho. Sus familiares contaron más tarde que Elvira al fin regresó a España con  una hija de diciocho años que estaba  tuberculosa y se murió al poco tiempo de llegar. Elvira también lo hizo  en 1905, y ambas están enterradas en el cementerio de Riberas.”[3]     
Y  siguiendo por sus cuñados Victorino García, carretero de profesión, casado con su hermana Feliciana, y Benigno Suárez, marido de Nicolasa, que comienza trabajando de cobrador para el Almacén.
“[…]Andaba por el campo a caballo. Alguna vez vino a España enviado por D. Marcelino para hacer compras al por mayor, como salmones salados del Nalón. Como era muy peligroso en Cuba andar con dinero por el campo, se agenció un salvoconducto de  un bandido al que llamaban «El rey de los campos de Cuba » […]”
Panteón familiar de D. Sergio González, hermano de Marcelino, en el cementerio
de Riberas. En el se hallan enterradas su mujer Elvira (1905) y su hija María (1903)
El 29 de abril de 1887 se casa con Dª Rosalía de la Buelga Puig. De este matrimonio nacerán siete hijos: seis niñas, Mª Josefa, Zoila, Ana Mª, Rosalía, Evangelina y Serafina,  y un niño, Pedro Pablo.  En 1893 traslada su residencia a la Avenida del Pardo que era por entonces el lugar de residencia de las familias más acomodadas y distinguidas  de la Habana. En 1896, al dar a luz a Serafina,  por complicaciones del parto, muere Dª Rosalía.
En 1895 comienza la guerra de la independencia de Cuba. D. Marcelino, con 49 años, se incorpora de nuevo, con el rango de Capitán, al cuerpo de voluntarios formando parte de la Plana Mayor del «2º Batallón de Cazadores ». En 1897 es nombrado Presidente de la Lonja de Víveres, nombramiento que seguramente estaría relacionado con el hecho de ser el propietario del Almacén más importante de la Habana.
“Su Majestad el Rey (que Dios Guarde) y en su nombre, la Reina Regente del Reino, de conformidad con lo  propuesto por el Gobernador General de Cuba, significado que V.E., ha tenido a bien conceder la Cruz de la orden al Mérito Naval con distintivo blanco libre de gastos a Don Marcelino González y García, Presidente de la Lonja de Víveres, por los extraordinarios servicios que ha llevado a cabo por la causa de España.”
(Decreto de concesión de fecha de agosto de 1897)


Rosalía De La Buelga Puig
Foto del Libro MGG

Eulalia Alvarez Prieto
Foto: Dorita  la del Barbero
Por esas mismas fechas, y ante el previsible desenlace de la guerra decide trasladar a sus hijos a España bajo la tutela de la que sería su segunda esposa Dª Eulalia Alvarez Prieto, hija de un maestro de Cornellana y natural de Luerces, a la que  había conocido como maestra en casa de su hermana Nicolasa.  Tras un complicado viaje a bordo del barco de bandera francesa «La Fayette», y tras pasar por una obligada cuarentena en Puerto Rico, para evitar traer a la metrópoli el contagio de las muchas enfermedades que se estaban padeciendo en la colonia, llegaron a Gijón. Instalados sus hijos bajo la tutela de Dª Eulalia y al amparo de la cercana familia de Riberas,  él regresa a la Habana, donde es nombrado Teniente Coronel de la « 5ª Brigada de Defensa de la Ciudad».  
El panorama que se encuentra Marcelino de regreso en Cuba no es nada halagüeño: El 15 de febrero de 1898 el  acorazado «Maine», que llevaba fondeado en el puerto de la Habana desde el mes de enero, sufre una explosión de origen desconocido. Los americanos  atribuyeron la explosión a los españoles y declararon la guerra a España e inmediatamente comenzaron el bloqueo de la isla. En el mes de agosto se firma un protocolo de paz en Washington y  el 1 de octubre en París, España renuncia a la soberanía sobre la Isla.   Finalmente el 1 de enero de 1899 se arriaba definitivamente la bandera española de la fortaleza del Morro. 

Foto de Famila de Marcelino González
Foto: La Nenita
 Marcelino González no esperó a este último desenlace. En noviembre de 1898  solicita el permiso a sus superiores para regresar a España y así lo hace.  En ese mismo mes se casa con Dª Eulalia Álvarez en la iglesia de San Lorenzo de Gijón. Fruto de este matrimonio nacerían otros dos hijos, Marcelino y Julio.
Asentado en Gijón, donde fija su residencia, comienza una nueva etapa en el periplo vital de  Marcelino González,  marcado por la atención a su familia y por los continuos viajes a Cuba, para seguir personalmente la marcha de sus negocios,  al frente de los cuales había dejado, como apoderado,  a su hermano Sergio. Éste se había casado, tras enviudar en 1905,  en segundas nupcias, con una vecina de Riberas, Concepción García Mayllo. En estos viajes se dedicó también D. Marcelino a la compra de varios inmuebles.
                En esta época son frecuentes  las visitas a Riberas, donde, además de la familia, tenía varias propiedades.
El panhard-Levasoor en el que viajaba D. Marcelino. Foto del Libro MGG
“En aquellos primeros años del siglo XX, D. Marcelino y su mujer se dedicaron a echar raíces materiales en Asturias, la tierra que les había visto nacer y en la que se disponían a vivir desde entonces otra vez. Ambos acudían con frecuencia a Riberas, donde seguía viviendo su hermana Nicolasa con Benigno su marido, también regresado de Cuba, y que estaba enfermo del corazón, lo que le impedía vivir en la casa de Monterrey en la que habían nacido sus hijos, porque para acceder a ella era preciso subir una fuerte pendiente. Esto le llevó al matrimonio a construirse una casa en la carretera, que discurre al mismo nivel del río, en la parte baja del pueblo. Y en esa casa moriría D. Benigno, con su corazón agotado en 1906, siendo todavía un hombre joven. [4]      
D. Marcelino había estado en Riberas en 1888, donde promovió un expediente de posesión de los bienes heredados de sus padres, que hasta entonces carecían de titulación alguna. Se trataba de propiedades rústicas todas, como tierras, prados, carbayedos, pinos y monte  en los términos de Riberas, Arenas y Faedo, y otras en la vega del propio pueblo, algunas de las cuales estaban sometidas aún a pensiones de viejos foros. De otra, sin  embargo, le pertenecía el dominio directo y estaba aforada a un sobrino lejano, que le pagaba un canon anual. Aunque esto no significaba gran cosa para la economía del indiano, la tierruca le seguía tirando y era el pretexto que alegaba para poder visitar Riberas de cuando en cuando. Cuentan que venía desde Gijón en coche de caballos, haciendo una parada en el Alto del Praviano, en una venta donde le cambiaban el tiro mientras reposaba en un sillón de mimbre al tiempo que se refrescaba con zarzaparrilla o quizá merendaba una buena taza de chocolate con bizcocho y más tarde bebía un vaso de agua fresca con su correspondiente azucarillo”.[5]
En Gijón, adquiere varias casas en la calle Langreo y solares en la de Covadonga y  en 1901 unos  terrenos  en el Llano que después urbanizaría dando a las calles el nombre de todos sus hijos[6], operación en la que tuvo gran participación su sobrino D. Leoncio Suárez.  D. Leoncio estaba casado con Marcela, hija de Dª Nicolasa,  hermana de Marcelino y de D. Benigno Suárez.
“Mi padre Leoncio Suárez era también de Riberas, hijo de una aldeana de buena posición y persona muy religiosa, que se empeño en que a los doce años entrara  en el Seminario y se hiciera cura. Pero él, un día que estaba sembrando patatas, se encaró con ella y le dijo: Tengo que hablar con usted, madre. No quiero ser cura, porque los curas no se casan y yo quiero casarme ―.  Entonces le mandaron a Cuba con su tío segundo que tenía una bodega en Guanajuay, y allí estuvo moliendo café hasta que ahorró lo suficiente para marchar a la Habana.” [7]

En el Club Gijones de la Habana, en 1909,  familia de Marcelino González.
De pie, a la derecha sus sobrinos Marcela y Leoncio Suarez 
Foto del Libro MGG
Y completaba la información diciendo  su padre fue un hombre muy trabajador y que se llevaba muy bien con su tío político D. Marcelino González.  Y así fue en verdad. Leoncio no quiso depender de nadie, y trabajó mucho por su cuenta como tenedor de libros en Gijón, a donde llegó  de regreso de Cuba, a instancias de Marcela, su mujer, que echaba mucho de menos su pueblo natal y su familia de Riberas. Era hombre emprendedor, y fue el que urbanizó el polígono de El Llano para D. Marcelino en Gijón. Más tarde, cuando la guerra civil, y debido a sus ideas republicanas, tuvo que salir de España volviendo a Cuba, donde se dedicó a comprar solares, construirlos y venderlos. Lo último que hizo fueron unas casas en el reparto de La Víbora, que le fueron incautadas por la revolución castrista, antes de tan siquiera ponerlas a la venta.
En 1903 Marcelino González compra una finca con chalet en el barrio residencial de Somió, a la que llamaría «El Templete» en alusión al monumento de la Plaza de Armas de la Habana. En 1908 abre casa en Madrid, en el barrio de Salamanca, introduciendo así a su familia en lo más selecto del ambiente madrileño, ambiente en el que se encontraba muy cómoda Dª Eulalia, muy preocupada por casar bien a su hijas.
“Parece que fue entonces  cuando D. Marcelino se adelantó para buscar colegio para sus hijas Evangelina y Serafina, las dos pequeñas, en la capital de España y les reservó plaza en un centro de la por entonces naciente «Institución Libre de Enseñanza».  Y al enterarse Dª Eulalia tomó una determinación que mostró ante todos la firmeza de su carácter, olvidando por una vez sus innegables dotes de habilidosa diplomática. Se plantó ante su marido, y le convenció de lo nefasto que era el paso que había dado sin contar con ella. Y el resultado fue que las niñas entraban poco tiempo después en le Colegio de Monjas de la Asunción.”[8]
  
En 1909 se casa su hija Zoila en Gijón con el teniente de Ingenieros Juan Gómez Jiménez,  que, destinado en Melilla, aprovecha una licencia para celebrar la boda y a continuación se incorpora  a la guerra de África, siendo condecorado por su comportamiento en Ait-Aixa y  en el Barranco del Lobo.  En 1912 lo hace su primogénita Mª Josefa, en Covadonga, con Pedro Rodríguez. Y en 1914 Evangelina con Enrique Monereo  y  Ana María con Felipe Salcedo en Madrid  y Rosalía con Romualdo Alvargonzález  en Gijón.

Ese mismo año de 1914 fallece en Riberas su hermana Nicolasa en  trágicas circunstancias:
“Estando operada en Oviedo su sobrina Encarnación, la hija de su hermano Srgio, mi abuela estuvo acompañándola en el sanatorio. Y un día de fiesta de septiembre se vino para Riberas acompañada del médico que había operado a Encarnación, y que se llamaba D. Celestino y que había estado enamorado en tiempos de una hija de Dña. Nicolasa que se llamaba América. También vinieron dos ayudantes, y estuvieron pasando el día con la familia. Trataron que se volviera con ellos una hija de la enferma operada, para sustituir a la abuela, pero no lo consiguieron. Entonces Nicolasa se dispuso a volver otra vez, y se subió en el coche de caballos en el que habían venido desde la estación de ferrocarril de Pravia. Detrás de ella se instalaron también el médico y los dos ayudantes, pero de repente los caballos salieron corriendo sin conductor, Nicolasa se asustó y abriendo la portezuela del coche, se tiró a la carretera junto al punto que llamaban el Rosico, donde el río pasa muy pegado, y se hizo mucho daño. D. Celestino se rompió unas costillas y el ayudante una muñeca.”[9]
Su nieta recordaba verla llegar a casa toda ensangrentada. Cuenta que los caballos continuaron su carrera sin ocupantes y con las portezuelas abiertas, terminando por llegar tranquilamente a sus cuadras de Pravia. La pobre señora no fue capaz de superar aquel «shock», y al cabo de un año fallecía en su casa de Monterrey, en el propio Riberas.”
Entre tanto el negocio  de Marcelino González sigue expansionándose y  se fue produciendo el inevitable relevo generacional, siendo los  descendientes de las ramas de sus hermanas Nicolasa y  Feliciana los que pasan a tomar las riendas. Concretamente el nuevo hombre fuerte de la compañía será Florentino Suárez, hijo de Benigno y de Nicolasa que entrará como socio en la  compañía que a partir de 1915 pasará a llamarse «González y Suarez S.en C. ». Mientras que los descendientes de la rama de su hermano Sergio se establecerán por su cuenta.
Logotipo del almacen una vez que entró como socio Florentino Suarez
Foto del Libro MGG
En los últimos años de su vida Marcelino, sin dejar de atender sus negocios, (hasta el años 1924 siguió viajando  a Cuba), y de incrementar su hacienda con la compra de propiedades
“En 1922 lo hizo e Riberas, quedándose con una casa situada en la carretera de Pravia y conocida con el nombre de El Parador ”
se dedicó a promover una serie de proyectos  culturales  y filantrópicos : apoyo a la enseñanza laica a través de la  fundación de la Escuela Neutra de Gijón[10] [11]a la que no solamente aporta capital sino también pone a su disposición los locales donde se impartirán las clases. También colabora económicamente con la financiación del periódico gijonés “El Noroeste”, colaboración a la que accedió a petición de Melquiades Álvarez, con quién mantenía una buena amistad.  Marcelino González fue el presidente del Consejo de Administración del periódico durante varios años y uno de los valedores principales  del que fue su director Antonio L.  Oliveros. Este en su obra “Asturias en el Resurgimiento Español” se refiere así a la colaboración prestada por Marcelino González en los preparativos  del complot ideado contra la dictadura de Primo  de Rivera, entre otros  por Melquiades Álvarez y el General  Weyler, a cuyas ordenes había estado Marcelino en Cuba ―,  para  la noche de San Juan de 1926 :



Leyendo el Noroeste
  
Portada del 14 de abril de 1931 del periódico que colaboró a financiar
  y que  presidió. A Marcelino le hubiese gustado llegar a  leerla
 “[…]el entonces presidente del Consejo de Administración de  El Noroeste, Marcelino González, se suscribió con una importante cantidad. Este singular ciudadano dijo a Melquiades Álvarez, siendo yo único testigo, al solicitar éste de él que contribuyese para los gastos del complot: Daré lo que usted me pida, pues no quisiera morirme sin ver implantada la República.”[12]
Como obra filantrópica destaca la donación de las escuelas de Riberas, obra a la que ya hemos dedicado un artículo anterior.
En 1918 se afilia a la logia Masónica Jovellanos en la que sigue figurando, por lo menos hasta 1926,  apareciendo con el hiramita de simbólico «Nalón»[13].
En 1922, el día que cumplía los 23 años, moría en el collado de Tizzi-Alma, en el Rif, su hijo Marcelino, Teniente de Artillería.
“[…] a su llegada a Gijón le hicieron un gran recibimiento todas las autoridades y representaciones de Gijón, más las de Oviedo y Soto del Barco, con su alcalde D. Emilio F. Corujedo a la cabeza y numerosísimas personas que acompañaron al cadáver en un ataúd de ébano, cubierto de coronas. La carroza fúnebre, que iba tirada por seis caballos con palafreneros, se dirigió a la Iglesia de San Lorenzo, acompañada por la comitiva fúnebre, donde se celebraron los funerales.”[14]
Marcelino González pasa los últimos años  en su finca del «Templete», en Gijón, acompañado de su esposa  Eulalia, de sus hijos y de sus muchos nietos.  Muere el 29 de septiembre de 1927.
Nuestro hombre continuó todo aquel año haciendo la misma vida que venía haciendo en los últimos tiempos, hasta que un día aciago, cuando terminaba el verano de 1927, contrajo un enfriamiento de esos que generalmente no tienen consecuencias graves, porque se pasan, pero aquél precisamente se aposentó en un organismo ya con pocas defensas, y desembocó en pulmonía. Un mal que por entonces solía matar en una semana a personas jóvenes y fuertes, cuando más a un anciano de ochenta y un años. Y eso pasó. Murió en su casa de «El Templete» de Somió, rodeado de su mujer, los hijos que por allí andaban de veraneo, y sus fieles servidores, sin que nada pudieran hacer ni el doctor Cid, ni ninguno de los doctores a quienes se acudió en urgencia.[15]
                Fue enterrado en el cementerio de Ceares, en el Panteón que años antes se había hecho construir

    
   Así se hacía eco del fallecimiento el  Sol de Pravia en su nº 1 de 10 de octubre de 1927
               
 En el año 1964, a modo de homenaje, se le pone su nombre a una calle en su pueblo natal.

Dorita el Barbero con descendientes de Marcelino Gonzalez  que acudieron
al acto de colocación de la Placa . Foto: Dorita

Placa que da nombre a la calle
Avenida de Marcelino González



Cuadros del libro MGG



[1]Marcelino González García (Vida de lucha y triunfo de un asturiano en la Habana)”. Juan Gómez Y Gz. de la Buelga. Imprenta Pelayo. Gijón. 1998. 
Del relato de este libro están sacadas la mayor parte de la información y de las fotografías de este artículo.(Nos referimos a él como MGG)
[2] Id.
[3] Id.
[4] Id. Entrevista con Ángel García Suarez y Regina González Suarez  en Riberas (2-9-1988)
[5] Id. Entrevista con Pedro Pablo Alvargonzález González, nieto de Marcelino de visita en Riberas el 12-9-1988
[6] Para más información sobre estas calles  consultar el documento    Las Calles de Gijón
[7] Id. nota 1 . Entrevista con América Suarez Suárez, hija de Marcelina y nieta de Nicolasa el 20-9-1988
[8] Id. nota 1
[9] Id. Entrevista con América Suárez Suárez en Riberas el 20-09-1988.
[10]  Artículo de LNE “Marcelino González, constructor del Gijón liberal” de Francisco Prendes Quirós. Septiembre de  2011
[12]Asturias en el Resurgimiento Español” Antonio L.Oliveros. Biblioteca Histórica Asturiana. Silverio Cañada Editor. 1989 (pag. 216)
[14] Id. nota 1 . Los datos del entierro están sacados del diario el comercio de Gijón del 10 de noviembre de 1922 (nota del autor del libro M.G.G.)
[15] Id. nota 1

5 comentarios:

  1. MUY BUENAS LAS FOTOS ANTIGUAS DE LOS EQUIPOS DE FUTBOL.
    SE SALEN!

    ResponderEliminar
  2. Es de justicia recordar a todos aquellos que abandonaron sus tierras y familias en busca de una vida mejor y que pasando penalidades y sudores, nunca dejan de pensar en los que dejan tras de si, siempre con el afan de favorecerles y de que disfruten de sus exitos, nunca estan suficientemente reconocidos. El reportaje es fantastico y aclara muchas cosas que solo se saben de oidas.

    ResponderEliminar
  3. "Cuando Sergio recibió la carta de Marcelino, estaba trabajando en la labranza en su pueblo de Riberas y estaba casado y con hijos. No se lo pensó, y embarco enseguida para Cuba con su mujer y sus hijos. [Uno de esos hijos, que había nacido en 1870, era Encarnación, que al cabo de unos pocos años se volvería a Riberas, (....). Encarnación se casó en el pueblo con Angel Fernadez Corujedo…]. A su mujer Elvira García Abello (la sobrina del fundador del Almacén) no le sentaba bien el clima de la Isla"

    Hay un pequeño error. La esposa de Sergio González era Elvira García Fernández-Corugedo, hija de Indalecio García Abello y de Nicolasa Fernández-Corugedo. Efectivamente era sobrina del fundador del Almacén. Pero curiosamente era sobrina también de José Fernández-Corugedo, que también tenía negocios en La Habana, y que a su regreso a Riberas, dejó aquellos negocios a los hermanos de Elvira: Luis, Emilio y Alfonso, todos ellos naturales de Riberas.
    Pues bien, Luis García Corugedo fue todo un personaje. Alcalde de La Habana entre 1891 y 1893, fue uno de los acusados por el juez instructor americano del Hundimiento del Maine como uno de los tres empresarios españoles instigadores (Corugedo, Maribona y Villasuso).

    ResponderEliminar
  4. Hoy he estado viendo ese genial cuadro de Piñole en casa de su nieto Enrique que tiene ya 94 años.

    ResponderEliminar