domingo, 21 de octubre de 2012

Retratos


Infante con sus padres Federico y Mª del Carmen
Foto: Hermosinda

Anita, la madre de Julin de Lin
Foto: Julin de Lin

Foto: Angelinos de la Cebedal

Foto: Casa Castaño (de Ucedo)

Angel Carreño
Foto: Maria José (La Tamarga)

Doña Concha
Foto: María José (La Tamarga)

Lola Gutierrez (Hija de Dª Concha)
Foto: Casa Castaño (de Ucedo)

Rosa Sanchez de Labra
Foto: Casa Castaño (de Ucedo)

Reverso del retrato de Rosa Sanchez de Labra

Esperanza Martínez González (Tía abuela de Franco)
Foto: Casa Franco (de Cotollano)

Foto: Casa Franco (de Cotollano)

Foto: Casa Franco (de Cotollano)
Foto: Casa Franco (de Cotollano)
 
Foto: Casa Franco (de Cotollano)


Foto: Casa Franco (de Cotollano)

Manolin el Caseiro
Foto: Casa Franco (de Cotollano)

Foto: Hermosinda de Ucedo

El padre de María Socorro
Foto: Maxi (Casa María Socorro)

María Socorro
Foto: Maxi (Casa María Socorro)

Socorro (madre de María Socorro)
Foto: Maxi (Casa María Socorro)

Foto: Lourdes de Ucedo

Foto: Lourdes de Ucedo

Hermosinda del Molín
Foto: Hermosinda

María Elisa (Hna. de Julio Elisa y madre de Abel...)
Foto: Angelinos de la Cebedal

Reverso del retrato de María Elisa

Manolo de la Barrera y Emilio de la LLamera
Foto: Juanín de la LLamera

Basilisa Alonso, mujer de José Fernández Corujedo
Foto: Casa Corujedo

Isabel, tía de la Nena de Corujedo
Foto: Casa Corujedo

José Fernández Corujedo
Foto: Casa Corujedo




 Eulalia Alvarez Prieto, segunda esposa de Marcelino González
Foto: Dorita la del Barbero

Foto: Nieves Guardado

Enrique Guardado
Foto: Nieves Guardado

Reverso del retrato de Enrique Guardado

Luis del Tambor
Foto: Rosa Mari la de Amor

Mari Persi
Foto: Ines del Rosico

Foto: Jorge de la Cebedal

Manolo de la Barrera
Foto: Jorge de la Cebedal

Silvino de la Bernadal
Foto: Jorge de la Cebedal

Manuel Antonio Galán García (1898-1936)
Foto: Casa Galán

Reverso de la Foto de Manuel Antonio Galán

José Galán Arias (1859-1936) y Ramira García González ( 1866-1933)
Foto: Casa Galán

Carmen Menéndez Cuervo (1896-1950)  y Celestino  Galán García (1889-1972)
Foto: Casa Galán

Tino Galán Menéndez (1921-1946)
Foto: Casa Galán

Marcelino González
Foto: Casa "las Nenitas"

Alfonso del Paraiso y Aquilino Tamargo
Foto: Maruja del Paraiso

Marcela de la Cebedal
Foto: Hijos de Pepe Marina

Foto: Casa Carvajal

Foto: Dorita del Barbero

Alfredo el Barbero
Foto: Dorita del Barbero

Foto: Elma

Faustina Tamargo
Foto: Maribel de Arco

Aquilino Tamargo
Foto: Pulido

América del Molín
Foto: Casa Carvajal

América del Molin
Foto: Casa Carvajal

Hermano de Angel del Pinalón
Foto: Rosa de la Barrera



domingo, 14 de octubre de 2012

La huella de los indianos




“A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, unos 100.000 asturianos abandonaron sus hogares para ir a buscar, más allá del mar, las oportunidades de trabajo o las perspectivas de bienestar que su país les negaba; la mayoría (probablemente 4 de cada 5) se dirigieron a Cuba, y el resto dividió sus preferencias entre Argentina, México, Puerto Rico y otras soñadas tierras prometidas del Nuevo Mundo.”
 
(Francisco Erice. Prólogo del libro “El viaje de los emigrantes asturianos a América” [1])

Riberas no fue ajena a ese éxodo migratorio hacia “las Américas”, fenómeno que dejó una imborrable huella en  la historia de Asturias. Si bien ya se había iniciado en  el siglo XVI  y continúa en las primeras décadas del XX, es durante el siglo XIX cuando alcanza su máxima intensidad. La superpoblación del campo asturiano, las malas cosechas, la mitificación y atracción que ejercía Cuba, una  forma de librarse de las Quintas y, entre las familias más acomodadas, una oportunidad para  que sus hijos “hiciesen  carrera” constituyen los principales factores que incidieron en la decisión de iniciar la aventura de ultramar:

De todos los que iniciaron esta aventura  fueron muchos  los fracasados  y muy pocos los que regresaron triunfadores.  De los primeros, la mayoría no consiguieron el dinero suficiente para regresar y tuvieron que recurrir a sociedades benéficas, instituidas a tal fin, para que les costeasen el viaje de vuelta.  A los segundos se les conoció con el término  indiano oamericano” usado para designar al emigrante que regresaba tras haber hecho fortuna en  América, del que popularmente se decía que había “hecho las américas”.
“[…] a  hacer las Américas… Algunos, los menos, regresarían como indianos, con trajes blancos y llamativas camisas floreadas, con corbatas de colores chillones y zapatos calados, con higas deslumbrantes, sacando pecho y mirando de arriba abajo a sus paisanos, con ganas de hacer obras iglesias, escuelas, hospitales que inmortalizasen su memoria en los pueblos y aldeas de que antaño dejaron atrás, con sus casas miserables y un porvenir que nunca tendrían; muchos volverían más pobres de lo que fueron, reventados de trabajar a destajo para no sacar nada en limpio; y otros no volverían”[2]

Cuenta Gaspar Melchor de Jovellanos como “los que regresaban adinerados  tenían buen cuidado en airear su triunfo invirtiendo en tierras, en las que construían una gran casa que pregonase su triunfo.” El periodo de máxima intensidad de este retorno  fue entre 1870 y 1930, y su principal manifestación lo constituye la suntuosidad de los  edificios,  de aire exótico, que  se distribuyen por toda la geografía asturiana. En nuestro pueblo, tenemos varios ejemplos de esta,  genéricamente,  llamada  “arquitectura indiana”: [3]


Villa América”, vistosa mansión  con elementos característicos del estilo montañés como la irregularidad geométrica de la planta, el porche columnado, precedido de escalinata, las ventanas de medio punto, la azotea, la torre incorporada y la buhardilla,   fue construida en 1930 por D. Leoncio Suárez, quién ordenó pintar en el hall la bandera republicana, con anterioridad a la instauración de la II república, el 14 de abril, dato este reflejado en la revista “El Progreso de Asturias”. Curiosamente esta casa pasó a conocerse tras la Guerra Civil con el nombre de “La Falange” por haber servido sus dependencias de cuartel a las tropas franquistas;

Vistahermosa”, construida sobre una casa anterior en los años veinte por  el indiano Luís González, es una amplia casa de tres pisos, en la que destaca una magnífica galería acristalada en uno de sus laterales, y adornados los otros con balcones y  corredores. Tiene un curioso palomar abuhardillado, de planta cuadrada y,  lo que fue una casa de caseros y ahora se utiliza como garaje. Está rodeada de un amplio jardín franqueado por un muro de piedra que lo separa de la vía del ferrocarril por un lado y de la carrerea AS-16 por otro.

Vistahermosa, fue, como indica su nombre, una casa edificada para disfrutar del paisaje: el alto edificio, situado en la entrada del pueblo de Riberas, aparte de una magnífica galería tiene una terraza y tres balcones.
Fue construida por el cubano Luis González en los años veinte, para alojar a su familia cuando venía a pasar temporadas en su añorada tierra. Después de la prematura muerte de éste, su esposa, Doña Dolores, se casó en segundas nupcias  con un cuñado suyo, Don Jesús, también instalado en la Habana, donde el padre de los hermanos González, había fundado un almacén, El Baratillo.
Los hermanos, como la mayoría de los indianos, se sentían muy identificados con su tierra y con el pueblo: Cuando venían aquí, a Riberas, lo primero que hacían era ponerse las alpargatas que llevaba la gente del pueblo”, comenta Emma Pérez Sama, hija de un sobrino segundo de los González, quien de joven trabajó en  “El Baratillo”.
”Cuando Papá marchó a Cuba con ellos, no tenía más que 14 años, y no dejaba de llorar porque quería estar con su madre…” No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los asturianos que embarcaron hacia América fueron niños de entre 14 y 14 años.
Como buenos indianos, los González hicieron edificar las escuelas de Riberas, y no dejaron de pensar en las necesidades de sus antiguos convecinos y familiares: ”Durante la Guerra Civil, nada más liberarse Asturias, me llegó un traje de lino de Cuba”, recuerda Emma.
Vistahermosa, que originalmente estaba pintada de un rojo inglés, con los marcos de madera  y la galería de un verde botella, se vendió a terceros, al quedarse los hijos de Doña Dolores, en la otra orilla del Atlántico. [4]


Villa Pilar” construida en el año 1890, donde además que la casa  destaca un  exótico y pintoresco cenador :


Casa Sama, casa-tienda resultado de la reforma efectuada por Ramón  Sama (hermano de Celestina) en una vieja vivienda que amplió para dedicarla a establecimiento público, cambiando su fachada original por otra más pintoresca con aires de chalet alpino.


Además de estas, existen otras edificaciones de finales del XIX y principios del XX de las que con independencia de si el capital que las financió provenía de ultramar o pertenecía a la burguesía local, si que en su estructura se diferencian claramente del resto de edificaciones del pueblo. Todas ellas se podían clasificar dentro del estilo  indiano autóctono o vernáculo, (También “Vista Hermosa” se englobaría dentro de  este estilo) caracterizado  por el volumen prismático único, de base cuadrada o rectangular, con gruesos muros portantes, de fachadas austeras, solamente rotas por un leve resalte de las esquinas  de piedra vista y  a veces por la línea divisoria entre los pisos, cubiertas con teja árabe, a dos aguas si la base es acusadamente rectangular y a cuatro si es cuadrada, con aleros de madera o en algunos casos de hiladas escalonadas de tejas invertidas; a este volumen único principal se le adosan volúmenes secundarios en forma de galerías, buhardillas y corredores

 Dentro de este grupo citaremos en la carretera, la Casa de las Mulatas,  que  luego fue  el bar de Pepe Marina y más tarde de Jesús. Fue derribada por un camión. Casa Marina Cándida, del año 1896,  y en  cuyas escaleras de entrada aparece grabado el nombre de su  promotor, Evaristo Martínez, presenta prácticamente todos los elementos antes descritos: de planta cuadrada tiene sótano dos pisos y buhardilla, galería acristalada, sorprendentemente orientada al norte, línea divisoria entre pisos y alero de tejas invertidas.  

“Evaristo Martínez, republicano de Salmerón, anticlerical y defensor de la libertad, quien incluso apoyó en Cuba a los ñáñigos, en pro de una independencia  ya en 1892; padeció del dengue y se vino para España, con buenos recuerdos, un guacamayo, algunas perras y un machete con el mango tallado, que le regaló Maceo en agradecimiento a su colaboración y que junto con otras cosas, desapareció de la casa durante la Guerra Civil. En Riberas, encontró a una paisana guapetona y oronda, llamada Cándida, se casó, levantó una casa de tres plantas, con solana y galería, plantó una palmera y una magnolia y se dedicó a la placentera vida de vivir de las rentas, las tierras y los montes.”
(“Algunos claros en el viejo camino del bosque” Carlos Rodríguez- Navia)



Casa Socorro, del año 1900, que fue tienda, bar, fonda y salón de baile, salón que todavía se conserva, aunque en  precario estado en el segundo piso. Esta casa-fonda  era el alojamiento elegido por los “americanos” que regresaban “ricos”. Como anécdota que refleja el retorno de estos nuevos ricos, dicen que José Alonso, relataba entre carcajadas, que se hospedó en esta casa a su retorno de la Habana,  época en que fumaba los cigarros en billetes y la dueña, Socorro, lo llamaba Don José Alonso; A medida que iban disminuyendo sus caudales pasó a llamarlo José Alonso, después José y finalmente lo echó a la calle. 
Casa Belisario y casa Benigno Suárez
Casa Belisario, del año 1918 que también fue bar y tienda;  Casa Regina, que había sido construida por sus abuelos Benigno Suárez y Nicolasa González (hermana de Marcelino González):



“En aquellos primeros años del siglo XX, D. Marcelino y su mujer se dedicaron a echar raíces materiales en Asturias, la tierra que les había visto nacer y en la que se disponían a vivir desde entonces otra vez. Ambos acudían con frecuencia a Riberas, donde seguía viviendo su hermana Nicolasa con Benigno su marido, también regresado de Cuba, y que estaba enfermo del corazón, lo que le impedía vivir en la casa de Monterrey en la que habían nacido sus hijos, porque para acceder a ella era preciso subir una fuerte pendiente. Esto le llevó al matrimonio a construirse una casa en la carretera, que discurre al mismo nivel del río, en la parte baja del pueblo. Y en esa casa moriría D. Benigno, con su corazón agotado en 1906, siendo todavía un hombre joven.”

(“Marcelino González García”. Juan Gómez Y Gz. de la Buelga)
 
 En Ucedo,  Casa Dª Clotilde, Casa de Dª Concha (ahora de Castaño)  y la Casa de Dª Nicanora (ahora de Jardón 


Detalle del portillo con las iniciales
del promotor y el año de la construcción

En la Quintanona, la casa de Manuel Alonso (de Pilo), La Belilla, la Arquera y la casa Corujedo, del año 1861 construida por José Fernández-Corujedo:


“José poseía la famosa tienda de la Calle de la Muralla, la calle más comercial de La Habana, en pleno centro histórico de La Habana Vieja. Dicha tienda se denominaba Corugedo Hermanos. había regresado a España, y había cedido la tienda a su hermano menor, cuyo nombre parece que era Manuel, alrededor de 1860. Entre 1872 y 1875, la tienda tiene la denominación de Corugedo y García. En 1875 cambia de denominación, por la de García Corugedo Hermanos.
Regresa a España alrededor de 1860 con más de cuarenta años, y se va a casar con Basilisa Alonso de San Julián, natural de Muros de Pravia, que apenas tiene diecinueve. Es ya un indiano muy acomodado, que según las historias familiares se construye una casa en Riberas, cuya fecha de construcción es de 1861.  Unos años más tarde hace levantar, a su costa, una fuente que regala al pueblo y que está fechada en 1865. Tiene a su primer hijo, Ángel, en ese año de 1867. Adquiere un patache de 85 toneladas llamado Angel 3º. Y tenemos notas como la que sigue, donde se indica que disponía en el Banco de Oviedo de los mayores depósitos de valores y en 1871, tenía 504.000 pesetas. Esta cantidad equivale a más de 3 millones de euros actuales depositados en el banco.
Muere en Riberas el 21 de julio de 1893.[5]

En la Plana, la Pación construida por Marcelino, un hermano de D. Sergio. En Pumeda la ya desaparecida casa Serafín, que contaba en la finca con otra construcción emblemática de los indianos, el Casino. Casa Brígida en la Barrera.  Casa de Dª Soledad en Tras la Cuesta. El Palacio de la Bouza,  de 1860 , del que  nos ocuparemos en otro lugar.
Casa de "Doña Soledad" en Tras la Cuesta
Ahora convertida en Casa de Aldea. Foto: El Molin.es

Los “indianos” no sólo contribuyeron al cambio de la fisonomía del pueblo con la construcción  de sus ostentosas casas señoriales sino que también lo hicieron a través de otras obras de carácter  más altruista y uso público.  Así, fue con capital indiano con el que se acometió la reconstrucción de la Iglesia tras los desperfectos sufridos durante la guerra civil. Las  fuente de la Xana, en Tras la Cuesta  y la fuente de la Espidiella en la Riestra  fueron construidas, como rezan sus inscripciones, a expensas de Rafael Manso y Leoncio Suárez la primera y José Fernández- Corujedo  la segunda. Y, la que constituye la obra filantrópica más importante, a la vez que un interesante ejemplar de la arquitectura escolar indiana: la Escuela.


[1] Juan Carlos de la Madrid Álvarez. “El viaje de los emigrantes asturianos a América” Gijón 1989
[2] Revista Otra Realidad. Artículo “Hacer las américas” Fuente: http://www.otrarealidad.net/noticias
[3] Covadonga Álvarez Quintana. “Indianos y Arquitectura en Asturias” Gijón 1991. La mayoría de las descripciones de los elementos arquitectónicos estan sacadas de este libro.
[4] Eduardo Mencos, Anneli Bojstad . “La gran aventura de los indianos”. Fundación Hidroeléctrica del Cantábrico 1998. Pag 86
[5]Cita sacada del Blog “loscorujedoderiberas

sábado, 6 de octubre de 2012

Carmina Labra

Carmen Labra en el Miraveche
Foto: Juanjo Rodríguez-Navia. Año 1948
En Ucedo, en “casa de Doña  Clotilde”, pasó largas etapas de su vida Carmen Labra. Su madre, Rosa Sánchez González  (Rosita), hija de Valentín Sánchez y de una hermana de Doña Clotilde, fue acogida por ésta al quedar huérfana de madre. Doña Clotilde también se haría cargo de la crianza de María Muñiz, hija de su otra hermana, Adela, y madre del poeta Ángel González[1].

Casa de Labra en Ucedo
Fuente: Inventario de Patrimonio Arqueológico de Asturias. año 1997
Escritora, militante del Partido Comunista[2], compañera de poetas y escritores, fue una importante figura de la lucha antifranquista y de la Transición. Así la recordaba el  periodista y escritor Pedro García Rico  en un artículo publicado con motivo de su muerte en el año 1995[3]:

“Carmen Labra era,  para los políticos de la izquierda y para los escritores de todos los colores, familiarmente Carmina. De raigambre asturiana −Abuli, Riberas de Pravia-Oviedo− Carmina era nieta de Rafael María de Labra. Se sabe lo que este personaje significó en la política y el derecho de la moderna historia española: periodista en La discusión, La Democracia, La revista hispanoamericana y El correo de Ultramar, catedrático en la Institución Libre de Enseñanza, diputado por Infiesto en las Cortes de 1871, en pleno sexenio liberal, republicano en la restauración, defendió desde su juventud la autonomía de las Antillas y la abolición de la esclavitud, aspiraciones que vio cumplidas, aunque tras el Desastre, no quiso volver a Cuba. Escribió más de ciento cincuenta libros en los que expuso con brillantez sus ideas sobre política y derecho, y representó a España en el Tribunal Internacional de la Haya. Carmen Labra, que conservaba,  con devoción, sus libros y papeles, los donó hace unos años a la Biblioteca de la Habana.

Salón familiar de la Casa de Labra en Riberas
Fuente: Inventario de Patrimonio Arqueológico de Asturias. año 1997


Carmina se formó en la tradición y el ejemplo de Labra y del republicano Augusto Barcia, el político de Vegadeo casado con una de las hijas del libertador de esclavos, embajador y ministro de Estado de la República en 1936,  y luego en el gobierno del exilio. Ella entró en la política en 1961 (en la política clandestina, claro) y desde entonces estuvo en la primera fila hasta la consolidación de la democracia. Fue militante activa, corriendo los mayores riesgos, entregándose por entero y con coraje a cuanto se le encomendaba en la lucha antifranquista. Pueden testimoniarlo Santiago Carrillo y Jorge Semprún, Romero Marín y Simón Sánchez Montero: la prensa clandestina, la ayuda a los presos, el albergue de comités, la protección a los militantes…, Un concienzudo y riguroso trabajo anónimo que nunca reflejaran los papeles.


En la foto Mino Pancho y su hija Hermosinda mostrando 
 la casa de Carmina Labra, de la que eran caseros
¿Cómo olvidar su presencia en el mundo literario? De prima de Ángel González − tal era su parentesco con nuestro gran poeta − pasó enseguida a ser la compañera de escritores de dos generaciones. Contribuyó como ninguno, al respaldo de poetas y novelistas sociales, como se llamó, con escasa precisión, a los que convirtieron su obra en arma cargada de futuro, según las inolvidables palabras de Gabriel Celaya. Presentaciones, homenajes, conferencias, todo acto cultural que tuviera un significado cívico-literario contó con su apoyo decidido. Estoy seguro de que nunca la olvidarán Juan Marsé, Armando López Salínas, José Manuel Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo… Muchos han desaparecido: Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Blas de Otero, Manuel Pilares,  José Anillo, Juan García Hortelano. Carmina figuró en este tejido de relaciones, consciente del papel que todos desempeñaban en los años difíciles. Carmina Labra representa una presencia insustituible para entender un largo capítulo de la vida político literaria de toda una época española.

Asistimos a la ceremonia colectiva que intenta reconstituir la historia de los dos o tres años que reciben el nombre Transición, con mayúscula, como si fuera la raíz de nuestras libertades, pero se olvida el entramado político sociológico sobre el cual se levantó y cuantos factores, incluido el literario, contribuyeron a su urdimbre. Nunca figuran en los papeles ni transmiten las hondas los nombres de los que construyeron materialmente su sólido cimiento. El de Carmina fue uno de ellos”

La Voz de Asturias. Jueves, 30 de noviembre de 1995
En otra nota necrológica publicada en el País, el periodista y escritor Juan Cruz Ruiz  define  a Carmina como compañera[4]:

La defensa de esta novela de Juan Marsé 
 le costó a Carmina Labra una bofetada
 de un miembro del Partido comunista
“Si de Carmina Labra, muerta anteayer en Madrid cuando quizá no tuviera 70 años, debiera decirse algo que la definiera completamente, habría que llamarla compañera. Fue compañera de la izquierda; oyente y compañera de la radio, de la radio de la madrugada -era para ella la radio de los solitarios-; lectora también de la prensa, rabiosa lectora de la prensa en el franquismo y de la prensa actual, en la democracia que ella creyó imperfecta; compañera de la progresía política cuando ésta aún era inocente; asistente perpetua a todos los actos culturales de Madrid, y compañera, finalmente, de la poesía: prima del poeta Ángel González, le inspiró a éste el poema Alga, entre otros muchos, y fue compañera de recitales y de público con Gabriel Celaya[5], con Caballero Bonald, con García Hortelano, con el propio Ángel González.
En los últimos años, la ausencia de muchos no la había recluido, y fue compañera de nuevo, en recitales y en la vida cotidiana, de los jóvenes poetas que son hoy herederos de todos. Murió, probablemente, escuchando la radio, que fue la única compañera que no la vio cerca.
A su entierro acudieron todos los que fueron sus amigos y que aún siguen vivos.”


Carmina Labra, Ángel Gozález Muñiz, Ana Mary Suárez,  Juanjo Rodríguez- Navia y Enrique Suárez
Foto: Juanjo Rodríguez Navia. Año 1948
Este es el poema que Carmina Labra le inspiró a su primo Ángel González:


Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti : paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.

                                               Ángel González. (“Áspero mundo”, 1956 )
___________________________

Augusto Barcia Trelles (Vegadeo,1881- Buenos Aires,1991) Casado con Rita de Labra, tía de Carmina, era Doctor en Derecho y abogado. Fue elegido diputado por el Partido Reformista de Melquiades Álvarez en las Cortes entre 1916 y 1923 Tras el advenimiento de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, se afilia a Acción Republicana, el partido de Manuel Azaña, siendo diputado en las legislaturas de1933 y 1936, y encabezándola en las Cortes de 1935.
Tras la victoria, en febrero de 1936 del Frente Popular es nombrado ministro de Estado en los sucesivos gobiernos de Manuel Azaña, Santiago Casares Quiroga, Diego Martínez Barrio y José Giral, además de actuar por un breve período de dos días (entre el 11 y el 13 de mayo de 1936) como presidente del gobierno tras la dimisión de Manuel Azaña al haber sido elegido presidente de la República
Fue el último presidente de la Comisión de Compras de Armamento en París, cargo que abandonó al saber de la caída de Cataluña en manos franquistas, exiliándose en América. Actuó, ya después del final de la Guerra Civil, como Ministro de Hacienda en los dos primeros gobiernos de la República en el exilio de José Giral .

Rita labra donó en el año 1936 una imagen de Santa Rita a la iglesia de Riberas. Y como curiosidad señalar que fue de las pocas españolas en recuperar las joyas del denominado “Tesoro del Vita”. El Vita era el nombre del barco fletado por Juan Negrín para transportar los objetos incautados por la Caja General de Reparaciones durante la Guerra Civil y otras joyas y objetos de valor de diferente procedencia


El abuelo de Carmen Labra, Rafael María de Labra Cadrana (1840-1918)fue un ideólogo, político  y  republicano, activo antiesclavista y escritor prolífico. Miembro del Ateneo de Madrid, donde muy pronto se dio a conocer gracias a sus facultades como orador. Se inició en el periodismo en El Contemporáneo y en La Discusión. Desde la Revista Hispanoamericana propuso la autonomía de Cuba. Fue gran activista de la Sociedad Abolicionista Española fundada en 1865, siendo presidente del Comité ejecutivo desde 1868 a 1876 en que ocupó la Presidencia de la Sociedad, que se disolvió en 1888, una vez erradicada la esclavitud de las naciones hispánicas. Su antiesclavismo le granjeó grandes enemistades en Cuba, asegurando Miguel Moya (Oradores políticos) que un periódico integrista cubano abrió suscripción para premiar a quien lograse aniquilarle: «Por sacarle los ojos, 100. Por partirle el corazón de una puñalada, 500. Por arrastrarle, 1.000 pesos.». En 1871 fue elegido diputado en Cortes por Infiesto,  sin pertenecer a ningún partido político. Labra logró que la Asamblea Nacional aprobase la Ley de abolición de la esclavitud.
Fue uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza en  1876, de la que fue Rector




Nuestro agradecimiento a Hermosinda Álvarez, de Ucedo, vecina y casera de Carmen Labra, de la que guarda un grato e imborrable recuerdo y a los hermanos Carlos y Juanjo Rodríguez-Navia (hijos de Marina Candida) por la aportación de los artículos y las fotos que ilustran esta entrada
[1] Al paso del poeta Ángel González por Riberas dedicaremos otro breve artículo.
[2] “Carmina militaba en el Partido Comunista y vivía en un piso burgués de la calle Velázquez donde «se sucedieron un sinfín de jaranas amistosas y asambleas subversivas», según Caballero Bonald. Carmina era, además, prima del poeta Ángel González, que la recuerda como «un personaje extraordinario. Tenía muy pocas inhibiciones. Vivió siempre como le dio la gana. Sentía devoción por Jaime y tuvo un lío con él»”. (Dalmau Miguel.  “ Jaime Gil de Biedma”  Editorial Circe Ediciones S.A.  Pag 258 y259) 
[3] Eduardo G.Rico. La Voz de Asturias. Jueves, 30 de noviembre de 1995. “La Despedida de Carmina Labra”
[4] Juan Cruz Ruiz. El País. 28 de noviembre de 1995. “Carmina Labra, Compañera
[5] Gabriel Celaya le dedica un poema a Carmina Labra: “Esta casa / es mi vida y mi sentido / dentro vivo / fuera me siento perdido ... (Poesías Completas 1969 pag 1214)