martes, 12 de marzo de 2013

Amada la Molinera


Corrían los años 50 cuando Amada bajó de Uxiles para hacerse cargo del molín de Tras la Cuesta. El molino, uno de los dos que había en el cauce del río Cuñeiro, Coruxeo o Retuerto, era propiedad de Manuela- María Luisa Gutierrez, hija de Dª Concha[1].Antes de Amada lo habían regentado,  primero José Sixta y, después  Claudina con su marido José y sus hijos Ana Mari y José Manuel. 
Un espeso bardayu cubre las ruinas de lo que fue su casa en  Uxiles, en una  ladera frente a la Cueva del Soldao  Recordaba de  Uxiles  las peripecias de sus excursiones caminando  a Oviedo, con un burro  con las parigüelas cargadas  de piñas y brea que, en la capital,  canjeaba  por azúcar, chocolate y ropas para los hijos.
Ahora, con  97 años, sentada en una silla de ruedas y con una acuciante sordera, ya nos es imposible escuchar de primera voz estas historias. Son su hija Mari y su nieta Mónica, que tantas veces se las escucharon, las que nos las relatan, mientras ella, que fue hasta hace bien poco tiempo tan alegre y dicharachera, sigue nuestra conversación en silencio,  absorta en su mundo.
De Uxiles bajó con tres hijos, Luis Faustino,  Azucena y Manolo y aquí tendría a la cuarta, María Gloria.  Eran años de posguerra, años duros, y aunque la renta del molino no era elevada y la propietaria era comprensiva con la situación  y se conformaba con pagos en especie,  en fabas, patatas o harina, el rendimiento del negocio no daba para mantener  tantas bocas. La renta  familiar se completaba con una o dos vacas, un poco de huerta y sobre todo con el oficio al que Amada, como tantos otros españoles de posguerra, se veía abocada: el estraperlo. Con el carro y el burro  transportaba víveres  sobre todo entre Riberas,  Pravia y  la Arena. En más de una ocasión tuvo que dejar  parte de las mercancías a su  paso por el fielato.  Recordaba la vez que Luis, un vigilante de arbitrios,  le quitó las fabas y como tuvo ocasión, con el paso de los años, de darse el gusto de echárselo en cara, una vez que se lo encontró en Gijón.
La ronda de la Guardia Civil tenía parada fija en el Molín. Convenía llevarse bien con la autoridad y nunca faltaba el café de manga y la copa de guinda. Contaba como anécdota la vez que un superior pilló infraganti a la pareja  de la benemérita dando buena cuenta de la guinda.
El molino tenía clientes de todos los pueblos de la redonda: Brígida de los Valles que bajaba con el burro cargado de maíz y siempre les traía una hogaza de pan; María de  Raznera, también bajaba con el burro.  Aprovechaba los jueves para bajarlo cargado con el maíz y luego subir los recados que compraba en el marcado semanal de Pravia. María, como la benemérita, también sabía apreciar la guinda de Amada; Leonor y Tomás de Ponte; los del Pinto de la Corrada, José de la Tejera, Burano de la Imera. De Riberas eran muchos los clientes habituales Josefa del Campón, Pulido, Pepe el de Lala, Los de Diamar, Alsina…
El molino de arriba, el de Doña Soledad, que atendía una criada que se llamaba Balbina,  no le hacía mucha competencia porque, según decía Amada, era mucho más caro. En los molinos lo normal no era cobrar en dinero sino maquilar. Aunque la medida de la maquila[2] estaba estandarizada y había un cajón de madera que recibía ese nombre, en el molín de Amada  la cantidad que se maquilaba era mas discrecional y con una lata retiraba de la molienda lo que le parecía.
                                               Bendígote saco
tres maquilas te saco
bendígote otra vez
y te saco otras tres

A inicios de los 70, Amada se hizo con la propiedad del molino. Como dijimos más arriba el molino era propiedad de Manuela, hija de doña Concha de Ucedo. Lo había comprado el padre de ésta,  que vivía en la Pina y al que llamaban «el Pinin».


En el Molín también eran frecuentes las partidas de cartas. Con la música de fondo de un radiocasete en el que sonaban  los últimos éxitos de Manolo Escobar o de la Pastorina,   alzándose  sobre  la monotonía del ruido que producía, en su  giro, la muela y del estruendo  de la caída del agua sobre el rodezno,  Amada pasaba largas tardes jugando a la brisca, al tute, al chinchón o a lo que se pusiese por delante.  Antonio de la Bernadal, Pepe Galán, Telvina, los andaluces ..., fueron algunos de los habituales compañeros de partida.

Germán el de Chilin fue el encargado durante años de picar la muela. Germán había aprendido este oficio de niño en el molino que sus padres tenían en el Truebano. También se encargaba de picar los molinos  de Dª Soledad y el de la Roza. Aunque existía un martillo especial para realizar esta labor, Germán se las apañaba con un martillo de cabruñar y un punzón.  En los últimos tiempos se encargaría de esta labor Suso el Andaluz,  que había estado trabajando en Los Molinos en Soto.

El molino estuvo en funcionamiento hasta finales  de los años ochenta.   Hoy lo único que queda de él es la cavidad donde giraba el rodezno,  una  muela que adorna el jardín, junto a la casa,   y Amada,  la última molinera. Y si agudizamos el oído, y nos dejamos llevar por la imaginación, el chorro de la fuente la Xana, haciéndose eco de la fuente Uxiles,  nos recitará los mil y un romances que la Molinera cantaba: 




La ley de la capadura[3]

Por toda España se sienten
desafíos y rumores,
porque capan las muyeres
en vez de capar los homes.

Pues así hacen señores
y cierto que no está mal
acordaron nel Congreso
que esto sea general.

El mundo ta alreves
ye necesario arreglalo
a lo que nun ye capar a uno
son más de veinte a explotalo.

Ya dicen los concejales
con voces muy resonantes
si se capan las muyeres
habrá menos habitantes

Cierto día don Bartolo
a su esposa le decía
la ley de la capadura
buena falta nos hacía.

En seis años, siete nenos
esto ye un sacrificio,
si nun te capan Lola
mi casa será un hospicio

Mayores de catorce años
ya menores de cincuenta
hoy se capan más muyeres
que de flores tien Valencia.

No hay que apurarse por nada
no tengan pena señores
las mujeres decapadas
 pueden hacer favores.

Las que sean buenas mozas
ya obedientes a sus padres
esas no las caparan
las dejan para madres.

Las que son tan vanidosas
y gastan tanta pintura
aunque lloren nun se libran
de curar la capadura.

Para capar las muyeres
ye necesario un doctor
que tenga los dedos muy grandes
ya sea un buen capador.

Pa capar las muyeres
buen tiempo ye preciso.
En octubre nun puede ser
que ye un mes muy enfermizo.

Llevan buena capa en Mayo
si hay buena temperatura
que en marzo pican las moscas
ya enferma la capadura.

También debían capar
a los curas y a los frailes
ya cortarles la minina
a estilo Buenos aires.




De lo que aconteció a
Marino el Monte  cuando
subía a cortejar a Vademora:[4]

En esti pueblo señores
el que quiera buen pescado
que suba la calle arriba
y pase a la casa el cabo.

(Y contestaba Pilar del Trabe
de Valdemora que comerciaba con pescado):

El que quiera buena leña
y astillas de carbayo
que suba por el Begoño
y valla a casa Macario.

Madre quiero casame[5]

Madre quiero casame
que me pica el chiribí.
Si te pica arráscalo
que también me pica a mí.



Ahora ya no hay quien planche[6]

Ahora ya no hay quien planche
que murió la planchadora
en mi casa plancha Mari
que plancha más a la moda.


Los aldeanos[7]

Marchaban cuatro aldeanos
todos los cuatro de madreñas
en Santuyanu pidieron
fabes, tucín y murciellas.

Que me dijo Melchor
que tan vaina yes tu como yo
ya yo como tú, ya somos dos.

Las fabas nun taban buenas,
morciella no había ninguna,
el tocín taba en el gochu
¡Válgame Dios que fartura!

Que me dijo Melchor
que tan vaina yes tu como yo
ya yo como tú, ya somos dos.


El Páxaro[8]

En el puebliquin de Laviana
na una escamplera que había
había una pita con pitos
piquiñinos, como gorriones serían.
Ya taba la pita entretenida
bajo un ferriu ya pañoilos toos
menos uno, probitin,
que quedó en la agonía.
Pasa la tía Rosalía pa misa
gárralo ya mételo en che
tocan pa misa y todos pa dientro.
Comienza el cura a predicar
ya el pito a piar.
“Todo el que traiga páxaro
fuera de la sacristía”
Fueron saliendo, saliendo,
quedó la iglesia vacía.
Rezando el rosario quedaba una vieya
ochenta años tendría.
Dijoy el cura: “ tía Rosalía
¿usted tien páxaro?
Sí señor tengo páxaro
pero el mío ya nun pía.


El puente de Peñaullan[9]

El puente de Peñaullán
por debaxo pasa el agua
por encima paso yo
cuando voy a misa a Pravia.




La molinera [10]

La molinera trae corales
el molinero corbatín
¿de donde sale tanto lujo
si no sale del molín?

A la puerta del molino
hay un gato con calzones
mirando la molinera
como allega los tizones.



 


[1] Concepción González Carreño
[2] Maquila: Medida que hace la sexta parte de un galipu, la doceava de un copín, la cuadragésima octava de un celemín, la nonagésima sexta de una faniega asturiana, usada en los molinos harineros para cobrar la molienda. Pieza de madera empleada para maquilar. (Fuente: Diccionario General de la Lengua Asturiana. Xosé Luis García Arias. Ed. Prensa Asturiana. Oviedo 2004)
[3] [4] y [5] Grabación realizada a Amada en Tras la Cuesta  el 11 de Mayo de 2007.
[6] [7] [8] [9] y [10]Romances grabados por Tomás, el nieto de Gloria la de la Bernadal, en abril de 2012

viernes, 22 de febrero de 2013

Rebuscando en la hemeroteca (IV)

Al paso de los reyes.

En   agosto de 1913  el rey Alfonso XIII  acompañado de su esposa la reina Victoria Eugenia, en el transcurso de una visita a  Asturias, hace una escapada para visitar San Esteban de Pravia y de regreso  pasa por Riberas. Así lo recoge la prensa:

«El Pueblo Astur» 15 de agosto de 1913

[…] cerca de Riberas, unos aldeanos conduciendo una vacada, hicieron detenerse el auto del Rey que tuvo que atravesar poco a poco por entre las vacas. Cuando pasó junto los aldeanos uno de ellos dijo el voz alta:

¡Mi alma, como se parez al Rey!

El rey se sonrió y le saludo militarmente entre la estupefacción de aquellos buenos labradores que al encontrarles nosotros nos contaron lo que les había sucedido con el joven Monarca.


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Fiesta en el club de tenis.

«La Prensa»,  30 de Julio de 1924

RIBERAS DE PRAVIA
De Sociedad

El próximo sábado, día 8 de agosto  tendrá lugar a las diez de la noche una gran verbena organizada por un grupo de animosos jóvenes que constituyen la Sociedad  tennis Club Riberas de Pravia, los cuales se proponen inaugurar su hermoso campo dando una gran fiesta en honor de las familias que veranean en el pueblo, habiendo invitado también a numerosas y distinguidas familias de la provincia.
La fiesta será amenizada por una notable orquesta de «jazz-band», organillos, etc.
Dado el entusiasmo que existe, se cree que la fiesta resulte un éxito para la Comisión organizadora.


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Una fiesta de Comunión

«La Prensa», 14 de septiembre de 1927

RIBERAS DE PRAVIA
Fiesta distinguida

Días atrás, con  motivo de haber recibido por  primera vez  la Comunión las monísimas niñas Marina y Regina, y su hermano Ángel, su mamá, la virtuosa y distinguida señora doña Marina Suárez, viuda de García, celebró en los jardines de su casa una espléndida fiesta de sociedad que resultó animadísima.
Entre los invitados vimos, aparte de una nutrida concurrencia de gente menuda, a los señores de Suárez (don Feliciano, don Clemente y don José), de Sanz, de Labra, de Díaz, de Rodríguez, de Balbuena, de Corujedo y viuda de Arango.
A las señoritas Sagrario Martínez, Aurora Suárez, Sara y Herminia Corrales, Nena Arango, Luisa Rivas, Isabel Corujedo, Adela Ruiz, Oliva y María Menéndez, y Maruja Acebal.
A los señores don Leoncio y don Feliciano Suárez, don Leonardo Ruiz, don Rafael María de Labra, don Luís Sanz, don Jesús Rodríguez, don Gumersindo González, don cayo Balbuena,  don Lucio Carcía, don Emilio Corujedo, don Enrique Suárez, y don Emilio Corujedo (hijo).
Acaso hayamos caído en alguna omisión, lo que sentimos mucho.
Fue una fiesta cordialísima que ha de recordarse gratamente.

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Incendio de un hórreo

«El Pueblo Astur» y «el Noroeste» no se ponen de acuerdo a la hora de informar sobre las desgraciadas consecuencias de esta  noticia:

«El Pueblo Astur», 18 de abril de 1915

Desde Avilés
ACCIDENTE DESGRACIADO
MUERTE DE UNA NIÑA
(De nuestro corresponsal)

En Riveras de Pravia, pueblecillo del partido judicial de Soto del barco, ocurrió un desgraciado accidente sin que hasta la fecha nos podamos explicar como sucedió.
Lo que si está comprobado es que en uno de los hórreos vecino a una de las casas de aquél pueblecillo, se declaró un violento incendio que en pocos instantes lo redujo a pavesas, encontrándose dentro del hórreo en el fatal momento del incendio la niña de corta edad llamada Maria Núñez, que fue presa de las llamas a pesar de los esfuerzos que los padres y vecinos hicieron por salvar a la desgraciada criatura.
Como aún el hecho no está suficientemente aclarado, nos abstenemos de añadir cosa alguna por nuestra parte, limitándonos solo a hacer público, que el Jugado de Avilés instruye el correspondiente sumario.

«El Noroeste» 19 de abril de 1915

Un incendio en Riberas.-Anciana carbonizada.- Se encontraron algunos restos del cadáver.- Ordenes del juzgado

Por telegrama del juez municipal de Soto del Barco, dirigido a su superior jerárquico de Avilés, se tuvo anteayer noticia de un suceso doloroso acaecido en Riberas, de aquél termino municipal.

Anteanoche declarose un violento incendio en un hórreo que habitaba Dª Casimira Muñiz Menéndez, de 80 años de edad.

El fuego se inició con tal rapidez que por mas esfuerzos realizados por los vecinos para sofocarlo, resultaron estériles sus propósitos; fue todo instantáneo que la pobre anciana que allí yacía no tuvo tiempo de salir de entre las llamas que la devoraban.

Después que el edificio fue hecho cenizas fueron hallados pequeños restos de aquella infeliz mujer carbonizada.

La desgracia causó en todo el vecindario una impresión dolorísima.

Se cree que el incendio haya sido casual, pues no hay motivos para sospechar en un acto de criminalidad.

El juez de instrucción del partido, telegrafió anteayer mismo a su delegado de Soto, para que practique las primeras diligencias, y proceda al enterramiento del cadáver, practicando antes la autopsia, si fuese posible.

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Una familia mal avenida

«La Prensa»,  16 de junio de 1932

EN RIBERAS DE PRAVIA

Se le ocupa una bomba que trataba de lanzar contra su padre
(de nuestro corresponsal en Avilés)

Ayer por la mañana circuló por esta población la  noticia de que había pasado a disposición del Juzgado de instrucción, en calidad de detenido, un sujeto al que se le ocupara una bomba de dinamita.

Procurándonos la consiguiente información hemos logrado averiguar lo siguiente:

El vecino de Riberas (Soto del Barco), Perfecto Vega Feito, viudo denunció ante la Guardia civil del puesto de S. del Barco, que su hijo Ángel Vega Álvarez, de 18 años, soltero, jornalero y natural y vecino de dicha parroquia de Riberas, había  proferido amenazas de muerte contra él, anunciándole que con tal propósito, cuando estuviese dormido, le colocaría una bomba de dinamita debajo del lecho.

La expresada fuerza se personó inmediatamente en la repetida parroquia, deteniendo al Ángel y ocupándole una bomba que guardaba en un mueble del domicilio en que habitaba, seguramente de su padre, conduciéndole ayer por la  mañana hasta el Juzgado de instrucción y de éste a la Cárcel del partido, siendo depositada la bomba con las debidas precauciones en el edificio que estuvo destinado a prisión preventiva,  en la calle Ruiz Gómez.

Por disposición del Juzgado, por la tarde, los Peritos don Basilio Sánchez Naves y don José Luís Ruiz Valle, reconocieron y destruyeron detenidamente la repetida bomba que estaba formada por una cacerola de aluminio, conteniendo como cartucho y medio de dinamita, un fulminante, mecha, piedras, aisladores para cable eléctrico, un candado y otros efectos.

Conversando con Ángel Vega, nos negó el propósito que le atribuye su padre, manifestándonos además que es muy aficionado  a lecturas de física y que al confeccionar la bomba no le movió otro deseo que la curiosidad de ver los efectos en  lugar solitario.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Melquiades Álvarez: un homenaje a Marcelino González



En sendos artículos anteriores nos ocupamos de la figura de  Marcelino González  y de la escuela construida a sus expensas en Riberas.  Vamos a  recordar ahora el homenaje popular  que  el domingo 20 de agosto de 1922, al año siguiente de la inauguración de la obra, le brindó el Ayuntamiento de Soto del Barco.

El acto se dividió en dos partes: Por un lado,  una recepción oficial celebrada en el Salón de Actos del Ayuntamiento  y por otro, un banquete que se celebró en Riberas, en el edificio de la escuela.
Melquiades Álvarez, 1923
Retrato pintado por Nicanor Piñole
Congreso de los Diputados
De entre las muchas personalidades que acudieron al banquete destaca la figura de Melquiades Álvarez.  El fundador del Partido Reformista en 1912, conocido por sus brillantes dotes para la oratoria como «el Tribuno», se encontraba entre los amigos de  don Marcelino González.  Precisamente en 1922 un miembro del Partido Reformista, que había estado en el acto de inauguración de la escuela, Manuel Pedregal, llegaría a ocupar por primera vez y por poco tiempo, un cargo en el  gobierno de Manuel García Prieto, el de Ministro de Hacienda, y nueve  meses después de la celebración de este acto de homenaje en Riberas, en abril de 1923, Melquiades Álvarez sería nombrado Presidente del Congreso de los Diputados, cargo que ocupará hasta el 23 de septiembre, fecha del golpe de estado de Miguel Primo de Rivera.  
El acto de homenaje  fue recogido por la prensa regional y así tanto El Noroeste como La Prensa le dedican dos amplios artículos publicados el 22 de agosto. Trascribimos a continuación el artículo de El Noroeste:

«EL HOMENAJE POPULAR A DON MARCELINO GONZALEZ»
Un discurso de Melquiades Álvarez

Dos palabras
El acto del domingo en Soto del Barco tiene una trascendencia social que no escapará al claro y recto juicio de ningún lector. Se trata del homenaje de gratitud de un pueblo a un hijo suyo que ha llegado a ser ilustre por los nobles caminos del trabajo y la constancia. No somos nosotros, que estamos unidos don Marcelino  González por hondos y arraigados afectos, quienes hemos de ponderar sus méritos puesto que estos son conocidos de todos  y todos coincidimos en proclamarlos.  Pero  es nuestro deber hacer resaltar la importancia que en sí tiene el homenaje popular del domingo, porque el cariño no debe estorbar, como no debe estorbar la pasión, para hacer justicia pública a quien lo merece.
Por sí sólo el acto  habla bien elocuentemente, mucho mejor que las palabras, de cuanto hemos consignado. La dignidad de los pueblos está en relación con la pureza con que manifiestan sus sentimientos. Y si es así, el Ayuntamiento de Soto del Barco y el pueblo de Riberas se han comportado dignamente al honrar a un filántropo que, mimado por la fortuna y el éxito, no se ha olvidado del pueblo natal para realizar una gran obra de educación a favor de sus paisanos.
Fue el acto que comentamos profundamente emocionante. Tan emocionante  como es la gratitud de un pueblo para el hijo ilustre que lo honra y lo favorece con largueza. El sentimiento popular, sencillo y grandioso, surgía del corazón del pueblo, espontáneo y cordial. Era admirable aquella sinceridad fraterna que hacía perder al acto toda rigidez solemne. Don Marcelino González, que sentiría el domingo la mayor satisfacción de su vida, puede estar satisfecho de la sinceridad del homenaje, aunque a él, hombre modesto, le basta la satisfacción de ver como por sus mercedes se han elevado en Riberas unas escuelas donde se redimirá a un pueblo de la ignorancia y la incultura.
El Noroeste 22 de agoto de 1922
Un  22  de  agosto,  pero  de  1936,  sería
asesinado en la cárcel modelo de Madrid
a los 72 años Melquiades Álvarez
El NOROESTE se asocia respetuosamente al homenaje donde estuvo representado.
La excursión
De diversos pueblos de la provincia acudieron al homenaje a don Marcelino González numerosos amigos, utilizando automóviles que llegaron a Soto del Barco a medio día, de Gijón salieron también varios coches conduciendo a distinguidas familias invitadas al acto por el Ayuntamiento de Soto del Barco.
El ilustre político don Melquiades Álvarez, que quiso asociarse al homenaje a su gran amigo don Marcelino González llegó a Riberas en automóvil a la una de la tarde, acompañado de nuestro distinguido amigo el jefe local del partido Reformista don Alberto Lera[1].

Los periodistas hicimos la hermosa excursión en un magnífico coche puesto galantemente a nuestra disposición y en la grata compañía del excelente amigo, ex concejal del Ayuntamiento gijonés, don José María Rodríguez, y de los señores don José Tenas y don Luis de Santos que extremaron con nosotros las mas exquisitas atenciones.
El viaje, a través de los bellos lugares que hay que  recorrer hasta Soto del Barco, fue sencillamente agradable. Llegamos a Soto del Barco a las doce, precisamente cuando el pueblo entero, a las puertas de la Casa Consistorial, recibía entre ovaciones a Don Marcelino González, que llegó en automóvil  acompañado de sus hijos doña Rosalía y don Julio y de su hijo político don Romualdo Alvargonzález.

Presidiendo las comisiones que de los distintos pueblos del concejo recibieron al filántropo, estaba el Ayuntamiento de Soto del Barco, en Corporación, presidido por el cuito y popular alcalde don Emilio Fernández Corujedo.

La recepción oficial

 En el salón de actos del Ayuntamiento tuvo lugar seguidamente la recepción oficial, que resultó brillantísima. D. Marcelino González tomó asiento en el sillón de la alcaldía, sentándose a su lado el alcalde y los concejales de Soto del Barco, juez municipal don  Baldomero Menéndez; suplente, don Julio Valdés García; fiscal municipal don Victoriano Huerta, médicos titulares don Ramón López Miranda y don Alfredo Carreño García, ex alcalde don Antonio Fernández, señores don José María Rodríguez, don Luis Santos, don José Tenas, don Gumersindo y don Serafín González Menéndez, don José Fernández de Castro, secretario del Ayuntamiento don Jenaro Fernández de Castro y muchísimas persona más cuyos nombres sentimos no recordar.

Marcelino González en una de sus últimas fotos
Fuente: Marcelino González García (Vida de lucha y triunfo de un asturiano en la Habana)”. 
El alcalde señor Fernández Corujedo pronunció un discurso ofreciendo el homenaje al ilustre hijo de Riberas don Marcelino González y significando la importancia de los beneficios hechos al pueblo en general por aquel a quien homenajeaba.  Aludió a la obra pública de regeneración social que se realiza intensificando la enseñanza y terminó diciendo que Soto del Barco no olvidará jamás cuanto debe a don Marcelino, proponiendo y siendo aceptado por aclamación que su nombre figure en el salón de actos del Ayuntamiento para ejemplo de todos  y agradecimiento del pueblo.
Don Marcelino González, visiblemente emocionado, dio las gracias modestamente, añadiendo que cree haber cumplido sencillamente con su deber dotando al pueblo de Riberas de unas escuelas que dirijan  a la juventud a un esfuerzo de cultura y trabajo.
Habló después brevemente, con la cordialidad que le caracteriza, el ex concejal del Ayuntamiento de Gijón José María Rodríguez, que con acertadas frases aludió a la obra realizada por don Marcelino González a favor de su pueblo natal y justificó el homenaje popular realizado por el ayuntamiento de Soto del Barco.
Terminado el acto oficial, don Marcelino González, autoridades, comisiones oficiales e invitados se trasladaron en automóviles a Riberas donde se celebraría el banquete.

La escuela en 1924
Fuente: La Construcción Modera (Revista quincenal
ilustrada de arquitectura, ingenieria e higiene urbana)
Madrid 15 de mayo de 1924 Año XXII nº 9
Recibimiento en Riberas

 El pueblo en masa esperaba a la entrada del pueblo a los excursionistas. Al descender del coche el filántropo, estalló una ovación estruendosa dándose vivas al  benefactor de Riberas. Los niños de las escuelas, con sus maestros a la cabeza, portando gallardetes, aplaudían también a su noble protector. La Banda de música de Pravia, que inteligentemente dirige José Barrera, tocó un airoso pasodoble.
En aquellos momentos llegó don Melquiades Álvarez, que fue objeto de un recibimiento cariñosísimo.
Rápidamente se organizó la comitiva, dirigiéndose a los edificios de las escuelas donde se había de celebrar el banquete. Iba primero la Banda de música, siguiendo los niños y después don Marcelino González, con don Melquiades Álvarez, el alcalde y otras personas, precedidos de  numerosísimo público.
A la entrada del pueblo había un artístico arco de follaje con la siguiente inscripción: «Riberas a don Marcelino González ».  A la entrada del jardín del edificio escolar rezaba otro arco:« Los niños de Riberas a su protector».
En las galerías de las Escuelas esperaban el Maestro don Matías Alonso, el párroco de Riberas don José María Rubiera y el coadjutor don José  Rodríguez.
Aquí se repitieron las ovaciones y las demostraciones de afecto a don Marcelino González.

 El Banquete

 A las dos de la tarde tuvo lugar en el amplio salón del edificio escolar, habilitado al efecto, el banquete con que obsequiaba a don Marcelino González el Ayuntamiento de Soto del Barco.
Tomaron asiento en la mesa presidencial el homenajeado, que tenía a su derecha a los señores don Melquiades Álvarez, alcalde don Emilio Fernández Corujedo y cura párroco don José María Julián, y a  su izquierda e juez suplente Julio Valdés y fiscal Victoriano Huerta.

En otras mesas tomaban asiento:
Señoras y señoritas: América Suárez, Juanita Sánchez, Rosalía González, Marina Menéndez González, Marcelina Suárez González, Josefina Suárez González, Juanita Marcos y Josefina Gutiérrez.
Señores: don Román Díaz Blanco, don Alfonso Díaz Pulido, don Leonardo Ruiz García, don Antonio Fernández García, don José María Rodríguez, don Ramón López Miranda, don Alfredo Carizo García, don Valentín Benavente, don Nazario Meros, don Policarpo de Castro, don Agustín  Arias,  don Alfonso Goñi Fierro Ordoñez, don Constantino Suarez Suárez , don Eduardo González Cueto, don  Manuel Fernández González, don Ricardo Carreño García, don Evaristo Martínez Fernández, don Antonio Merediz, don José  García Álvarez, don Romualdo Alvargonzález, don Julio González, don Baldomero Fernández, don Tiburcio Fernández, don Narciso Alonso, don Nicolás Suárez, don José Arias, don Serafín González García, don Manuel Sánchez Carbajal, don José Ruiz Alonso, don Benigno Sánchez Carbajal y don Faustino González Carbajal.
Asistieron también don Agustín Arias,  por «La Prensa », de Gijón y don José Díaz Fernández y don Dionisio Moran Cifuentes, por  «EL NOROESTE»,  estando representados otros periódicos regionales.
Publicidad de los almacenes La Sirena
coprorpiedad de Leoncio Suárez
La comida transcurrió animadamente siendo un testimonio elocuentísimo, por el número y la calidad de los invitados, de la popularidad de que goza en Asturias don Marcelino González.
Los propietarios de los importantes almacenes « La Sirena», señores Arias y Suárez, que se  hallaban presentes, regalaron a los comensales artísticos encendedores, obsequio de la Casa.

 Los  discursos

 El alcalde don Emilio Fernández Corujedo, hace en nombre del Ayuntamiento el ofrecimiento del banquete a don Marcelino González y le rinde un tributo de admiración en nombre del pueblo.
Enumera los merecimientos del homenajeado y tiene sentidas frases de gratitud para quien beneficia incesantemente a su pueblo a natal.
Termina diciendo que hallándose presente el gran orador don Melquiades Álvarez, cree que no debe hablar más.
(Grandes aplausos)

 El cura párroco
 El cura párroco de Riberas don  José María Julián, a ruegos de los comensales, pronuncia breves frases para significar la justicia del homenaje a don Marcelino González, en aniversario de la inauguración de las escuelas de Riberas.
Añade que ninguna obra más noble que la de dirigir la educación de los pueblos con obras como la que se solemniza.
Es muy aplaudido.
 D. Marcelino González
 Cuando se levanta el homenajeado se oye una gran ovación.  Don Marcelino está emocionadísimo ante las pruebas de afecto que recibe.
Declina en breves palabras el homenaje y repite que solo ha pretendido cumplir con un  deber de buen ciudadano y buen hijo de su pueblo.
Aludiendo a la enseñanza en Riberas ruega a los padres a que no olviden su deber de enviar a sus hijos a las Escuelas y recuerda a este punto lo que se hace en Estados Unidos con motivo de la enseñanza obligatoria, llegándose incluso a castigar a aquellos padres que abandonan su deber de procurar la enseñanza de sus hijos.
Termina dando las gracias a todos por los actos en su honor, que cree no merecer.
Los aplausos, después que se sienta don Marcelino, duran largo rato, oyéndose vivas al benefactor de Riberas.
 El maestro
 Don  Matías Alonso Ortega, director de las Escuelas, da las gracias en breves palabras en nombre de los niños,  por el justo homenaje que se rinde a don Marcelino González.


D. Melquiades Álvarez
 Habla después el insigne jefe del Partido Reformista, que al levantarse oye una ovación que dura varios instantes. Su breve discurso fue una pieza maravillosa de elocuencia que sentimos no poder transcribir íntegra.

«Vamos a poner término ―comienza diciendo ― a este acto con unas breves palabras. Ha hecho bien el Ayuntamiento  de Soto del barco y el pueblo de Riberas en rendir este homenaje de afecto y gratitud a mi amigo don Marcelino González. Este acto, con ha dicho muy bien el alcalde, es de gratitud y justicia. Pocos hombres hay que lo merezcan tanto como don Marcelino.
La vida de don Marcelino es un hermoso ejemplo de amor y fe en el trabajo, porque al trabajo consagró desde niño abandonado los placeres de esta libertad casi salvaje. Por el trabajo logró hacer fortuna esplendida y ahora la pone al servicio de las buenas causas.
Alude al carácter de don Marcelino y dice que hay en el una nota extraordinariamente simpática. El espíritu se refleja en los cambios y  evoluciones de la vida ordinaria que cambian el carácter casi totalmente. Los hombres que de niños ha sufrido estrecheces, por lo general, cuando la fortuna les lisonja, olvidan afectos, entusiasmos e ideas antiguas. Don Marcelino es todo lo contrario. Le conozco mejor que nadie ―dice. Como hijo de sus obras recuerda sus orígenes humildes y rinde culto a los amigos de otro tiempo, subsistiendo en su espíritu incluso aquellas ideas de época lejana. Propicio siempre a toda obra generosa y filantrópica, no hubo nunca a su lado desgracia que no socorriera y en la lucha por  la libertad, en  los días de revuelta, nunca sintió flaqueza para apoyar la obra redentora.
Dice que no cree nada mejor para los pueblos que intensificar su cultura, y en  párrafos vibrantes loa la educación popular que puede ser la garantía de una Humanidad más justa. Agrega que el problema de España es un problema de educación, sencillamente pedagógico. Por el descuido de la cultura mayor parte de los españoles no aman como debieran la  Patria ni se sacrifican por ella.
En párrafos bellísimos analiza el concepto de Patria para deducir que existe un sentimiento intimo y puro que se mantiene inmaculado sobre las catástrofes y todas las desgracias que azoten a los pueblos.
Termina diciendo:
Trabajad, pues, porque los niños amen la escuela y el estudio arraigue en ellos el sentimiento de ser hombres conscientes, no solo por los suyos, sino por España».
Una ovación estruendosa cerró el bellísimo discurso, recibiendo don Melquiades Álvarez muchas felicitaciones de todos.

Don Leonardo Ruiz, leyó después una poesía en honor del homenajeado.

El regreso

Cerca de las siete de la tarde regresaron los excursionistas, después de despedirse de don Marcelino González, que ha recibido pruebas inequívocas de admiración y afecto.
El diario La Prensa también se hizo eco del homenaje

[1]Alberto de Lera. Nacido en Oviedo en 1864,  fue uno de los personajes más importantes de la masonería en Asturias. Tuvo responsabilidades como Venerable Maestro de la Logia Jovellanos desde 1915 hasta 1923, ambos inclusive, a partir de este último año será nombrado Gran Maestre de la Regional del Noroeste del Gran Oriente Español, cargo que desarrollará hasta la fecha de su muerte el 3 de Octubre de 1932. También fue el gran muñidor del reformismo de Melquiades Álvarez en Asturias, y bajo su mano los militantes reformistas y melquiadistas se incardinaron en las logias asturianas. (Fuente: Masonería enAsturias.)