viernes, 6 de abril de 2012

Tareas de pueblo

Foto: Franco
Mayando en la Quintanona a principios del siglo pasado
Por la izda.: 3º.- Isidro el Villar, 6ª Encarnación, 7ª con pañoleta negra,  Amparo, 16º.- José Valle, 22ª con la piñera Fausta (Abuela de Franco)
Foto: Quique el de Sola
Merienda de trabajo: Atrás, de pié, por la izda. Brígida, Ana y Maruja Sama y Raul de la Barrera. Sentados, por la izda. Manolo Pedro, Marcelo “el manco”, Luis “del Tambor”, Claudio, Milio Chilo, Manolo el Caseiro, Vidal y Abelardo de los Veneros y el padre de Quique Margallo.

Foto: Raul
Entre el trigo, por la izda. Ana Luz de Chilín, Alsina de la Bernadal, Esther de Chilín, Raul, Jesús “el cubano”, ¿?, Brígida y Vidal.

Foto: Lola
Xestaferia en la Plana. Año 1918. Por la dcha: 1-Ramón Sama, 2- ¿?, 3-¿?, 4- Leonardo, padre de Alfredo el Barbero, 5- Napoleón el enterrador, 6- Fero Bernabé, 7- Severo Visita, padre de Avelino , 8-¿?.

Foto: Pili
Xestaferia: Arriba por la izda. Manolo, el de Oliva Margallo, Pepe Margallo, un hijo de José de los Veneros y José de los Veneros. Abajo, por la izda. un Caminero, Pepe Pinto y Pepe Vitoriano.

Foto :Elma
Isabel, la madre de Elma y su primo Rafael cabruñando´l gadañu

Foto: Rosa del Pinal
En el Pinalón, sacando las vacas al prao, Angel y Telva

Foto: Sol
Marcela Monteagudo en el patio de la casa Corujedo en Monterrey


Foto: J.J. Rodríguez Navia
América Suarez y su marido Florentino Suárez con Aquilino Fina apastando las vacas. Año 1948

Foto: Pulido
Apastando la vaca en la Veiga la niña Mª Rosa de Villa América vigilada por Luisa, la madre de Julita la de Aquilino Fina

Foto: Amada
 Catando la vaca, Amada “la Molinera” y su hija Mari

Foto: Sonia
Sierra Manolón  xunciendo las vacas

Foto: Jorge de la Cebedal
Manolo de la barrera guiando la pareja de  vacas

Foto:  Hijos de Pepe Marina
Guiando el carro, frente a la Arquera, Sabino Pepón y subido en la yerba Perez. Año 1930

Foto: Gloria
En el carro, por la izda. Antonio de la Bernadal, Severiano y Gonzalo de Carrocero. Asoma la cabeza, detrás de las vacas, Tomás

Foto: Alfredo el de Visita
Taro de Carretero y Ángel del Pinalón en el carro

Foto: Eduardo Moure
Los de Sierra Manolón. Por la izda: Carola, Teófilo (un vecino), Sierra, María y Marcela

Foto: Ramón de Pesana
Por la Izda: Josefa el Rucho, Lourdes, Juan Ramón, Sabino, Alberto, detrás Franco

Foto: Rosa del Pinal
De siega Ángel del Pinalón y otros

Foto: Maruja del Paraiso
A la yerba seca, Maruja con una de carrocero, la nuera de Máximo y el padre de Isabel de Rosalia

Foto: Pili
Afilando´l gadañu, Pepe Margallo, al fondo "la casa el Doctor" en la Calea Manrina

Foto: Milio
Milio el de Lala, afilando´l  gadañu en la Viña

Foto Alfredo el de Visita
A la yerba seca en la Llamera. Arriba, por la izda.  Antonio, Eladio, Brígida, Alfredo (el niño), Visita, Tino y Taro; abajo, Santiago, Oliva, Valiente …

Foto: Angeles
“faciendo una vara yerba” en Pumeda, Angeles y Manolo Areces, pisando Luis el Trobanin

Foto: Rosa del Pinal
A la madera, Ángel del Pinalón
 

Foto: Luisín del Caseiro
                     Pepe Carola y, a caballo, Finín



Foto: Pulido
Aquilino Fina con el burrau de segáu
Foto:Pili
Pepe Margallo con el caballo cargau
Foto: Raul
Raul sacando patas en la Barrera

                                                Cabruñando en la Llamera

                                              Atando el carro en Ucedo
Marcelino desfaciendo maíz en Carrocero



domingo, 1 de abril de 2012

La Iglesia (II)

 La Iglesia quemada
Fotografia: Biblioteca Nacional. Fondo fotográfico de la Guerra Civil Española. Asturias
Finalizábamos nuestro anterior artículo sobre la iglesia contando como durante la guerra civil, en agosto de 1936, la iglesia había sido saqueada,  incendiada y su archivo destruido.

Relataba José  Ramón Suárez que Gerarda, su madre, que  en esas fechas vivía en la casa de Saturno, se acordaba de haber visto llegar durante la noche un pequeño  convoy de coches negros de los que se apearon los autores de tan execrables actos. Todos ellos eran forasteros, creía recordar que de la CNT, y la invitaron a retirarse del balcón pues “le convenía más no ver nada”.[1]

Esperanza Tamargo  se acordaba de que “cuando la guerra tiraron abajo las campanas, quemaron las sillas, algunos santos y parte de la cúpula de la iglesia y en la capilla de la Bouza quemaron mobiliario y ropas de los curas junto al carbayo.”.[2] 

Aunque Esperancina sitúa los dos acontecimientos durante la guerra civil, el episodio de la capilla de la Bouza tuvo lugar dos años antes,  durante la revolución de octubre del 34. De ello guardaba imborrable recuerdo Manolo Margallo que, sin haber participado en los hechos, si que sufrió  sus desagradables consecuencias. Se encontraba, junto con otros chavaletes  mirando las llamas cuando llegó la guardia civil y lo detuvo. Bajando por la cuesta Pumeda,  a la altura de un carbayo  que había en la bifurcación que tira hacia la Bernadal, un vecino le dijo a los guardias “menudo pájaro que lleváis”.  Espoleados por el comentario, le fueron pegando culatazos todo el camino hasta llegar a Soto, donde permaneció detenido varios días.
Las cenizas de  la hoguera, junto al carbayo de la Bouza,  sirvieron durante muchos años como superficie acolchada  donde "ganaban la cebada" los burros del pueblo.
           
Obras de Reparación y Conservación[3]

            En los años cuarenta se acometieron las obras de reparación del edificio para subsanar los daños que había sufrido durante la contienda armada.  Las obras abarcaron  prácticamente toda la fisonomía del edificio. Así se acometió la reparación de los arcos, muros y cúpula de la torre, la reposición de la techumbre con tirantes, cabios y ripia de madera de castaño y teja árabe, la reposición del pavimento interior de la nave, pavimento que alternaba la madera en los laterales y la tribuna con la baldosa en el pasillo central,  la reposición, con madera de castaño, de las escaleras de acceso a la torre y  la pavimentación de los pisos también con este tipo de madera, el revestimiento de los interiores con mortero común y enlucido con yeso, el revestido de los exteriores con mortero hidráulico. 
           
Plano del expediente de  las obras de
reconstrucción de la Iglesia
            En esta reparación  la torre se remató con un sencillo tejado de teja árabe, que por cierto nada tenía que ver en su forma con la cúpula  que se proyectaba en el plano que se conserva en el expediente de las obras.  El capitel actual se puso a finales de los años cuarenta. La obra  se encargó a unos contratistas de Soto, los de Claudio de Cotarelo. No les armaba la estructura sobre la que se apoyan las láminas de zinc, zinc que vino de la fábrica de Arnao, y tuvieron que montarla abajo, en la plazoleta del Campón para  luego subirla pieza a pieza.
                 
                Durante la guerra habían tirado las campanas. Una de ellas se rompió y quedó inservible. Recordaba José Ramón haberlas visto al lado de casa Saturno, junto a unos hierros que pudieran ser los mecanismos del reloj. La otra campana se volvió a su sitio hacia el año 1942. La operación no estuvo exenta de riesgos. Inicialmente lo intentaron tirando manualmente con cuerda y roldana. De entre todos los que participaban en la maniobra José Ramón solamente recuerda a Germán del Tiñoso y a mi abuelo Celestino Galán. Cuando la campana había llegado a la altura del reloj, los tiradores ya estaban extenuados por lo que decidieron soltar la cuerda todos a una. Así lo hicieron todos, menos Germán del Tiñoso, que siguió agarrado y se cruzo milagrosamente con la campana a la altura del primer balcón. En el cruce perdió  la boina que quedó clavada en el suelo. Tras este percance, mi abuelo xunció las vacas y, sustituyeron la fuerza humana por la animal, con mejores resultados.

     
            A finales de los años cuarenta se acometieron las obras de reparación de la plaza del Campón, la ampliación del cementerio, obra que se finalizó en el año 1952 y se concluyó la reparación de la iglesia con la apertura de unas ventanas en los laterales, obra que realizaron, entre otros, Saturno y Manolo Maleta. Se acuerda José Ramón de verlos labrando la piedras para los marcos de las ventanas, que venían de la cantera de las Rabias, en un tendejonuco que había debajo de un hórreo en la Póntica.  
                 
            Hacia el año 1957 se sustituyó el pavimento de la nave, que como queda dicho, estaba de tabla en los laterales y  baldosa en el pasillo central,  por el actual y se arrancaron unas losas enormes de piedra que componían parte de la entrada, es decir la  cancela. Estaba entonces de cura D. Valeriano Muñoz y este hecho de la sustitución de aquellas formidables  piedras, que en su día habían sido costeadas con la aportación de 50 pesetas por cada vecino ,  fue tildado por varios vecinos de autentica  salvajada.
           
            Se acuerda José Ramón  de escucharle decir a un vecino de los Veneros que el dinero usado para estas obras había sido recaudado en Cuba para la reconstrucción de la Capilla de los Veneros y que D. Valeriano lo empleó para estas reparaciones.
                         
Altar mayor
            Como ya referimos en una entrada anterior, en el año 1964 se cometió  un acto sacrílego a raíz del cual  se llevaron a cabo una serie de actos de desagravio y aportaciones económicas. Con el dinero recaudado se adquirieron la piedra Lar  y las columnas sobre las que se apoya, el Cristo principal, y  se puso el piso del altar mayor. La piedra del altar se metió usando rollos de madera para transportarla entre veinte o treinta personas que luego, para subir las escaleras, la subieron en peso. Las dos columnas sobre las que va sujeta, aunque iguales en diseño, son desiguales en tamaño. José Ramón fue de los pocos que se percataron de este hecho y se lo hizo saber a D. Gabino que hizo caso omiso.
           
            En el año 1990 se llevaron a cabo nuevas obras de rehabilitación. Corrieron a cargo del constructor de los Cabos, Alberto Morán Fernández,  que poco después pagaría con la vida su gran afición a la práctica del ciclismo. Las  obras se presupuestaron en 5.145.000 pesetas y consistieron en la reparación de  todos los tejados, con reposición de las  maderas que estuviesen en mal estado, y retejado con teja curva roja, la repararon de los canalones de cinc con sus  bajadas, se picaron todas las fachadas del edificio, incluida la torre, se limpió la piedra, se demolió, por estética, un saliente añadido en la parte izquierda de la iglesia, se colocó bordillo señalando los límites de la parcela eclesial, en los cabildos, se demolió la parte alta de ladrillo y se dejó un zócalo de piedra vista, rematado con albardilla de piedra, se reparó la techumbre y se levanto la baldosa hidráulica dejando a la vista las losas que había debajo. Se puso una pieza de madera corrida en todo el frente paralelo a la calle con cinco pies derechos de madera de castaño teñidos con barniz especial para trabajos de antigüedad.
           

Foto: Julio E. Foster

            En el año 2000 se procedió a reparar la cubierta del campanario que había sufrido una serie de desperfectos como consecuencia de las inclemencias meteorológicas. Los trabajos se encargaron a la empresa FAMESA, erradicada en el Alto del Praviano y consistieron en sustituir con chapa de acero galvanizada  las láminas anteriores de cinc que estaban levantadas. El presupuesto de la obra ascendió a 1.276.000 pesetas.  Estos trabajos a punto estuvieron de causar una desgracia a los operarios que los realizaron que, debido a una mala colocación de la grúa que los sostenía a veinte metros de altura, en el interior de una jaula, y rodeados de chapas cortantes, se desplazaron bruscamente unos metros, desde la cúpula del campanario hasta  el centro del Campón,  hasta que el contrapeso de la grúa apoyó en el suelo quedando milagrosamente sujetos.

 Recuerdos de pinturas

            Según Esperancina   en la bóveda del altar mayor  había unas pinturas que recuerda vagamente como unas difusas olas o nubes azules, blancas y agrisadas” No recuerda que hubiese ningún tipo de figura. Estas pinturas desaparecieron  cuando la guerra y  tras la reparación del edificio se volvió a usar este espacio como lienzo, al parecer sin mucha fortuna. El autor de las pinturas fue un yerno de Bilisario Calzón, llamado Justo Potes, casado con Rosalina. A juzgar por los testimonios que de esta obra pictórica pudimos recoger  no le acompañaron las musas en su ejecución. Describen las figuras como  desproporcionadas y de dudoso gusto.   En la actualidad ya no se conservan.


[1] Conversación con Mon de Gerarda el 13 de abril de 2002 Sostenía Mon en esta conversación  la teoría de que inicialmente la torre no era tan alta como lo es en la  actualidad  sino que de los tres tramos que ahora tiene, solo tenía dos, diferenciados claramente del  tercero por  el tipo de piedra; así mientras que los dos primeros tienen piedra roja, sacada  de la cantera de las Rabias, el  tercer cuerpo tiene piedra caliza gris, probablemente traída de la cantera de la Imera. Apoyaba  esta teoría en el hecho de que preguntado en su día  Antón de Carola, que ahora tendría unos 135 años, sobre la fecha de construcción de la Iglesia, éste no sabía responder pero decía que su mujer, unos años mayor que él, se acordaba de haber visto, siendo niña , construir este tercer tramo de la torre. Ello indicaría que  hacia el año 1880 la torre habría sido  recrecida.  Por su parte de los documentos a los que hacía referencia el artículo anterior de Juan Ramón García de Ucedo se habla de una solicitud de principios del otoño de 1803  de el Cura y los Comisionados de los vecinos para  elevar un poco mas la torre de la iglesia, solicitando permiso al Cabildo de Oviedo pero no queda claro, dados los problemas de financiación a que se enfrentó la obra, que dicho aumento se llevase a cabo simultáneamente al  resto de la obra.

[2] Conversación con Esperancina el 22 de diciembre de 2002
[3] Datos extraídos  del Archivo de Curia de la Catedral de Oviedo

lunes, 26 de marzo de 2012

"Algunas anotaciones sobre la enseñanza en Riberas


El autor del artículo en la escuela de Riberas
Artículo escrito por Faustino Secades Granda y publicado en la revista  “Riberas  y sus Gentes” editada en el año 2003 con motivo del bicentenario de la Iglesia  
    
Cuando yo asistí a la escuela de Riberas, en la década de los 50, la manera de impartir la enseñanza y las condiciones en las que se  encontraban las aulas, así como el mobiliario, eran muy distintas a como son en la actualidad.
En aquellos tiempos las deficiencias en los edificios escolares estaban a la orden del día. El mobiliario era anticuado y solía estar carcomido. Cuando llovía era normal que apareciesen goteras. Teníamos dos bombillas de escasa potencia para toda el aula, y como el lateral de la clase que estaba orientado al este recibía poca luz del exterior, en los días oscuros de invierno apenas podíamos leer o escribir. Recuerdo además que había una pequeña estufa alimentada por leña y carbón, con una chimenea lateral que conducía el humo al exterior (aunque no siempre). Estaba colocada en la parte delantera derecha de la clase, y los que teníamos que sentarnos en los bancos que quedaban un poco alejados de ella, pasábamos frío en cantidad.
Como el presupuesto que se destinaba a la limpieza y reparaciones era insuficiente, el propio maestro, los alumnos y algún padre que se prestaba voluntario, tenían que hacerse cargo de las mismas.
En el aspecto pedagógico, un solo maestro tenía que atender a la vez a 40 ó 50 alumnos desde los 6 hasta los 13 ó 14 años. Además, como es lógico, tenía que impartir él mismo todas las asignaturas que componían el temario a desarrollar.
Para poder atender a todos estos alumnos con edades tan heterogéneas, D. Daniel nos dividía en tres grupos: el primero hasta los 70u 8 años. Eran aquellos niños que estaban aprendiendo a leer y escribir. La segunda sección estaba formada por los que tenían entre 8 y 11 años. Y la tercera la componían los mayores de la clase. Luego ponía en práctica lo que llamaba “enseñanza simultánea”. Primero, el maestro atendía a los mayores mientras que los demás estudiaban o copiaban algo. Cuando terminaba con ellos cogía al grupo de  los medianos y mientras tanto, alguno de los alumnos más aventajados del último curso, se encargaba de impartir enseñanzas elementales  a los más chiquitines. Cuando el maestro terminaba con los medianos, se ponía con los pequeños y de esa manera todos avanzaban en mayor o menor medida.
El alumnado estaba separado por sexos. Los niños iban a clase con el maestro y las niñas con la maestra. El absentismo escolar solía ser importante, ya que en bastantes ocasiones algunos niños faltaban a la escuela porque tenían que quedar ayudando en las labores agrícolas o ganaderas.

Josefina la Uz
           Teníamos clase todos los días de la semana, de lunes a sábado, excepto las tardes de los jueves que disfrutábamos de un merecido descanso.
La escuela de ese tiempo se basaba en la autoridad del maestro y en una fuerte disciplina que, en ocasiones, tenía que conseguir con métodos más o menos violentos.
Antidio de la Barrera
El docente y la materia que se impartía eran el centro fundamental de la enseñanza de entonces. El maestro, por lo general, transmitía unos conocimientos sin apenas hacer razonar a los niños. Aquello que ponía la enciclopedia había que aprenderlo tal y como estaba porque sí. A pesar de ello, algunos maestros, esquivaban lo que podían las normas establecidas y explicaban de la mejor manera posible ciertos temas que resultaban comprometidos en aquellos tiempos.
Suso el de Lourdes de Ucedo
Era una enseñanza de tipo memorístico, transmisora de los valores tradicionales, tanto patrióticos como religiosos. El maestro y la maestra iban los  domingos a misa de doce con los niños y con las niñas. Ellos se sentaban en los bancos de la izquierda y ellas en lo de la derecha, pero sin mezclarse.
En la escuela se rezaba al entra y al salir de aula y se entonaban canciones de exaltación patriótica (Cara al Sol, Montañas nevadas, Prietas las filas …)
No todos los niños podían acceder al sistema educativo medio y mucho menos superior, debido a las limitaciones de tipo económico, puesto que las becas existentes en aquellos tiempos, además de ser de escasa cuantía, estaban difíciles de conseguir.
Todo lo que teníamos que aprender se encontraba en el Rayas, las cartillas y los libros de lectura (Glorias Imperiales, etc.), así como en las enciclopedias de Álvarez de 1º,2º y 3º grado. Además a las niñas, la maestra les ponía clases de costura, bordado, etc.
Recuerdo que D. Daniel daba mucha importancia  a la caligrafía y a la buena presentación de los trabajos. Además nos aconsejaba que adornásemos con algún dibujo las tareas de cada día.
Tomás
Durante el recreo jugábamos a la peonza, a las canicas, al pañuelo, al juego denominado “cuchillo, tijera, ojo de buey”, al corta-hilos, a la pesca, al escondite, etc. Al fútbol, pocas veces, porque éramos muchos y había muy poco espacio. Además, el sitio donde se podía jugar a la pelota, siempre lo ocupaban los mayores de la clase. En aquel tiempo, en la escuela, nunca teníamos clase de Educación Física.
Debido a las dificultades económicas  que atravesaban muchos hogares, el Ministerio de Educación enviaba a las escuelas paquetes de leche en polvo, así como barras de queso y de mantequilla que se repartían durante el recreo con la finalidad de paliar la deficiencia de calcio entre los escolares.
Ahora voy a añadir una anécdota que me ocurrió a los tres o cuatro día de empezar con 6 años a la escuela:
Era un desapacible día de viento y lluvia, faltaría unos diez o quince minutos  para empezar la sesión de la tarde y, como en el patio cubierto no cabíamos todos, el maestro nos abrió  la puerta del cuarto que hacía de ropero y nos dejó pasar allí a los de primero y segundo. En medio de aquella estancia había un pequeño charco formado por una gotera que filtraba por el tejado. Tres o cuatro niños  de los más pequeños empezamos a pisarlo y a corretear por allí. Cuando Llegó D. Daniel a las dos y media y vio aquello, entró en el aula sin decir nada, nos mandó pasar a todos y nos pusimos a rezar. Luego mandó subir a la tarima a los causantes de tal fechoría. Yo me acerqué el segundo y, como vi que el primero había llevado un azote con la vara en el trasero, me puse en lo peor. Cuando me coloqué a su alcance, nada más hacer contacto la vara con mis nalgas, me oriné todo por las piernas hasta el suelo. Al ver el maestro lo sucedido me dijo: ¡Vaya hombre, primero me encharcas el suelo del ropero y ahora me mojas todo esto! Me marché llorando para el sitio. Pero como D. Daniel veía que no me tranquilizaba, me llamó, me acercó la cabeza a su pecho y me dijo: No sigas llorando que no fue nada. En seguida mando a dos mayores que lo sequen. En realidad, yo no lloraba sólo por el daño que me había hecho la vara en el trasero. Lloraba sobre todo porque tenía miedo que mi padre se enterase y luego…
"Todo lo que teníamos que aprender se encontraba en el Rayas, las cartillas y los libros de lectura (Glorias Imperiales, etc.), así como en las enciclopedias de Álvarez de 1º,2º y 3º grado"
          El dicho popular que había  en aquellos tiempos de “pasar más hambre que un maestro de escuela” era totalmente cierto y como el Ministerio les pagaba tan poco, después de terminar la jornada escolar tenían que pasar horas poniendo clases particulares en las que preparaban a los chavales y a personas mayores por un precio irrisorio. Los pueblos deben de agradecerles siempre a estos maestros la gran labor que desarrollaron a favor de la cultura. Gracias a ellos, muchas personas consiguieron acceder a puestos de trabajo en los que se exigía una determinada preparación y, de ese modo, pudieron abrirse camino en la vida.

"En la escuela se rezaba al entra y al salir de aula
 y se entonaban canciones de exaltación patriótica
Cara al Sol, Montañas nevadas, Prietas las filas …"
            (Pag 482 Enciclopedia Alvarez)
Cuando dejé la escuela de D. Daniel asistí durante casi dos años a clase particular a Soto con D. Joaquín. Luego, él enfermó y entonces fue cuando me incorporé a la Academia que hacía más de una año había empezado a funcionar en Riberas, regida por el cura D. Valeriano. Aquí la enseñanza no estaba tan masificada como en la escuela y era más especializada: cada profesor daba dos o como máximo tres asignaturas. En cuanto al horario, por las mañanas teníamos clases de nueve a una y por las tardes entrábamos a las dos y media y salíamos a las siete y media. A partir de las seis ya no había más clases y el tiempo que nos quedaba lo dedicábamos a estudiar y a hacer los deberes.
Nos daban las notas todos lo meses, pero estas calificaciones sólo tenía carácter informativo para los padres. Académicamente carecían de todo valor, puesto que era una enseñanza libre. Por consiguiente, todos los años, a mediados del mes de junio teníamos que ir a examinarnos al instituto Carreño Miranda de Avilés. En un solo día nos evaluaban de todas las asignaturas que componían el curso y podían caernos preguntas de cualquier tema de cada materia. Para cada examen disponíamos de una hora, durante la cual desarrollábamos las preguntas que nos habían puesto. Cuando llegaba el final de la jornada estábamos agotados, puesto que cada curso se componía de ocho o nueve asignaturas.
Aunque sabía lo poco remunerada que estaba en aquellos tiempos la profesión docente, empezaba a gustarme la enseñanza. Supongo que ello también influiría la admiración que yo sentía por alguna de aquellas personas, debido a la entrega y al buen hacer en su labor. Fue entonces cuando decidí que quería estudiar para maestro.
Debido a problemas económicos, a la falta de alumnos  de fuera de la localidad y a la dificultad para contratar profesorado adecuado, en junio de 1966 cerró sus puertas la Academia. Un año después se inauguraba en Pravia un instituto para toda la comarca.
Alumnos de la Academia de excursión en Tapia de Casariego con D. Valeriano
En septiembre de 1970 los alumnos y  las alumnas de las escuelas de Riberas se incorporaban al Colegio Público Comarcal de Soto del Barco, pues se había puesto de moda la concentración de alumnos en grandes colegios.
Nuevamente en 1979 volvió a funcionar la escuela de la localidad, pero en esta ocasión, solo para acoger a los niños y niñas de ciclo inicial (hasta los ocho años) En estos momentos forma parte del Colegio Rural Agrupado “Bajo Nalón”
En el mes de junio de 1989 se inauguró en el palacio de la Bouza una granja escuela que continúa funcionando en la actualidad.
Al hablar de la enseñanza en Riberas no podemos dejar de mencionar a Julio Lisa, Aurora la de la Llamera y Dorita la de Alfredo el barbero que ponían clases particulares allá por los años 50 y 60. Ellas sólo las daban en sus domicilios, pero Julio, acudía además a las casas que se lo solicitaban.
Ya en la segunda mitad de los años 80, Beatriz la de Arco, también impartía clases particulares en un local situado al lado del bar Paraíso. Los cuatro contribuyeron de manera muy importante a elevar el nivel de conocimientos de las personas que acudían a ellos para recibir sus enseñanzas.
Ya para finalizar decir que, en estos momentos, siento enorme admiración gratitud y respeto hacia algunos de los maestros y profesores que tuve en aquellos tiempos. Por orden cronológico debo citar primero a D. Daniel, en la escuela pública de Riberas y luego a D. Joaquín que daba clases particulares en Soto. Más tarde, de la academia, guardo muy gratos recuerdos de Dª Rosita, D. Luis el de Susana, D. Juan y D. Manolo Canal. Todos ellos demostraron ser excelentes profesionales que jamás escatimaban esfuerzos en su labor educadora, sabiendo siempre compaginar la comprensión y el cariño hacia sus alumnos con la rigidez a la hora de exigir esfuerzo y comportamiento.
Por último, tengo que agradecer a D. Antonio, su perfecto domino de las Matemáticas. El fue que me preparó durante un verano para hacer el ingreso en la Escuela Normal de Magisterio de Oviedo.
Vaya desde aquí para todos ellos, algunos ya fallecidos, mi cariño y recuerdo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Procesiones y eventos religiosos (II)

Cortejos fúnebres por la carretera


Carames, Josefa el Chulo, Pepe el Caseiro, Avelino Pedro, Julio Elisa ...
Foto: Lola Pesana
Preside D.Sergio, sujetan el palio, Julio Naval, Pepe Sama....
Foto: Julio Naval
Foto: Hijo de Siso
Foto: Brígida de la LLamera
Foto: María José de los Campones


Foto: Juanín de la Llamera

Pili del campón, Pepin de Marina, Pepe La Roza ...
Foto: Hijos de Pepe Marina


Milio la Calea, Coté, Eliseo ...
Foto: Esperanza Tamargo

Foto: Manolita de la Uz

Foto: Juanin de la Llamera

Foto: Luisin del Caseiro
Frente a la capilla de la Bouza, Zoila Teovaldo, Pilarina de Josefa Valiente ...
Foto:Hijos de Pepe Marina

Cumpliendo una promesa tras la Guerra Civil
Foto: Hijos de Pepe Marina
Angelinos la de Mero,  Bernardina de Oliva Margayo  ...
Foto: Ramón de Pesana
Portan el "bollu" Pepin de Vitoria y Campin. El niño del centro, Pepin de Marina
a la dcha. Eliseo, a la izda. Pepin de Oliva (niño), Lolo de esperanza el Burro,
el nene de Pesana, Pin de Oliva  y Marcelo el Manco
Foto: Hijos de Pepe Marina

Margarita ,  Lidia ...
Foto: Ramón de Pesana
Foto: Hija de Amor

Foto: Cancho
Foto: Cancho
Foto: Tomás de la Bernadal