viernes, 15 de junio de 2012

De fiesta (I)


En el bar de la fiesta, en la “huerta de Galán” en Pumeda. Entre otros, Luis el del Paraíso (detrás de la barra, de blanco) y Quique el de Imelda (de blanco, sobresaliendo por encima del grupo del gaitero)  Foto: Ismael Peláez

En la Isla. Pepe Galán, Pepe Alonso, Tomás, Campin, Juan Miguel …. Foto: Campin

En el Cristo de Candás: Pepe, Marina, Esperancina, Elma, Jesús el Cubano … Foto Elma

Arriba izda.: 1.- Enrique, 2.-Mercedes (la madre de Faustino el Cojo), 3.- Angelita 5.-Pesana, 6.-Herminia el Chulo.  Abajo izda.: 2.- Marina Ferreiro, 4.-Ester. Foto Julín de Lin

Por la izda.: 1.-German del Tiñoso, 2 y 3.- un hermano y una sobrina de Pepe Sierra, 4.-María Sierra, 5.-sobrino de Pepe Sierra, 6.-Pepe Sierra, 7.-Avelino Pedro, 8.- Oliva Pedro, 9.- Higínia, 10.- Marcela Manolón. Foto: Lola Pesana

Por la izda.: 2.-Luis el del Paraiso, 3.-María Josefa, 4.-Plácido Foto: María Josefa

Foto:  Angelinos , hija de Mero

Manolo la Barrera, Maruja y Ana Sama, Marisol, Silvino, Jesús el cubano, Brígidina, Generosa, Tero y Tina …. Foto: Hijos de Pepe Marina

Foto: Ramón de Pesana

Franco, Campin, los hermanos Carlos y Paulino, … Foto: Esperancina

 Lolo el de Taro, Ismael Peláez, Luis el de Amada ¿los hermanos Jose Antonio y Arturo de Arco? …Foto: Visita

En San Adriano. Arriba izda.: 1.-Plácido, 2.-Elvira, 3.-Rosalino y 4.- Encarna. Abajo izda.: 1.-Sofia Caraxo, 2.-Mª Josefa, 3.- Marisol, 4.- Victoria Foto: María Josefa

Campin, Angel de la Belía… Foto: Angel de la Belía

La hija de Diamar y Nemesio  en los Campones Foto: Alejandro

En la huerta de Galán,  en Pumeda: Dorita, Manolita, Josefina y Elsina. Foto: Dorita

Foto: Inés Pire

La barraca “El Parador” de Pepe Marina. Foto: Hijos de Pepe Marina

En el Fresno en Grado, Carmina, Cándida, Rosa María,  Feli, y Marisa  Foto: Marisa

¿Taro? y María Elena Foto: Visita

Comiendo, en el centro, el marido de Oliva Feliciano, Ana y Maruja Sama, … Foto. Pepe Marina

Juan Miguel, Ismael, ….Foto: Pepin de la Campa


viernes, 8 de junio de 2012

Recuerdos y añoranzas

"La tierra quedaba cubierta de facinas de narvaso , dando la imagen de  campamento indio"
Artículo escrito por Ismael Álvarez Suárez, ex alcalde de Soto del Barco  y publicado en la revista  “Riberas  y sus Gentes” editada en el año 2003 con motivo del bicentenario de la Iglesia [1]

Riberas, bello rincón asturiano, donde la naturaleza fue bondadosa. Verdes prados, hermosos valles y montañas, tus innumerables manantiales y fuentes, la alegría de tus ríos cantarinos, dos muy especialmente: El Trabe y  Ríofuentes.

El Trabe en su recorrido, desde Uxiles, donde nace, pasando por las Rabias, El Bagoño, La Peña y Ucedo, donde se junta al Ríofuentes para formar la Huelga. Las aguas del Trabe ayudaron a que se pusiera en funcionamiento la primera central eléctrica de la comarca, creada para abastecer de energía  a la Llamera de Abajo, barrio pionero este, en que todos sus vecinos contaran con agua potable en sus casas.

El Riofuentes nace en Doñáguila, al que se une un riachuelo que baja desde la Uz y un manantial en Banderas, la fuente de la Barrera y la del Cura. Río curioso por lo silencioso de sus aguas, que rodean parte del cementerio y que transmite la sensación de un homenaje y respeto a los que allí reposan. Y es que nada más alejarse de allí comienza su marcha juguetona y cantarina.

Riberas, pueblo agrícola, forestal, y en otro tiempo, carbonero. Actividades tan florecientes en épocas pasadas, ¿Qué queda de todo aquello?. Queda de todo aquello de lo que la naturaleza le dotó, que no es poco. Pero, a buen seguro que todos añoramos aquellos buenos tiempos, en que Riberas tenía a todos sus hijos en su regazo. Aquellas viejas estampas, dignas de un buen pintor, como la siembra de las patatas, a la hora de la merienda, aquellas parejas de bueyes y vacas, enganchadas al arado, “rumiando” tranquilamente, mientras sus amos y colaboradores daban buena cuenta de una apetitosa tortilla de patata, el vasín de vino y, para terminar, el café.

¡Qué estampas aquellas! En cualquier lugar del pueblo, pero con más impacto en la vega, por ser muchas las parejas que en esos momentos de reposo sólo movían el rabo para espantar las moscas.

¡Como no recordar la época de la recolección de las fabas, desenredándolas de la planta de maíz, por la que trepaban. Burros, caballos y carros, cargados a tope, de tan hermoso, como sabroso manjar, te encontrabas por cualquier lugar del pueblo.

Tierra de fabas en la veiga

¡Cuantas toneladas de fabas salieron de sus tierras! Frutas y hortalizas que se recogían en gran cantidad diariamente. Salían burros con sus canastas cargadas todos los días, la mayoría de ellas para venderse en San Juan de la Arena. La siega y la recogida de la hierba seca, en pleno verano. Y los segadores madrugando para retirarse cuando calentaba el sol. Y, aunque lo que más apetecía era ir a bañarse al río, la obligación mandaba que había que ir a los prados: las mujeres con la pañoleta y el sombrero de paja en la cabeza  y la garabata al hombro; los hombres con la pala y la gorra caída sobre  los ojos; para recogerla y apilarla. Esos días, el paisaje se llenaba de pilas y varas de hierba seca y carros circulando cargados de ella por todas partes, dejando a su paso ese olor tan agradable que desprende cuando está curada.

Cuando la época de recolección del maíz, carros y más carros de panoyas, que apiladas esperaban la hora del esfoyón. . La tierra después quedaba cubierta de facinas de narvaso (lo que queda después de retirarle la panoya), dando la imagen de  campamento indio, por la forma que tenían. Llegada la hora del esfoyón (solía ser al anochecer y duraba hasta altas horas de la madrugada), se deshojaban las panoyas, dejando las hojas necesarias, para luego, con la ayuda de las “pertigas o blimbas” (las que se usan para hacer cestería), hacer las riestras, que luego se colgaba del hórreo o panera para que madurara el maíz
Riestras de maiz colgadas en un horreo de Ucedo
Después de terminar esta tarea, los mozos y mozas, sentados alrededor de la hoja que se había quitado a las panoyas, procedían al juego de la suela, que consistía en pasársela por debajo de las  piernas sin que el que estaba en el centro del corro la pudiera coger. Algo muy difícil, ya que la hoja que tapaba las piernas de los jugadores y jugadoras le impedía verla. El jugador del centro y el que al lado tenía una rapaza de su agrado, trataba de ver la posibilidad que tenía, al correr la suela, de tocar en … zona prohibida, entre bromas y risas. Y así, de esta alegre manera, transcurría el juego.

El esfollon (Foto del  album "Las Bellezas de Asturias" de 1933)
A los pocos días del esfoyón, Riberas gozaba del colorido de las riestras de maíz, un amarillo dorado, lo que daba al pueblo aún más color, si cabe.

Pueblo ganadero, lo que quedó patente en la portada de la Voz de Avilés, en donde aparecía la foto de la Pichona, vaca propiedad de  Manolo “El Caseiro”. Este magnífico ejemplar salió en la prensa al ser vendido un lunes en el marcado de ganado de Carbayedo (Avilés), en una cantidad por aquel entonces desorbitada para los precios que se manejaban en el mercado: 52.000 reales (13.00 pesestas), lo que demuestra la calidad de la ganadería que había por aquel entonces en Riberas.

Esta vaca había nacido en Riberas. Su madre La Linda y su abuela La Pinta, de la que era su fiel retrato. Todas ellas reunían las características de Asturiana de Los valles, sólo les diferenciaba el color. La magnífica cabaña ganadera que aquí había, se la tropezaba uno en cualquier calea o camino del lugar.

"Esos días, el paisaje se llenaba de pilas y varas de hierba seca"
(Varas de hierba en la Campa)
La mayor parte del pueblo es forestal. De sus montes salieron año tras año y siguen saliendo, cantidad de toneladas de madera. la mayor saca de madera salió cuando se taló el Pinalón, varias hectáreas de grandes y viejos robles y castaños. Castaños que en la posguerra sirvieron, con sus castañas, para alimentar a medio Concejo.

La corta de ésta madera nos privó durante dos años de nuestro campo de juego, en el Campón, frente a la iglesia, donde le dábamos patadas a una pelota de trapo y rompíamos las alpargatas “argentinas”.

Día a día basculaban allí, ante nuestra triste mirada, carros y carros de madera. Piezas que ocupaban, una sola de ellas, todo el carro, arrastrado por bueyes. Piquero, Navarro. Alegre, …, guiados por Taro y Pepe Carola.

La mayoría del pueblo, se ocupaba de todas estas faenas, que eran la base de su riqueza. Pueblo alegre como ninguno, la gente cantaba, cuando iba al molín, las mujeres, lavando en el río o en los lavaderos, los que lindiaban las vacas … Así, cuando uno pasaba por delante de un bar ―entonces había varios, ahora sólo queda uno― era raro que, en alguno de ellos, no hubiera alguien cantando. Cantaba todo el mundo, era como el lazo de unión entre los vecinos.

Ejemplo de ello eran las procesiones de Semana Santa. Multitudinarias. Todos cantaban. Y no digamos cuando el Vía Cruces, que ibas desde la Iglesia a la Plana, y vuelta a la misma. Todas aquellas estaciones del Vía Cruces estaban engalanadas y algunas con sobresaliente, como era la que ponían en la Riestra, delante de casa Pesana

Todo el mundo como una sola voz cantaba: “… otra vez el Señor de los cielos, volvió fatigado, el suelo besar…”, o cuando vino la Virgen de Fátima : “… el trece de mayo en Cova de Iría …” Y cuando, en su gira por Asturias, nos visitó La Santina. Aquello fue locura colectiva. La gente cantaba, lloraba, gritaba, reía. Fue algo tan impresionante que quienes vivimos aquellas fechas, no podremos borrarlas jamás de nuestra memoria. Así era Riberas en lo referente a lo católico. Y no menos en lo profano, pues sus fiestas, las de la Patrona, Nuestra Señora, o su Patrón San Blas, estas últimas el 3 de febrero, llenaban los salones de Casa Socorro y Casa Sama hasta reventar.

La carretera entre ambas casas era un tropel de gente, que acudían, unos a pedirle al Santo que les curara la garganta, otros  a por bollinas, y al caer la tarde, al baile.

Tomasín el de Telva, en el centro con Campin (izda) y Mon de Gerarda (dcha)
En un pueblo donde la canción era tan popular sobresalía un niño que cantaba como los ángeles. Sus canciones “Madre cuando voy por leña”, “La Virgen de Covadonga”, “Carretera de Aviles”… o cualquier otra canción seguro que le hubieran hecho ganador de los, ahora tan de moda,  concursos de canción infantiles. Cantaba en cualquier lugar y en cualquier momento. Tal era así, que una vez estaba en el campanario de la iglesia “tocando a muerto”, pues había un entierro y, como siempre, estaba cantando y yo, desde abajo, gritándole: “Tomasín, calla, que te van a oír, que está llegando el entierro”

Tomasín el de Telva” (Tomás Martínez Valle), no podía ser otro. Era algo inigualable. Hoy desde ese coro angelical, del cual, a buen seguro, formarás parte, te recordamos aquellos que contigo jugábamos a la pelota y disfrutábamos tus canciones.

Riberas recibió con los brazos abiertos a todos aquellos que llegaron desde distintas partes de España, con motivo de las obras del canal que lleva el agua del Narcea a Avilés. Para todos ellos hubo el mismo trato que para los de aquí, algo a lo que se hicieron merecedores por su comportamiento.

De todos los que llegaron de fuera de nuestra región, sobresalió uno que por su gracia y simpatía se incrustó en el pueblo como una lapa: Antonio el Andaluz. El se consideraba un ribereño más y así lo hacía constar siempre y en cualquier lugar.

De aquél riberas, superpoblado, hoy sólo queda el recuerdo. Ahora sus buenas gentes son más silenciosas. Quizás más por el nuevo sistema de vida que por la añoranza del pasado. Pero lo que a buen seguro echan en falta es aquella sana alegría que había por todos los rincones del pueblo.

Las tertulias en cada barrio, las partidas a la brisca, al tute o al julepe … que diariamente, al  caer la tarde y terminar la faena, había en los bares. La llegada de la gran industria a la comarca, fue haciendo que los ribereños, poco a poco, fueran fijando su residencia lo más cerca posible del lugar de trabajo , y  el pueblo fue perdiendo población. Hoy pueden verse casas cerradas, fincas abandonadas … algo impensable años atrás.

Había dos líneas regulares de viajeros y el tren y más tarde  la cooperativa Nuestra Señora del Valle. Ésta nació motivada por los horarios existentes en el transporte público: había un solo autobús por la mañana y otro por la tarde. En Ensidesa todavía no había turnos. Había dos jornadas , una de ocho horas y otra de doce. Los que entraban a trabajar a las 9 de la mañana, tenían que ir con los que entraban a las 8 y perdían una hora en Aviles. 

A la izda. Ismael, el autor del artículo, a la dcha Tolo
En el Dakar, donde algunos íbamos a tomar el café y pasar el tiempo, acordamos iniciar los trámites para crear una  cooperativa, y allí redactamos los estatutos. La primera reunión fue en Pravia y a ella sólo acudieron seis personas, lo que nos dejó algo desilusionados. Al domingo siguiente nos reunimos en el Clarin, en Soto, y acudieron veintisiete, lo que nos levantó un poco los ánimos. Así, domingo tras domingo, fuimos trazando el plan para su funcionamiento.

Lo que más tiempo nos llevó fue buscarle nombre, ya que mientras  que los de Pravia proponía el Cristo o Vigen del Valle, los de Soto proponían  San Pedro y los de Riberas Nuestra Señora. Se llegó a un primer acuerdo: El nombre debía de ser femenino, con lo que solo quedaban dos: Virgen del Valle y Nuestra Señora. Finalmente se optó por una solución salomónica: “Nuestra Señora del Valle”

Lo curioso es que la mayoría de los que iniciamos su creación, nunca hicimos uso de ella, dado que al ser el número justo y haber algunas deserciones ― se decía que, como premio, viajaban gratis en las líneas regulares―, tardó unos años en funcionar. Cuando empezaron los turnos en Ensidesa muchos ya habíamos ingresado en la moda del 600.

Con la llegada de la gran industria, también desapareció algo muy emblemático y que significó mucho para este pueblo; algo que en tiempos difíciles, sirvió para que se ganara el pan mucha gente. Eran considerados como la clase social más baja (quién esto escribe, se siente orgulloso de haber pertenecido a ella desde los 14 a los 17 años, compaginando el trabajo de día con las clases nocturnas), eran los carboneros del Nalón.

Carboneros del Nalón.
De pie, con boina, Siso "el barbero"
A los carboneros del Nalón, su trabajo diario, dada su dureza, les forjaba una gran personalidad y una enorme humanidad, que quedó bien reflejada en todos aquellos puestos que desempeñaron después de dejar el río.

Carbonero del Nalón,
esclavo del negro río
que no logró dominarte
ni con riadas ni con frío.

Sin protestar y sin paro
trabajando sin descanso
para ganar a diario
el pan para su rebaño.

Persona de gran talante
portadora de gran tesoro,
el humanismo a raudales
que es valor incalculable.

Duro como la roca
a la fatiga indomable,
sufridor impenitente
por el bienestar de su gente.

Hoy miras con gran cariño
el río que renegaste,
pues valoras con aprecio
la escuela en que te formaste.

Hay nostalgia en tu mirada
cuando miras al Nalón,
el río de tus amores,
y el recuerdo del carbón.

Ni incontables mojaduras
ni tirones a “asgaya”
frenaban tu faena
pues era tu meta obligada.

Carboneros que faenasteis
en aquellas negra aguas,
forjadores de leyenda
que es historia del Concejo.

Carboneros que os fuisteis
de este mundo inhumano,
a ninguno olvidaremos
y con cariño os recordamos


[1] Bicentenario de la Iglesia Parroquial 1803-2003  “Riberas y sus Gentes”. Edita A. C. Coral Nuestra Señora. 2003

martes, 29 de mayo de 2012

El de Santiago y otros caminos

"descendía (el camino)  hasta el lavadero el Cura para subir, por debajo  de la huerta de Venancia  y de Casa Finito hasta la Iglesia."
Quizás resulte atrevido  establecer el paso del Camino de Santiago por Riberas pues como dice Juan Uría Riuparece aventurado fijar un camino por la mera existencia de un hospital u hospedaje, aunque en ellos se hable de peregrinos, pues esta es una voz usada en la Edad Media para todo transeúnte, aunque no fuese precisamente devoto de Santiago y, más adelante : también es peligroso imaginar la existencia de una ruta jacobea dondequiera que se halla noticia del paso de un peregrino de Santiago, pues estos se desviaban con frecuencia de su camino por motivos diversos: los pobres, para pedir limosna o buscando un mejor cobijo, por lo cual las leyes prohibían alejarse de la ruta propia más de cuatro leguas; no es raro el caso de haber perdido el peregrino el camino trazando una vuelta innecesaria.”[1]
Sin embargo sí vamos a exponer una serie de argumentos que dan pié a pensar que, en algunas épocas, Riberas fue  lugar de paso habitual  de los peregrinos.
                        El primer y principal argumento lo constituyen  las referencias a la existencia de un hospital de peregrinos:
                Por un lado en las Respuestas Generales dadas al Real Interrogatorio  del Catastro del Marqués de la Ensenada, del año 1752, en la contestación a la pregunta número 30 sobre  «Si hay Hospitales, de qué calidad, qué Renta tienen, y de que se mantienen» encontramos la siguiente respuesta:
“ai dos hospitales baxo la protección y jurisdicción de el Ordinario, uno con título de San Antonio Abab para ospedaxe de pregrinos y pasaxeros que se mantiene de su renta la que regulan asciende en cada año a doszientos rs. vellón. Otro llamado de Riberas para ospedaxe  también de pobres pasaxeros que regulan tiene de renta en cada un año veinte y siete ducados vellón de que se mantiene.”[2]
                        Por otro lado, en las Respuestas de las parroquias del Principado a la  encuesta realizada por orden del Real Decreto de noviembre del año 1773 con objeto de conocer la población de vagos del Reino, para poder incorporarlos al Real Servicio de Armas, y los fondos que cada parroquia destinaba a obras de carácter benéfico y piadoso,  a la pregunta  sobre número de hospitales se respondía así
En la casa de Gustavo, en el Campón, se conserva el topónimo de "el hospital" 
                 En Santa María de Riberas, un hospital para albergue de peregrinos. Recibía 350 reales, variables según el precio del grano, ya que recibía la renta en esta especie. Se pagaban anualmente 110 reales para mantener la luminaria del Santísimo en la iglesia parroquial, la misma cantidad a un maestro de primeras letras que enseñase a los niños de la parroquia, y con la cantidad sobrante, se daban 10 maravedíes a cada peregrino que pasase hacia Santiago de Compostela[3]
Respuestas al interrogatorio del  Catastro
del Marqués de la Ensenada
Fuente: Archivo Hitórico Provincial
                Los hospitales asturianos del siglo XVIII estaban principalmente orientados a la recogida de pobres peregrinos y transeúntes. Podían ser fundados tanto por eclesiásticos como por laicos.  La fundación exigía disponer de una casa que pudiese acoger a los peregrinos y de algunos bienes con que dotarlo para sufragar los gastos de atención  a los huéspedes. Solían ser de escasa capacidad, los más habituales de tan sólo dos camas. No tenían ninguna característica arquitectónica especial. Solían tener una sala en la que se colocaban los camastros de los peregrinos, de paja o de fueya de maíz la mayoría de las veces, una cocina y una habitación para uso de la hospitalera. El de Riberas es el único  del que haya constancia que diese limosna a los peregrinos.[4]
Otro argumento que nos hace pensar en  Riberas como lugar de paso del camino jacobeo es el hecho de que en la llamada Ruta de la Costa  nunca llegó a establecerse un camino normal y único debido a las dificultades que la orografía de la zona presentaba.
El [camino] de la costa recorría Asturias de este a oeste en un trayecto de 40 leguas. Había que atravesar hasta 31 ríos, muchos de ellos por sus tramos finales, más anchos y peligrosos. […] En todo el camino sólo se contaba con diez puentes y cinco barcas. Un viajero, A. Laborde, escribía que «no era fácil dar idea de los peligros de semejante camino»[5]
                Ello hacía que el camino tuviese multitud de variantes en relación con el lugar por el que se decidiese cruzar el río.  En las mencionadas respuestas al cuestionario del Marques  de la Ensenada aparecen recogidas tres barcas:
“tres barcas de pasaxe sobre el río Nalón, una propia de los vecinos de el lugar de Forcinas desta Parroquia en el que se paga el pasaxe un quarto  de cada persona y dos por cada caballería y regulan su producto en medio rl. de vellón cada día.  Otra sobre dho. río llamada de Peña Ullán en que se paga de pasaxe lo mismo dividida en quarenta y cuatro partes y media, que llaman barquerías, propias de muchas y diferentes personas que no se refieren aquí por evitar prolixidad y resultarán de sus respectivos asientos y regulan a cada barquería de  las en que está dividida dcha. barca ochenta rs. vellón. Otra en el lugar de la Bimera propia de dcho. Dn. Rodrígo Flórez en que se pagan dos mrs. por cada persona y cuatro por cada caballería a la que regulan doszientos rs. vn. en cada un año y que el producir tan corta utilidad dhas. barcas consiste en que ninguna de ellas se halla en calzada Real y pasaxera, que las mantienen por ser prezisas para la comunicación y transito de unas Parroquias a otras por obligación que tienen a ello los lugares donde se hallan quienes tampoco acostumbran cobrar dos. mrs. de pasaxe de los vecinos de el Conzejo[6]
                Sorprendentemente no hace referencia a los otros dos barcos que había más abajo, el del Forno y el del Castillo. El que si nos habla de ellos es Juan Antonio Bances y Valdés:
“Por el barco del Forno, ó por el del Castillo de San Martín pasa el camino Real de la costa, que sigue á Aviles, atravesando la parroquia de Soto; y por estos mismos barcos pasa también el camino Real más frecuentado de Galicia á Oviedo, separándose del de Aviles en la referida parroquia de Soto.”[7]

Bajada a Carrocero desde el Castro. Por lo que era el antiguo camino Real de
Pravia a Aviles ahora transcurre la Ruta del Agua
Por Riberas atravesaba el antiguo camino Real de Pravia a Avilés. Partía del barco de Peñaullán  y, hasta 1763,  seguía por Doña Palla, subía al Castro,  donde se separaba del camino real a Oviedo[8], que desde aquí subía a Fontebona y Ricabo para continuar subiendo hasta un pequeño collado a los pies del monte Coronas, y siguiendo por encima de las casas de la Sierra, al alto de Fonseco, la Roñada …―, descendía, el camino de Avilés, hasta Carrocero y continuaba, por encima de la Llosa de Villapende  hasta Cotollano.

“Tratando de este cuarto de la Meruca en general,, se señalaron las nuevas carreteras Reales que pasan por los términos de las parroquias de la Llera y Doña Palla; la una, que saliendo del Barco de Peñaullán, sigue á Avilés por la orilla del río, y por abajo de los palacios de Doña Palla, entrando en Riveras; y la otra, que apartándose de la primera en Peñaullán, va á Oviedo por la falda de Miraveche, á la de Peñerero y Fontebona. Pero falta advertir para memoria de los que no lo vieron, que antes del año de 1763, el camino real de Aviles iba de Peñaullán á Doña Palla; subía al Castro, bajaba á Carrocero, y luego pasaba á Riveras. El de Oviedo apartábase en el Castro, y tomando la ladera oriental de Aguión , subía á Fontebona. Esto después de mediado el siglo último; pues antes subía por la cuchilla de Aguión, desde el Castro á Fontebona.”[9]
                                                                                                                                                                
“Por este cuarto á orilla de las vegas corre la carretera y camino Real, fabricado á costa de los propios de la bolsa común del Concejo el año de 1798, y llega desde el barco de Peñaullán á la casa de la Bimera; que es de grande comodidad é interés de estas parroquias, especialmente después que se facilitó el mal paso del Tiñoso, trabajando en él algunos años los vecinos de las tres parroquias, y para lo que fui el primero Comisionado por la Justicia y Regimiento el año de 1763. Igualmente parte del barco de Peñaullán y corresponde al puente grande, que allí se intenta hacer, el camino Real que de la Villa de Pravia sigue á Oviedo, por el monte de Mirabeche á lo de Peñero y Fontebona, que también se delineó, desmontó y costeó por la bolsa común el mismo año de 798. El camino de Avilés deja la carretera en Riveras, y por junto á esta iglesia sube á Arenas, baja á la Ferrería, y por los Caluetos entra en Castrillón.”[10]

Subida a Ucedo desde la Peña
Desde Cotollano bajaba a la Quintanona y por el camín de la Vallina a la Peña desde donde, tras atravesar el río Trabe, subía a Ucedo , continuaba por la falda norte del Trichorio,  por el camin del Cementerio Viejo , descendía hasta el lavadero el Cura para subir, por debajo  de la huerta de Venancia  y de Casa Finito hasta la Iglesia. Desde El Campón , por el camín del Barro subía hasta la Barrera y desde aquí hasta Arenas pasando por Doñaila. Para el resto del camino hasta avilés nos remitimos a la descripción que en sus diarios  hace Jovellanos que, el 15 de julio de 1792,    hizo este recorrido en sentido inverso:

[…] Salida a las cuatro de la tarde. Puente de la Merced, y a la derecha las aceñas de Camposagrado. Convento de la Merced, en la parroquia de Sabugo. Entra luego la de San Cristóbal, con una iglesia nueva situada en el alto sobre el mar. Después Quiloño (San Miguel), donde había romería. Al lado derecho también se ve la de San Martín de los Pimientos.[…] río con dos puentecitos; Lugar Llodares. Las Barcenas; todos de Quiloño; entra luego la parroquia de la Corrada en el lugar de la Ferrería y en él acaba el camino de Castrillón y entra el de Pravia. Aquél, con el de Illas, está sujeto a la jurisdicción de Avilés, de forma que el juez de este es como corregidor y juez de alzada de los dos, sin embargo de que en ambos hay ayuntamiento completo y jueces con jurisdicción ordinaria absoluta. Pinar nuevo de Don Manuel (de Llano) Ponte y muchas nuevas caserías del mismo. El lugar de Ponte, solar de esta familia queda a la derecha. Arenas, perteneciente a la parroquia de  Las Riberas, y luego casas pertenecientes a ella. Al doblar la cuesta empieza a aparecer la deliciosa y grande vega de Pravia, con varios senos abiertos por el río entre hermosos y bien cultivados montezuelos. Se ve la villa, capital del concejo, retirada a la otra parte del río, en alto, y corriendo la orilla San Esteban de Muros sobre la ría navegable. De la parte de acá está el lugar de Soto, donde tienen también casa y hacienda los Pontes. Lugar de Las Riberas, hermoso, bien poblado y cultivado. Peñaullán, mala bajada al embarcadero; pásase el barco, y se halla un pedazo de nueva y buena carretera por la cual se sube a la villa. A la izquierda de elle, una fuente llamada la Fontana, con asientos. Noche; llegada a la casa del Busto; buena cena y buena cama.[11]


El camino subía desde el lavadero del Cura hasta la casa de Luisin el del Caseiro
Esta casa se dice que fue parada de postas, En la actual casa de Valiente el de Roque
estarían  las caballerizas . Se acordaba Mon de Gerarda de haber oido que,  en el
local  que hay debajo de la panera,  se había dado escuela..
               La existencia del Hospital, la ubicación de Riberas en el trazado del camino Real de Avilés a Pravia, su proximidad al camino Real de  Pravia a Oviedo y al conocido como camino Real de Galícia a Oviedo que coincidía con el anterior desde Oviedo hasta la Reigada y allí se desviaba hacia Ventanueva, Pulide y la Ferrería para ir a cruzar el Nalón por las barcas del Forno o por el Castillo, hace que no resulte tan extravagante pensar que, algunos de los peregrinos que transitasen por esas vías, tomasen la opción de pasar por Riberas en busca del lugar más apropiado para cruzar el río Grande en dirección a Santiago.
Caminos antiguos por Asturias
Fuente: Pedro Pisa Menéndez



[1]Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela. Luis Vazquez de Parga, José María Lacarra y Juan Uría Ríu. Fondo de Publicaciones Gobierno de Navarra. 1992 (tomo II pags. 9 y 10)
[2] El Concejo de Pravia en el Siglo XVIII. Datos que aporta el Catastro del Marqués de la Ensenada. Celsa Carmen García Valdés. Boletin del Instituto de Estudios Asturianos. Nº 102 (pag 208)
[3] Pobreza y beneficencia en Asturias en la segunda mitad del siglo XVIII. Lidia Anes Fernández. Real Instituto de Estudios Asturianos. 2000.  La cita trascrita corresponde al Archivo Histórico Nacional. Sección de Consejos Suprimidos. Legajo 661, nº 9, folio 56 vto. (pag. 226)
[4] Ibídem (pags. 79  a 90)
[5] Campesinos y artesanos en la Asturias preindustrial. Joaquín Ocampo Suárez Valdés. Silverio Cañada, Editor. 1990 (pag. 265). Hace referencia a la siguiente cita del libro de Alejandro Laborde, escrito en 1816 y traducido en España en 1826 "Itinerario Descriptivo de las Provincias de España" : "Este camino ó ruta costea todas las Asturias del O al E en una extensión de 40 leguas y en parte por la misma orilla del océano Hay que atravesar en él 31 ríos mas o menos caudalosos y por lo regular en sus desagües en el mar de los cuales solo 10 se pasan por puentes 5 en barcas y los demás á vado No es fácil dar una idea de los peligros de semejante camino que no se puede anclar mas que á pie ó á caballo Pero á pesar de sus alturas peligrosas y profundos barrancos se halla á cada paso la riqueza de la vegetación mas fresca y vigorosa Las cimas de las montañas están cubiertas de nieve mientras que sus bases llenas de bosques de rosas y de todas las flores dé la primavera adornan aun durante el invierno aquellos deliciosos valles. Encuéntranse á cada paso aguas limpias y sanos manantiales, cascadas y fuentes y la reunión de tantos objetos agradables encanta al viagero fatigado de la estéril vista de las rocas y de la uniformidad del color que le presenta el océano"
[6] Ibídem nota 2. (Pag 208)
[7] Noticias históricas del Concejo de Pravia. Juan Antonio Bances y Valdés. Boletín de la Real Academia de la Historia. Julio-agosto 1911, tomo LIX, cuadernos I-II (pag. 73)
[8] El antiguo Camino Real de Oviedo a Pravia Pedro Pisa Menéndez. Revista de Obras Públicas. Nº 3364 Abril de 1997 (pag.  80). Este camino estuvo en servicio hasta mediados del siglo XIX. Se identifica con una parte de la vía romana que unía Lucus Asturum (Lugo de Llanera) con Lucus Augusti (Lugo). También es posible que formara parte de un ramal del Camino de Santiago que desde Oviedo se dirigía a Galicia por Pravia.
[9]Ibídem nota 6 (pag. 80)
[10] Ibídem (pag 73)
[11] Gaspar Melchor de Jovellanos. Obras Completas. Tomo VI. Diario 1º.  Instituto Feijoo de Estudios del siglo XVIII. 1994 (pag. 407)