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| El cementerio viejo |
El cementerio que ahora conocemos como “Cementerio Viejo” y cuyas paredes perimetrales todavía se pueden ver en la falda del Trichorio fue construido en el año 1834. Las obras corrieron a cargo del Ayuntamiento de Pravia, que dando cumplimiento a una Real Orden de 13 de Febrero de ese año y a repetidas circulares del Gobernador Civil de la provincia, relativas a la pronta construcción de cementerios, nombró comisionados para la construcción de los de las parroquias de Soto Del Barco, La Corrada, Bances y Riberas.
En Riberas se nombró como Comisionado al Licenciado D. José María Menéndez Bances, encargado de fijar el emplazamiento, adjudicar la ejecución de las obras y velar por la buena consecución de las mismas.
Desde un principio el proceso se vio envuelto en la polémica. Así, a la hora de ubicar las obras, choca el Comisionado con la obstinación del Párroco y dos vecinos por él nombrados para el señalamiento del lugar, porque tras serles rechazada una primera vez su propuesta de emplazarlo pegado a la Iglesia Parroquial, en medio de la mayor población, por ser ello contrario a las normas, volvieron a proponerlo, por segunda vez, como el lugar idóneo.
Ante esta vicisitud opta el Comisionado, apoyado por una porción de vecinos y por el Alcalde de la Hermandad, por señalar el lugar fuera de la población “ en terreno bien ventilado, llamado el Trichorio sin que diste mucho de la Iglesia Parroquial, conciliándose en este lugar los objetivos de hacer la obra con el menor costo posible, con la comodidad de los vecinos y sin faltar al derecho vigente sobre la construcción de cementerios”.
Así queda fijado en un oficio de 2 de agosto de 1934 y el día 10 se finsó y amojonó con estacas el terreno. Salvado este primer tropiezo, se procede a sacar a remate las obras. El día 8 de agosto se publican las condiciones que han de regir el remate:
1ª.- Se ha de hacer en el termino del Trichorio en donde está estacado y señalado por el comisionado del Ayuntamiento de Pravia.
2ª.- Ha de tener un hueco de veintiséis varas a una mano y doce a otra.
3ª.- Se ha de hacer por debajo un paredón fuerte y a satisfacción, y lo mismo por los dos lados, hasta que busque el pavimento en nivel con el terreno y pared de la banda de arriba.
4ª.- Por la banda del nordeste ha de llevar en el medio una Puerta de Canto labrado de nueve pies de alto y cinco de ancho, llevando sobre ella un techo que tenga una vara de ala a cada lado y una cruz encima.
5ª.- Para subir a dicha puerta se ha de hacer una rambla con un paredón por la banda de abajo para que con mayor comodidad se pueda subir con los cadáveres ha dicho Campo Santo, teniendo dicha rambla y paredón el largo necesario para el mayor descanso de la bajada y subida.
6ª.- Concluidas las tres paredes, hasta estar en el nivel de la pared de arriba se levantará sobre el paredón de abajo otra pared de diez cuartas de alto y lo mismo por las demás de alrededor a excepción de lo que toma la puerta, que debe levantar lo que queda dicho atrás.
7ª.- Las paredes todas han de se hechas con cal y arena, con el ancho correspondiente según su altura.
8ª.- La saca de piedra y relleno del Campo Santo irá de cuenta y riesgo del rematante y caso de que los vecinos lo quisiesen hacer por separado quedará al arbitrio de ellos la tal elección.
9ª.- Que las paredes la de abajo ha de tener hasta el medio ---- de ancho, entendiéndose hasta medio nivel y el otro medio tendrá dos y medio y los de más de dos metros de altura tendrán por --------- ancho todas en redondo.
10ª.- El cementerio se ha de dar por concluido en el termino de dos meses y medio en inteligencia que transcurrido dicho termino sin verificarlo se procederá al apremio y con todo rigor se procederá contra el rematista o rematistas y se proveerán operarios en numero suficiente para que lo hagan a su costa.
El 17 de agosto se adjudicó la ejecución de las obras a D. José García de la Plana, mayor, D. José García, menor, D. José María de la Cebedal y D. José Pulido Arcos, todos ellos vecinos de Riberas en la cantidad de “DOS MIL OCHOCIENTOS DUCADOS”, a los que se les obliga, en garantía de la buena y pronta ejecución de las obras a firmar una obligación aunque en papel simple, por la que afianzaban durante un año el importe de la obra y en la que firmaban como testigos D. Indalecio García, Don Antonio Carvajal y D. Nicolás Alonso.
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| Auto de 4 de septiembre de 1834 |
Las obras comenzaron de inmediato, pero el día 31 de agosto el Comisionado, que las visitaba a diario, dejaba constancia de la paralización de los trabajos en un auto que decía así:
“D. José Pulido Arcos y más rematistas del Cementerio de Riveras han paralizado la construcción de aquél, sin embargo de los frecuentes avisos y recados que por el que provee se les han dado para la prosecución de dicha obra, y próxima conclusión de la misma; hágaseles saber formalmente, continúen sin levantar mano en la construcción de dicho cementerio en el apercibimiento de que no lo haciendo daré parte oficial al Ayuntamiento de Pravia para que les combine y precise a ello por los medios rigurosos que tenga por más oportunos.”
Después de varias notificaciones de apremio y en vistas de que las obras no se reanudaban, el 17 de septiembre se les notificó el siguiente auto:
“Mediante a que los Rematistas del Cementerio de Riveras no han dado principio a la prosecución en la construcción del mismo sin embargo de haber sido apremiados por el que provee, hágaseles saber que si dentro del perentorio termino del segundo día no diesen principio a dicha obra se nombrarán operarios prácticos, e inteligentes que a consta de sus bienes dieren concluido dicho cementerio con la circunstancia, que hasta hallarse este finalizado me mantengo de apremio. Proveido por mi el Comisionado en Peñaullán y septiembre diez y siete de ochocientos treinta y cuatro”.
Bajo estas amenazas el 20 de septiembre se reanudan los trabajos, pero con sólo tres operarios, a los que el Comisionado considera insuficientes por lo que previene a D. José García, uno de los rematistas que de no “contratar” más personal, el Comisionado lo hará a su costa. Tras varias notificaciones de apremio el aumento en el número de operarios no se constata hasta el 9 de octubre.
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| Restos de nichos |
Finalmente el 12 de febrero de 1835 D. José Pulido Arcos, en representación de los rematistas comunica al Ayuntamiento la finalización de las obras solicitando el reconocimiento y recepción de las mismas a la mayor brevedad posible. El 20 de octubre el Ayuntamiento nombra como perito encargado de reconocer las obras a D. Antonio Blanco, Maestro Cantero y vecino de Pravia quien tras el examen de las obras, el 12 de marzo dictamina que
“Examinado el cementerio con la mayor escrupulosidad y detención, no puedo menos que decir que se halla fabricado con bastante seguridad y decencia al fiarse de la buena piedra y cal que la constituye; de manera que al presente no ofrece la más pequeña dificultad su aprobación. El Ayuntamiento podrá estimarlo así si lo tiene por conveniente. Si perjuicio de que los rematistas queden sujetos a su reposición si alguna quiebra tuviese lugar en el termino de un año; y además terraplenarle suficientemente por la parte superior para que puedan sepultarse según corresponda los cadáveres ya que en la actualidad por dicha parte de arriba carece de una porción de tierra. También es preciso que los rematistas demuelan una peña que se haya por la parte de afuera para evitar que acaso los perros se introduzcan en él mediante la altura que sobresale a la pared del mismo”
En base a este informe se dieron por recepcionadas las obras del cementerio por parte del Ayuntamiento pero no acabaron aquí las polémicas con él relacionadas, pues el Sr. Comisionado D. José María Menéndez Bances, reclamó del Ayuntamiento o en su defecto de los rematistas mancomunadamente, el pago de seiscientos cuarenta maravedíes en concepto de dietas o de los daños y perjuicios que le fueron ocasionados por el retraso en la ejecución de los trabajos, y de setenta y dos maravedíes para sufragar los honorarios del escribano D. Francisco Hidalgo García y del perito D. Antonio Blanco; a lo que el Consistorio se negó alegando que
“La obligación que confirió el Regidor Bances no pudo tener otro objeto que el desempeñar el deber encomendado a la corporación de hacer construir el Cementerio por los medios legales por lo que este en ningún caso puede ni podrá tener derecho a solicitar dietas . Y en cuanto a los derechos devengados por el escribano no son asunto de este Gobierno Civil sino del tribunal competente”[2]
En este cementerio debió de haber enterramientos durante poco más de 50 años. Anteriormente a la fecha de su construcción estos se hacían dentro de la Iglesia y su entorno. Así varios vecinos recuerdan la aparición de restos humanos durante la realización de las obras de la plaza del Campón en los años 50. Restos que fueron llevados al osario común de cementerio actual. También recordaba Mon de Gerarda la existencia de restos en una dependencia, en forma de cuña, ahora tapiada, en la parte de atrás de la iglesia, en el centro del ábside, a la que se accedía por un pequeño ventanuco, situado a un metro de altura, en donde él y otros niños se escondían a fumar. También nos relaba Mon que los últimos enterramientos en el cementerio viejo datarían de finales del siglo XIX. Las fechas de las lápidas que él llegó a conocer eran de la década de 1890. Le quedaron bien gravadas porque las inscripciones estaban realizadas a base de incrustaciones en el mármol, incrustaciones que servía de molde para letras y números de plomo, letras y números que los niños se dedicaban a levantar.
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| Interior del cementerio |
Actualmente de esta obra sólo quedan las paredes perimetrales del fondo y los laterales, todas ellas amenazando ruina; de la fachada y la puerta no quedan restos. Interiormente mide 27 metros de largo por 11 metros de ancho. No queda ningún nicho ni panteón. Hasta mediados de los años ochenta todavía se podía ver, escondido entre los bardallos, uno a la entrada, que parece ser era propiedad de la antigua familia de la Campa, pero fue derribado por el entonces Cura Párroco de Riberas D. José Manuel G. R. quién se llevó las piedras.
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Placa colocada a la entrada del cementerio con motivo de la inauguración de
las obras de ampliación en al año 1952. Posteriormente alguien quito de la
fecha el 52 y recientemente se escribió en su lugar el 03. |
El cementerio actual data de principios del siglo pasado. Fue bendecido
el 23 de septiembre del año 1900. Así lo comunica al Ayuntamiento el cura párroco
José Rodríguez en un escrito que reza así:
" Debidamente autorizado por nuestro Excmo. e Ilmo. Prelado el día 23 del corriente bendije el nuevo cementerio de esta parroquia, quedando por lo tanto, desde ese momento, en condiciones de hacerse en el los enterramientos.
Tengo la satisfacción de ponerlo en conocimiento de V. para los efectos oportunos.
Dios guarde a V. m. a. Riberas y septiembre de 1900
José Rodríguez"
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Escrito comunicando la bendición del nuevo cementerio (Fuente: Archivo de Soto del Barco) |
La fecha de enterramiento más antigua que se conserva es de
1903.
A tenor de las quejas de las que se hace eco el diario La Correspondencia de España, los vecinos no estuvieron muy de acuerdo con su emplazamiento:
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| La Correspondencia de España , 7 de marzo de 1900 |
En el año
1952 fue objeto de una ampliación. Hasta esa fecha acababa a la altura de la actual capilla. Los terrenos para donde se amplió eran conocidos como el
“prau de Pascua”. La piedra para estas obras de ampliación se extrajo de
la cantera del Texu, en la Grandiza. Se encargaron de los acarreos
Luis del Tambor y
Manolo Pedro y de la dinamita
Manolo Mingón.
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Panteon del año 1913 que, antes de la ampliación, se apoyaba en la tapia del fondo del cementerio
(Foto: Angelinos la de Mero)
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Escrito solicitando al Obispo la bendición de las obras de ampliación
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