sábado, 14 de abril de 2012

Arquitectura militar en Riberas

Trincheras en el Trichorio
En septiembre de 1936 las columnas gallegas en su estrategia  de avance para auxiliar a los sublevados que resistían cercados en Oviedo y Gijón,  llegan  al Nalón  y el río pasa a ser desde entonces la nueva línea del frente: El  día 7 la columna del comandante Prado se apodera  de San Esteban de Pravia y de Muros de Nalón, apoyada desde el mar por los bous nacionales artillados, y la de Tejeiro entra en Pravia, tomando las últimas posiciones a bayoneta. Los milicianos que la defendían aguantaron hasta que  escucharon la explosión de la voladura del puente  sobre el Nalón, momento en que se retiraron y se sumaron a las fuerzas que defendían la otra orilla. El 11 las tropas rebeldes se apoderan de las posiciones de Cornellana y Sierra Collera, el 13 La Cabruñana y el 15 Grado. A partir de esa fecha desde Grado hasta la Costa, a lo largo  de 40 kms. en la margen derecha del río, los republicanos establecieron sus posiciones dividiendo la zona en tres sectores : La Costa, el Centro y sector  de Grado
El sector de la costa tenía su centro de operaciones en Soto del Barco y comprendía diversas posiciones desde la Arena hasta Riberas. Defendía este sector el batallón de Cazadores Asturias nº 1, al mando del cual estaba, desde el 17 de septiembre,  el Teniente Inocente Frías, secundado por el teniente Antoñanzas y el alférez Roza.
Con la caída el 21 de agosto de 1936 del  cuartel de Simancas, último reducto de resistencia de los sublevados en  Gijón,  para el bando nacional pierde interés el  forzar el paso del Nalón en la zona costera, con todos los puentes volados, concentrándose , a partir de entonces,  las operaciones en el auxilio de las tropas cercadas en Oviedo , en “romper el cerco de Oviedo”, creando un corredor  por  la carretera  de Grado.
Llegada de las columnas gallegas a los ríos Nalon y
Narcea segun el plano reproducido de la obra  Nueve
meses de guerra en el Norte de Martínez Bande
De esta forma  el frente  del Nalón se estabilizó, quedando inmóvil hasta el final de la guerra en  Asturias. Esto posibilitó  la proliferación de fortificaciones a lo largo de toda la línea del frente, sobre todo en el bando republicano para los que se convirtió en lema lo de “fortificar es vencer”. Los sublevados no le dieron tanta importancia a la construcción de fortificaciones  y de hecho fueron muy pocas las que construyeron.
Tras el fracaso de los dos intentos  republicanos de tomar Oviedo y romper su corredor de comunicación en noviembre del 36 y febrero del 37 la guerra entra  en una fase de guerras de trincheras, golpes de mano y escaramuzas locales y es entonces cuando el  ejército republicano  intensifica la actividad fortificadora.
El 30 de abril de 1937  a través de un decreto procede a la movilización para la fortificación de todos los varones entre 20 y 45 años obligados a realizar 60 horas de trabajo en el plazo de tres meses. Estaban obligados a presentarse con todos los elementos de  trabajo de que dispusiesen bajo la amenaza de ser juzgados por un Tribunal Especial de Guerra.
            Finalmente, cuando se produjo la ofensiva definitiva, el ataque principal se llevó a cabo desde el Oriente, donde no se había  considerando necesario construir fortificaciones. El 21 de octubre de 1937, con la caída de Gijón y Avilés en manos de tropas franquistas, se producía el hundimiento del frente norte y el final de la Guerra Civil en Asturias, iniciada 15 meses antes.
Puente de Pravia destruido
El parte emitido por los vencedores decía:
"El frente asturiano se ha derrumbado hoy ante el empuje de nuestra tropas. El enemigo, derrotado y abandonado por sus cabecillas, entrega las armas a las columnas nacionales en los frentes de Oviedo y del Nalón, en el de Villaviciosa y en el de Infiesto. Las fuerzas rojas se entregan a los vencedores. Columnas nacionales salidas de Pravia y del Escamplero, al compas de otras que avanzan desde Oviedo, se dirigen sobre Avilés y Gijón, ciudades ambas que han quedado ocupadas en el día de hoy por el ejercito nacional. La población en manifestación enorme en las calles, agasaja a nuestros soldados. Con las armas nacionales entra la paz y la justicia en todo el norte de España. El frente ha desaparecido"

Manual editado en 1937 por el Comité Provincial de
Asturias del Partido Comunista de España para
instruir a los combatientes en la construcción de
fortificaciones. Dibujo de Párraga
Fuente: La Guerra Civil en las colecciónes de los Museos de Gijón

En Riberas, salvo un nido de ametralladora que se destruyó en la Cebedal, se conservan todas las obras de fortificación realizadas por el bando republicano durante la guerra civil:

Nido de Tras la Cuesta
Está situado sobre el talud de la caja de la vía de Feve. Se trata de un nido de ametralladoras blindado, con dos troneras. Tiene la entrada retranqueada, en zig-zag. Conserva completa la mesa/soporte para la ametralladora. Muestra varias inscripciones con iniciales y fecha: "Año 1937", "DSP","GLR” y "AS".
 


Detalle de la meseta

Interior con mesta y dos troneras
 
Inscripciones en el interior

Tronera
Las Canteras
En las Canteras, encima de la Bernadal, quedan restos de unos 150 metros de trinchera así como de 2 fosos circulares de unos 8 o 10 metros de diámetro excavados para construir  sendas casamatas  que no se llegaron a finalizar.

Restos de trinchera





Foso circular





La Grandiza
En lo alto de la Grandiza, llegando a la Barrera  hay otros tres fosos circulares, más pequeños que los de las Canteras, de unos 5 metros de diámetro, que tampoco se concluyeron.




El Trichorio
            En el Trichorio quedan restos de tres nidos de ametralladoras y de un refugio, todos ellos unidos por una trinchera que rodea el monte.

1.-Nido mirando hacia el norte, por encima del cementerio
Es un nido de ametralladora blindado, cilíndrico, con dos troneras escalonadas. El acceso se efectúa a través de un pasillo encofrado de ladrillo, en recodo de 90º, de una longitud total de 9,80 metros que presenta un refugio en su pared derecha. En la base de una de las troneras se lee la inscripción "Bon. Trabajadores - 4ª Compañía" y sobre la mesa de la ametralladora, que conserva completa, "RTS".
Acceso interior


Detalle de la meseta


Agujero de ventilación

Pasillo de acceso (Foto: ARAMA)
2.- Nido mirando hacia el este, encima del depósito de agua
Nido de ametralladoras blindado, cilíndrico, con dos troneras sobresalientes en visera. Se llega a su interior a través de una galería encofrada de ladrillo, de unos 10 metros de longitud, con respiraderos en el techo y la entrada acodada, para evitar la entrada de cascos, que desemboca en una escalera. A la derecha de la galería dispone de un refugio. En el exterior presenta la inscripción "2 ? NIDO HECHO 1937"
Troneras con visera
Pasillo interior
Meseta

Entrada

3.- Nido mirando hacia el sur, hacia la Peña, por encima de casa Castaño

Nido de ametralladoras a prueba, con dos troneras. Resulta imposible su acceso porque la entrada fue taponada por uno de los caminos hechos para sacar la madera.
Frontal del nido


Tronera

Mirando hacia la Roza hay un refugio en túnel al que se accede desde una trinchera. Consiste en una galería excavada en tierra de 13 metros de longitud (tres tramos unidos por dos ángulos). Aún se encuentran en su interior restos de madera y clavazón del entibado.
 
 Refugio (foto: ARAMA)


Entrada al refugio (foto: ARAMA)


La Quintanona y la Cebedal
En la Quintanona, por encima de la finca de la Belilla hay otras dos casamatas y un refugio circular. Más arriba, en  la Cebedal hay otro nido de ametralladora. Todas estas construcciones estaban comunicadas por una trinchera que aún se conserva en la mayoría de su recorrido. Además, mirando hacia Cotollano, había otras dos casamatas, una se conserva como bodega  y la otra  se destruyó recientemente por la excavación realizada para la construcción de una vivienda.

Restos de trinchera
1.-Nido circular a prueba con tres troneras salientes en visera. Está muy cubierto de maleza, pero puede accederse al interior a través de la trinchera original. Conserva íntegra la mesa/soporte para la ametralladora, en forma de sector circular con tres alvéolos triangulares. 


Exterior de la troneras con visera

2.-Refugio circular excavado en tierra y con paredes de piedra. Presenta en el centro una columna de ladrillo que en su día serviría de sujeción para la cubierta. Se accedía a el por dos entradas que comunicaban con la trinchera que subía desde la fortificación anterior hacia la siguiente.


3.-Casamata a prueba para arma automática, con dos troneras en visera. La meseta, que conserva, es un sector de circunferencia con dos huecos triangulares.Sobre la misma hay una inscripcion con las letras "UHP". Se accede al nido a través de una trinchera blindada de ladrillo de 12 metros de longitud

UHP "Unios Hermanos Proletarios"


Detalle de una especie de desague interior

Trinchera de ladrillo


4.-Casamata para arma automática a prueba, de tres troneras. Se encuentra en el jardín de un chalet, sobre Cotollano,  en la ladera de la Cebedal y los propietarios del mismo lo emplean como bodega, habiendo construido un añadido a su entrada y cerrado la misma con una puerta metálica
(Foto:ARAMA)

5.- Nido de la Cebedal. Sobre el camino que va desde la Cebedal al sifón del canal se conserva una casamata blindada, para arma automática, de tres troneras. Conserva la meseta para la ametralladora, constitutida por un sector de circunferencia con tres huecos triangulares. El nido tiene abundantes inscripciones: sobre la meseta, BATALLÓN DE TRABAJADORES. 4ª COMPAÑÍA 2-8-1937 E (o C).A.M. DE... ; en otra parte de la meseta, 4ª COMPAÑÍA AÑO 1937 y, en la pared, a lápiz, 1937. AQUÍ ESTUVO PEDRO GONZÁLEZ BLANCO DE ¿PRIES?.


Meseta con inscripciones


Detalle de la inscripción







Fuentes:
 - La Guerra Civil en Asturias. Editorial Prensa Asturiana S.A.U. Oviedo 2006
  - BLOCAO Posiciones defensivas del frente Norte 1936/37. Pagina web de la asociacion ARAMA 36/37 donde se puede encontrar una descripición detallada de todos los restos las fortificaciones esistentes en Asturias relacionadas con la guerra civil.  A su vez para conecer más detalles sobre la tipología de estas forificaciones y del tipo de armas para las que fueron diseñadas existe un interesante artículo en el anuario 2009 de la revista CASAMATA que edita la asociación mencionada.

viernes, 6 de abril de 2012

Tareas de pueblo

Foto: Franco
Mayando en la Quintanona a principios del siglo pasado
Por la izda.: 3º.- Isidro el Villar, 6ª Encarnación, 7ª con pañoleta negra,  Amparo, 16º.- José Valle, 22ª con la piñera Fausta (Abuela de Franco)
Foto: Quique el de Sola
Merienda de trabajo: Atrás, de pié, por la izda. Brígida, Ana y Maruja Sama y Raul de la Barrera. Sentados, por la izda. Manolo Pedro, Marcelo “el manco”, Luis “del Tambor”, Claudio, Milio Chilo, Manolo el Caseiro, Vidal y Abelardo de los Veneros y el padre de Quique Margallo.

Foto: Raul
Entre el trigo, por la izda. Ana Luz de Chilín, Alsina de la Bernadal, Esther de Chilín, Raul, Jesús “el cubano”, ¿?, Brígida y Vidal.

Foto: Lola
Xestaferia en la Plana. Año 1918. Por la dcha: 1-Ramón Sama, 2- ¿?, 3-¿?, 4- Leonardo, padre de Alfredo el Barbero, 5- Napoleón el enterrador, 6- Fero Bernabé, 7- Severo Visita, padre de Avelino , 8-¿?.

Foto: Pili
Xestaferia: Arriba por la izda. Manolo, el de Oliva Margallo, Pepe Margallo, un hijo de José de los Veneros y José de los Veneros. Abajo, por la izda. un Caminero, Pepe Pinto y Pepe Vitoriano.

Foto :Elma
Isabel, la madre de Elma y su primo Rafael cabruñando´l gadañu

Foto: Rosa del Pinal
En el Pinalón, sacando las vacas al prao, Angel y Telva

Foto: Sol
Marcela Monteagudo en el patio de la casa Corujedo en Monterrey


Foto: J.J. Rodríguez Navia
América Suarez y su marido Florentino Suárez con Aquilino Fina apastando las vacas. Año 1948

Foto: Pulido
Apastando la vaca en la Veiga la niña Mª Rosa de Villa América vigilada por Luisa, la madre de Julita la de Aquilino Fina

Foto: Amada
 Catando la vaca, Amada “la Molinera” y su hija Mari

Foto: Sonia
Sierra Manolón  xunciendo las vacas

Foto: Jorge de la Cebedal
Manolo de la barrera guiando la pareja de  vacas

Foto:  Hijos de Pepe Marina
Guiando el carro, frente a la Arquera, Sabino Pepón y subido en la yerba Perez. Año 1930

Foto: Gloria
En el carro, por la izda. Antonio de la Bernadal, Severiano y Gonzalo de Carrocero. Asoma la cabeza, detrás de las vacas, Tomás

Foto: Alfredo el de Visita
Taro de Carretero y Ángel del Pinalón en el carro

Foto: Eduardo Moure
Los de Sierra Manolón. Por la izda: Carola, Teófilo (un vecino), Sierra, María y Marcela

Foto: Ramón de Pesana
Por la Izda: Josefa el Rucho, Lourdes, Juan Ramón, Sabino, Alberto, detrás Franco

Foto: Rosa del Pinal
De siega Ángel del Pinalón y otros

Foto: Maruja del Paraiso
A la yerba seca, Maruja con una de carrocero, la nuera de Máximo y el padre de Isabel de Rosalia

Foto: Pili
Afilando´l gadañu, Pepe Margallo, al fondo "la casa el Doctor" en la Calea Manrina

Foto: Milio
Milio el de Lala, afilando´l  gadañu en la Viña

Foto Alfredo el de Visita
A la yerba seca en la Llamera. Arriba, por la izda.  Antonio, Eladio, Brígida, Alfredo (el niño), Visita, Tino y Taro; abajo, Santiago, Oliva, Valiente …

Foto: Angeles
“faciendo una vara yerba” en Pumeda, Angeles y Manolo Areces, pisando Luis el Trobanin

Foto: Rosa del Pinal
A la madera, Ángel del Pinalón
 

Foto: Luisín del Caseiro
                     Pepe Carola y, a caballo, Finín



Foto: Pulido
Aquilino Fina con el burrau de segáu
Foto:Pili
Pepe Margallo con el caballo cargau
Foto: Raul
Raul sacando patas en la Barrera

                                                Cabruñando en la Llamera

                                              Atando el carro en Ucedo
Marcelino desfaciendo maíz en Carrocero



domingo, 1 de abril de 2012

La Iglesia (II)

 La Iglesia quemada
Fotografia: Biblioteca Nacional. Fondo fotográfico de la Guerra Civil Española. Asturias
Finalizábamos nuestro anterior artículo sobre la iglesia contando como durante la guerra civil, en agosto de 1936, la iglesia había sido saqueada,  incendiada y su archivo destruido.

Relataba José  Ramón Suárez que Gerarda, su madre, que  en esas fechas vivía en la casa de Saturno, se acordaba de haber visto llegar durante la noche un pequeño  convoy de coches negros de los que se apearon los autores de tan execrables actos. Todos ellos eran forasteros, creía recordar que de la CNT, y la invitaron a retirarse del balcón pues “le convenía más no ver nada”.[1]

Esperanza Tamargo  se acordaba de que “cuando la guerra tiraron abajo las campanas, quemaron las sillas, algunos santos y parte de la cúpula de la iglesia y en la capilla de la Bouza quemaron mobiliario y ropas de los curas junto al carbayo.”.[2] 

Aunque Esperancina sitúa los dos acontecimientos durante la guerra civil, el episodio de la capilla de la Bouza tuvo lugar dos años antes,  durante la revolución de octubre del 34. De ello guardaba imborrable recuerdo Manolo Margallo que, sin haber participado en los hechos, si que sufrió  sus desagradables consecuencias. Se encontraba, junto con otros chavaletes  mirando las llamas cuando llegó la guardia civil y lo detuvo. Bajando por la cuesta Pumeda,  a la altura de un carbayo  que había en la bifurcación que tira hacia la Bernadal, un vecino le dijo a los guardias “menudo pájaro que lleváis”.  Espoleados por el comentario, le fueron pegando culatazos todo el camino hasta llegar a Soto, donde permaneció detenido varios días.
Las cenizas de  la hoguera, junto al carbayo de la Bouza,  sirvieron durante muchos años como superficie acolchada  donde "ganaban la cebada" los burros del pueblo.
           
Obras de Reparación y Conservación[3]

            En los años cuarenta se acometieron las obras de reparación del edificio para subsanar los daños que había sufrido durante la contienda armada.  Las obras abarcaron  prácticamente toda la fisonomía del edificio. Así se acometió la reparación de los arcos, muros y cúpula de la torre, la reposición de la techumbre con tirantes, cabios y ripia de madera de castaño y teja árabe, la reposición del pavimento interior de la nave, pavimento que alternaba la madera en los laterales y la tribuna con la baldosa en el pasillo central,  la reposición, con madera de castaño, de las escaleras de acceso a la torre y  la pavimentación de los pisos también con este tipo de madera, el revestimiento de los interiores con mortero común y enlucido con yeso, el revestido de los exteriores con mortero hidráulico. 
           
Plano del expediente de  las obras de
reconstrucción de la Iglesia
            En esta reparación  la torre se remató con un sencillo tejado de teja árabe, que por cierto nada tenía que ver en su forma con la cúpula  que se proyectaba en el plano que se conserva en el expediente de las obras.  El capitel actual se puso a finales de los años cuarenta. La obra  se encargó a unos contratistas de Soto, los de Claudio de Cotarelo. No les armaba la estructura sobre la que se apoyan las láminas de zinc, zinc que vino de la fábrica de Arnao, y tuvieron que montarla abajo, en la plazoleta del Campón para  luego subirla pieza a pieza.
                 
                Durante la guerra habían tirado las campanas. Una de ellas se rompió y quedó inservible. Recordaba José Ramón haberlas visto al lado de casa Saturno, junto a unos hierros que pudieran ser los mecanismos del reloj. La otra campana se volvió a su sitio hacia el año 1942. La operación no estuvo exenta de riesgos. Inicialmente lo intentaron tirando manualmente con cuerda y roldana. De entre todos los que participaban en la maniobra José Ramón solamente recuerda a Germán del Tiñoso y a mi abuelo Celestino Galán. Cuando la campana había llegado a la altura del reloj, los tiradores ya estaban extenuados por lo que decidieron soltar la cuerda todos a una. Así lo hicieron todos, menos Germán del Tiñoso, que siguió agarrado y se cruzo milagrosamente con la campana a la altura del primer balcón. En el cruce perdió  la boina que quedó clavada en el suelo. Tras este percance, mi abuelo xunció las vacas y, sustituyeron la fuerza humana por la animal, con mejores resultados.

     
            A finales de los años cuarenta se acometieron las obras de reparación de la plaza del Campón, la ampliación del cementerio, obra que se finalizó en el año 1952 y se concluyó la reparación de la iglesia con la apertura de unas ventanas en los laterales, obra que realizaron, entre otros, Saturno y Manolo Maleta. Se acuerda José Ramón de verlos labrando la piedras para los marcos de las ventanas, que venían de la cantera de las Rabias, en un tendejonuco que había debajo de un hórreo en la Póntica.  
                 
            Hacia el año 1957 se sustituyó el pavimento de la nave, que como queda dicho, estaba de tabla en los laterales y  baldosa en el pasillo central,  por el actual y se arrancaron unas losas enormes de piedra que componían parte de la entrada, es decir la  cancela. Estaba entonces de cura D. Valeriano Muñoz y este hecho de la sustitución de aquellas formidables  piedras, que en su día habían sido costeadas con la aportación de 50 pesetas por cada vecino ,  fue tildado por varios vecinos de autentica  salvajada.
           
            Se acuerda José Ramón  de escucharle decir a un vecino de los Veneros que el dinero usado para estas obras había sido recaudado en Cuba para la reconstrucción de la Capilla de los Veneros y que D. Valeriano lo empleó para estas reparaciones.
                         
Altar mayor
            Como ya referimos en una entrada anterior, en el año 1964 se cometió  un acto sacrílego a raíz del cual  se llevaron a cabo una serie de actos de desagravio y aportaciones económicas. Con el dinero recaudado se adquirieron la piedra Lar  y las columnas sobre las que se apoya, el Cristo principal, y  se puso el piso del altar mayor. La piedra del altar se metió usando rollos de madera para transportarla entre veinte o treinta personas que luego, para subir las escaleras, la subieron en peso. Las dos columnas sobre las que va sujeta, aunque iguales en diseño, son desiguales en tamaño. José Ramón fue de los pocos que se percataron de este hecho y se lo hizo saber a D. Gabino que hizo caso omiso.
           
            En el año 1990 se llevaron a cabo nuevas obras de rehabilitación. Corrieron a cargo del constructor de los Cabos, Alberto Morán Fernández,  que poco después pagaría con la vida su gran afición a la práctica del ciclismo. Las  obras se presupuestaron en 5.145.000 pesetas y consistieron en la reparación de  todos los tejados, con reposición de las  maderas que estuviesen en mal estado, y retejado con teja curva roja, la repararon de los canalones de cinc con sus  bajadas, se picaron todas las fachadas del edificio, incluida la torre, se limpió la piedra, se demolió, por estética, un saliente añadido en la parte izquierda de la iglesia, se colocó bordillo señalando los límites de la parcela eclesial, en los cabildos, se demolió la parte alta de ladrillo y se dejó un zócalo de piedra vista, rematado con albardilla de piedra, se reparó la techumbre y se levanto la baldosa hidráulica dejando a la vista las losas que había debajo. Se puso una pieza de madera corrida en todo el frente paralelo a la calle con cinco pies derechos de madera de castaño teñidos con barniz especial para trabajos de antigüedad.
           

Foto: Julio E. Foster

            En el año 2000 se procedió a reparar la cubierta del campanario que había sufrido una serie de desperfectos como consecuencia de las inclemencias meteorológicas. Los trabajos se encargaron a la empresa FAMESA, erradicada en el Alto del Praviano y consistieron en sustituir con chapa de acero galvanizada  las láminas anteriores de cinc que estaban levantadas. El presupuesto de la obra ascendió a 1.276.000 pesetas.  Estos trabajos a punto estuvieron de causar una desgracia a los operarios que los realizaron que, debido a una mala colocación de la grúa que los sostenía a veinte metros de altura, en el interior de una jaula, y rodeados de chapas cortantes, se desplazaron bruscamente unos metros, desde la cúpula del campanario hasta  el centro del Campón,  hasta que el contrapeso de la grúa apoyó en el suelo quedando milagrosamente sujetos.

 Recuerdos de pinturas

            Según Esperancina   en la bóveda del altar mayor  había unas pinturas que recuerda vagamente como unas difusas olas o nubes azules, blancas y agrisadas” No recuerda que hubiese ningún tipo de figura. Estas pinturas desaparecieron  cuando la guerra y  tras la reparación del edificio se volvió a usar este espacio como lienzo, al parecer sin mucha fortuna. El autor de las pinturas fue un yerno de Bilisario Calzón, llamado Justo Potes, casado con Rosalina. A juzgar por los testimonios que de esta obra pictórica pudimos recoger  no le acompañaron las musas en su ejecución. Describen las figuras como  desproporcionadas y de dudoso gusto.   En la actualidad ya no se conservan.


[1] Conversación con Mon de Gerarda el 13 de abril de 2002 Sostenía Mon en esta conversación  la teoría de que inicialmente la torre no era tan alta como lo es en la  actualidad  sino que de los tres tramos que ahora tiene, solo tenía dos, diferenciados claramente del  tercero por  el tipo de piedra; así mientras que los dos primeros tienen piedra roja, sacada  de la cantera de las Rabias, el  tercer cuerpo tiene piedra caliza gris, probablemente traída de la cantera de la Imera. Apoyaba  esta teoría en el hecho de que preguntado en su día  Antón de Carola, que ahora tendría unos 135 años, sobre la fecha de construcción de la Iglesia, éste no sabía responder pero decía que su mujer, unos años mayor que él, se acordaba de haber visto, siendo niña , construir este tercer tramo de la torre. Ello indicaría que  hacia el año 1880 la torre habría sido  recrecida.  Por su parte de los documentos a los que hacía referencia el artículo anterior de Juan Ramón García de Ucedo se habla de una solicitud de principios del otoño de 1803  de el Cura y los Comisionados de los vecinos para  elevar un poco mas la torre de la iglesia, solicitando permiso al Cabildo de Oviedo pero no queda claro, dados los problemas de financiación a que se enfrentó la obra, que dicho aumento se llevase a cabo simultáneamente al  resto de la obra.

[2] Conversación con Esperancina el 22 de diciembre de 2002
[3] Datos extraídos  del Archivo de Curia de la Catedral de Oviedo